Cinco días perdido entre cocodrilos

El rector del Icesi, Francisco Piedrahita anotó en los recibos de la tarjeta de crédito las memorias de su peligrosa aventura.

Al quinto día, perdido en los inmensos pantanos que forma el río Misisipi antes de encontrarse con el mar, el profesor Francisco Piedrahíta comenzó a sentir los primeros signos de la deshidratación.

La boca seca y pastosa le recordaba a cada minuto que si no mejoraba su estrategia para salir del Parque Nacional Jean Lafitte, a pocos kilómetros de Nueva Orleans (Estados Unidos) pronto estaría derrotado. No podía seguir reduciendo sus movimientos a la distancia que separaba los dos árboles que había llamado “Árbol Uno” y “Árbol Dos” y que constituían su terreno seguro, salvo por los miles de zancudos que intentaban devorarlo.

Sabía que era cuestión de horas para que comenzara a nublarse el pensamiento. Algo imperdonable en ese laberinto verde, a 32ºC de temperatura, conviviendo con una porción de la población de cocodrilos que habitan en el Estado sureño de Luisiana y que asciende a más de un millón.

Sin agua y sin comida

Un hombre puede sobrevivir una semana o un poco más sin beber líquidos. Todo depende de las condiciones que lo rodean. Cuando el volumen de líquidos perdidos es crítico —en condiciones extremas se puede perder 1.5 litros por hora— el cuerpo detiene la sudoración. Una medida extrema para ganar tiempo. Pero sin sudoración, la temperatura corporal aumenta y con menos líquidos el flujo sanguíneo disminuye. Después de cruzar ese umbral, la muerte puede asomarse en cualquier momento. No estaba muy lejos de ese punto el colombiano.

La boca seca hizo que el profesor decidiera en la mañana del 25 de mayo emprender la marcha. Llevaba consigo los recibos de pago de la tarjeta de crédito donde había apuntado las cavilaciones y anécdotas de los cuatro días previos. “Lo más doloroso del caso es no tener contacto con nadie. Esa soledad es horrible”, diría mas tarde. La escritura aliviaba en alguna medida ese malestar.

El avance era lento. Caminaba por una piscina de fango que alcanzaba los 60 centímetros de altura. Su temor no eran sólo los cocodrilos y serpientes. También quedar estancado allí, presa de su propia debilidad. No había comido nada más que unos pocos tallos de plantas.

¿Cuántos días más podría haber sobrevivido sin probar alimentos? Es difícil saberlo con certeza. Mahatma Gandhi sobrevivió 21 días sin comer. Pero eso fue posible gracias a que tomaba agua para hidratarse. El médico Michael Peel reportó en 1997 casos de hombres torturados y sin comida que sobrevivieron en la guerra hasta 40 días. Sin agua y alimentos, un hombre difícilmente sobrevive más allá de 14 días. Al perder 60 a 80 libras del peso corporal, un infarto o la falla de cualquier órgano es la puerta que se abre a la muerte.

Escuchaba carros a lo lejos aunque la maleza era infranqueable. Una hora después de caminar entre ramas y piedras, un helicóptero sobrevoló cerca. El profesor caleño desenfundó la cámara con la que había ido a fotografiar aves silvestres, entre ellas el famoso pato Duckwood. Disparó al aire con el flash encendido. Confiaba en que los destellos alertarían a los rescatistas del helicóptero.

No sabe si fueron los flashes o su propio cuerpo, pero los rescatistas americanos notaron su presencia. En poco minutos, decenas de hombres que hacían parte del gigantesco operativo para buscarlo le estrechaban la mano y celebraban con él el final de la pesadilla en los pantanos de Nueva Orleans.

Una calurosa e inesperada bienvenida que alivió los padecimientos. Desde el West Jefferson Hospital, donde se recupera, contó que nunca pasó por su cabeza tantas personas y tan solidarias buscándolo junto a su familia. “Quedé aterrado con el aparataje que habían montado, máquinas, carros, policías. Un operativo monstruoso”.

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