Colombia en movimiento 2011-2023

El CEDE de la U. de los Andes estudiará durante 12 años a 10.800 familias del país. Salud, pobreza, niñez y trabajo, principales temas.

“Hoy conocemos bien las características de la población pobre (colombiana), pero no sabemos qué fenómenos de corto y largo plazo los llevaron a la pobreza y, peor aún, poco conocemos acerca de cuáles inversiones y programas públicos podrían contribuir a mejorar sus condiciones de vida”.

Así, con estas líneas, se podría resumir la misión de un nuevo proyecto que está abanderando el Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (CEDE) de la Universidad de los Andes y que lanzará en menos de un mes. Se trata de la primera Encuesta Longitudinal Colombiana. Una que se diferencia de las demás encuestas porque no es una fotografía de una realidad —parafraseando a Ana María Ibáñez, directora del CEDE—, sino una especie de video de esa realidad: “tomamos las mismas temáticas y las seguimos en el tiempo”.

Esta ambiciosa iniciativa se fijó las siguientes metas: hacerles seguimiento a 10.800 hogares colombianos (6.000 urbanos y 4.800 rurales) durante por lo menos doce años, y analizar cómo evolucionan en cada hogar los temas puntuales de la pobreza y la riqueza, el acceso y uso de servicios de salud, las oportunidades laborales y la situación de la infancia en el país, un asunto que, según Ibáñez, hasta ahora no cuenta con estudios rigurosos y cuantitativos como el que ellos acaban de emprender.

Así resume Ibáñez el proyecto: “Queremos entender las distintas dinámicas de los hogares colombianos y cómo funciona su proceso económico: por qué algunas familias son pobres, por qué otras son pobres sólo unas temporadas y por qué otras siempre viven en la pobreza. Y además queremos desentrañar qué implicaciones tiene esto para la familia y para el desarrollo de los niños”.

La tarea, que comenzó seis meses atrás, ha sido titánica. Cerca de 90 personas están inmersas en este trabajo, entre profesores e investigadores que diseñaron las encuestas y sicólogos y profesionales que se desplazaron a rincones de todo el país a realizar las entrevistas. Estuvieron en los estratos 1, 2, 3 y 4. En 48 municipios representativos de cinco regiones geográficas: Atlántica, Oriental, Central, Pacífica y Bogotá. En 17 municipios rurales representativos de cuatro subregiones: Atlántica, Altiplano Cundiboyacense, Eje Cafetero y Centro-Oriente.

La primera parte del proyecto ya arrojó resultados contundentes, que El Espectador irá revelando a lo largo de la próxima semana. Resultados que muestran, por ejemplo, que mientras en la región cundiboyacense el gasto mensual per cápita es de $95.546, en Bogotá alcanza los $392.290. Que el 59,3% de los hogares urbanos cuenta con ingresos por debajo de la línea de pobreza, y en los rurales el porcentaje es de 82,9%. Que la inequidad en el acceso a la infraestructura pública entre zonas es abismal: mientras en las ciudades el acueducto llega al 90% de la población, en el campo esa cobertura es del 66%, y el resto de los servicios públicos —energía, alcantarillado, recolección de basuras— no supera el 20%.

A partir de ahora la metodología será la siguiente: la información obtenida durante el primer semestre de este año será el referente para comparar la evolución de las familias a lo largo del tiempo. En el primer semestre de 2013, y cada dos años, se volverán a visitar los mismos hogares y se recogerá nueva información. “Las familias tienen que estar dispuestas a seguir trabajando con nosotros a lo largo de sus vidas, pero saben que obtendrán un beneficio. Por ejemplo, al hacer las evaluaciones físicas y los exámenes cognitivos a sus hijos, podrán saber en qué estado se encuentran los niños y en qué tendrían que trabajar”, dice Ibáñez.

Y se detiene en este punto de la conversación para analizar algunos de los resultados, que hablan de la situación de la niñez en los 10.800 hogares encuestados. “Desde muy pequeños se está viendo una desigualdad muy grande, dependiendo de los ingresos de las familias y de la zona en la que viven, una brecha que empieza casi desde que nacen y persiste toda la vida. No comparamos el nivel de conocimiento de los niños, sino las habilidades que poseen”.

¿Hay alguna temática que quisieron estudiar y no fue posible incluir en la encuesta? Ana María Ibáñez responde enfática  que no. Que allí están incluidos los aspectos fundamentales para analizar la dinámica de cada hogar. Pero advierte que sí tienen una frustración: no haber podido llegar a más regiones rurales, a más rincones del país, porque es un proyecto costoso que sólo está contando con el apoyo y financiamiento de la propia universidad y de la Alcaldía de Bogotá para el estudio de esta ciudad.

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