Colombia, a cuartos en Copa América

Con dos tantos de Radamel Falcao García, el equipo tricolor le ganó a Bolivia (2-0) y terminó primero del Grupo A.

Señoras y señores, pónganse de pie. Colombia es el mejor equipo de Suramérica. Ganó su grupo, ese en el que juega Argentina, nada menos. Venció a Costa Rica y a Bolivia, y estuvo a punto de poner de rodillas al anfitrión. Terminó con la red de Luis Martínez virgen de goles. Se destapó el arco, después de sufrir carencias en la definición. Mostró orden y ratos de buen fútbol. Por eso se ilusionan 46 millones de colombianos de punta a punta del país, desde La Guajira hasta Leticia, en el Amazonas. Pero, atención, todavía no se ha ganado nada. Ahora, en los cuartos de final, la tricolor deberá ratificar el buen rendimiento de la primera fase para sentirse candidato, para construir el sueño de ser campeón, igual que hace una década, cuando de la mano de Francisco Maturana se dio la vuelta olímpica en su propia casa.

Fueron dos goles, merecieron ser tres o cuatro. Porque Colombia llegó y bastante en el segundo tiempo. Con un Radamel Falcao contundente como en la Liga de Europa. Y dejando en el camino a un rival que había complicado a Argentina, uno de esos equipos de menor jerarquía que suelen costarle tanto a la selección nacional. Esta vez no hubo que sufrir tanto. La tricolor le ganó por decantación a Bolivia y se metió en la próxima ronda de la Copa.

¿Cómo pudo haber empatado la selección albiceleste con este combinado boliviano? Esa pregunta se hacían los colegas argentinos en el palco de prensa. Allá ellos y su equipo. La respuesta de cómo fue posible el triunfo de Colombia es bien simple: el combinado nacional es muy superior al del altiplano y al resto de los integrantes del Grupo A. Por disposición táctica y por nombres, sin dudas, es infinitamente más que Bolivia. Y aunque no atacó permanentemente, fue inteligente. A fin de cuentas, esa es la mayor virtud del equipo del Bolillo.

El domingo estuvo oportuno para aprovechar las incongruencias defensivas de su contrincante y efectivo para resolver en el área de enfrente, casi aprobando esa materia que había quedado pendiente en los últimos partidos, más allá del gol ante Costa Rica, el que le valió el triunfo en el bautizo copero.

Les muestra la miel Colombia a sus rivales en los primeros minutos. Los deja venir como abejas al panal. Y cuando las presas se confían, suelta la réplica. Eso pasó en el comienzo, cuando la selección tricolor se agrupó en bloque y le cedió la iniciativa a Bolivia, que nunca supo administrar la pelota, más allá de las buenas intenciones de Juan Carlos Arce, volante del Terek ruso. Hasta que le empezó a dar vuelo Freddy Guarín al juego, bien asociado con Dayro por derecha y Adrián Ramos por la izquierda. Pero al mediocampista del Porto le faltaba el pase justo. Hasta que Moreno, a quien le cuesta correr por los costados, pero es preciso como pocos a la hora de entregar el balón, encontró un hueco en la mitad de la cancha y metió una cuchillada profunda que abrió la defensa boliviana. Radamel Falcao entró al área en soledad, perseguido con desesperación por las camisetas verdes, y definió a un rincón. Golazo y festejo sonoro de los diez mil aficionados colombianos que tapizaron de amarillo, azul y rojo el estadio de Colón de Santa Fe, ese Cementerio de Elefantes en el que, aunque parezca una contradicción, nacieron las ilusiones nacionales.

No se despeinaba Colombia. Porque el circuito de mediocampistas bolivianos no lastimaba y la pelota jamás le llegaba limpia a Marcelo Martins. Y cuando pasaba la línea de volantes, Carlos Sánchez dejaba claro por qué le dicen La Roca. Fuerte, granítico, era una muralla para los hombres conducidos por Gustavo Quinteros. Entonces, ante la inofensiva propuesta en las adyacencias de Luis Martínez y la fragilidad de la última línea que mostraba Bolivia, la selección tricolor tomó el control del juego. Y consiguió el segundo, después de un mamarracho de Christian Vargas y Ronald Raldes, quienes chocaron en la mitad de la cancha y le permitieron a Pablo Armero filtrarse por el andarivel izquierdo al área. Se iba camino al gol, hasta que Amador Santos lo cruzó y el árbitro mexicano Francisco Chacón no dudó. Penal que El Tigre canjeó por gol y le dedicó a David Ospina, el malogrado portero que iba a ser titular y se perdió la Copa América por una fractura en la nariz, producida apenas tres días antes del debut en Jujuy.

Las explosivas escaladas de Armero por la izquierda y las de Camilo Zúñiga por la derecha resultaron fundamentales. En especial las del lateral del Udinese italiano, sumándose a la salida y abasteciendo a Ramos, que perdió el tercero, cuando Armero le puso un centro exacto que el delantero del Hertha Berlín no pudo resolver cara a cara con Carlos Arias. Sí, tres veces se arrimó Colombia al arco del número uno boliviano. Dos veces la mandó a guardar en su red. Y atrás casi no sufrió, más allá de ese tiro libre que ejecutó Jhasmani Campos en el desenlace del primer tiempo y Neco Martínez salvó volando como un águila.

En el segundo tiempo Bolillo administró fuerzas, ya pensando en los cuartos de final. Guardó a Dayro Moreno y le dio pista a Hugo Rodallega. Sacó a Guarín y metió a Juan Guillermo Cuadrado. Y cambió el esquema. Pasó del 4-1-4-1 a un 4-4-2 más audaz. Sánchez se corporizó en doble cinco junto a Abel Aguilar y Cuadrado se recostó por la derecha. Así, Colombia llegó con mayor intensidad al arco de Arias, al margen de sufrir algunas aproximaciones de Bolivia, que nunca le acertó al arco. Ni con Martins, de flojísimo trabajo, ni con Peña Giménez y Joselito Vaca, dos atacantes que perdieron más de lo que ganaron contra la firmeza de Amaranto y Mario Yepes.

Lo tuvo Falcao, pero no llegó a cabecear un envío aéreo de Cuadrado. Pudo hacerlo Cuadrado, pero tardó demasiado en definir después de entrar a pura finta en el área de Arias. Le quedó servido el gol a El Tigre, otra vez. Pero su disparo, desde la medialuna, pasó a centímetros del poste derecho del arquero boliviano. Estuvo muy cerca Rodallega. No obstante, el zapatazo del goleador del Wigan se perdió detrás del arco. El propio Hugol no pudo meterla tras un toque y toque con Armero y Cuadrado en las narices de Arias. Y en el final, también remató cruzado y apenas afuera luego de una corrida casi desde la mitad del campo de juego.

La gente, excitada, pidió a Teófilo Gutiérrez. Sin embargo, Bolillo no le paró bola. Afuera Adrián Ramos, adentro Elkin Soto, para darle mayor control de la pelota a Colombia en el último tramo de un partido que ya estaba liquidado porque Bolivia no lograba hacer dos pases bien. Apenas un remate de Campos que Martínez controló con total seguridad y algún centro poco preciso inquietaron a Neco. Fue muy poco para preocuparse. Casi nada. Colombia nunca puso en riesgo el triunfo y la clasificación a la siguiente ronda.

“Palo, palo, palo, palo bonito, palo, eh… Somos primeros otra vez”, cantaban los aficionados que poblaron las tribunas del Brigadier López. Felices como todos los colombianos que soñaban con la clasificación, pero tal vez  no imaginaban que podían llegar a imponerse en el grupo del local. Por eso la alegría y los aplausos del contorno. La cautela tiene que venir de adentro. A paso lento, pero seguro, como dice el profe, quizá llegue bien lejos.

“Vamos por buen camino”: Falcao

Después de una clasificación soñada como primeros del Grupo A de la Copa América tras superar 2-0 el domingo a Bolivia, los jugadores de la selección de Colombia aseguran que sobrepasar la primera fase apenas fue el primer examen.

Y como lo dijo Radamel Falcao García, quien anotó los dos tantos ante los bolivianos, “queremos seguir ilusionándonos”.

Y añadió: “Estamos felices porque avanzamos de primeros y con un buen rendimiento. Sé que vamos por buen camino”.

Por su parte, el seleccionador Hernán Darío Bolillo Gómez pidió prudencia de cara a la siguiente ronda, en la que enfrentarán al mejor tercero de la Copa: “El equipo puede tener altibajos, está en formación y pido prudencia, tranquilidad”.