Colombia es cultura en Estados Unidos

COLOMBIA ES POR ESTOS DÍAS protagonista en la vida cultural de Washington DC, como país invitado al Folklife Festival, el evento cultural más importante de la capital de EE.UU., organizado por el Instituto Smithsoniano desde 1967.

La participación de la delegación colombiana culmina un trabajo de más de tres años y una inversión de $6.300 millones, con el fin de presentar el patrimonio cultural inmaterial de Colombia en uno de los escenarios culturales más importantes del mundo. El Instituto Smithsoniano, financiado por el gobierno de EE.UU., es el complejo de museos más grande del mundo, y su Folklife Festival, ubicado al aire libre en el representativo National Mall, recibe más de un millón de visitantes durante diez días de actividades. Junto a la exposición de Colombia se exhibe este año una muestra de blues y otra de los 50 años del Cuerpo de Paz, donde Colombia también es el país principal.

Para la apertura viajaron a Washington la primera dama y la ministra de Cultura, Mariana Garcés, confirmando el alto perfil que el festival tiene en la agenda cultural del Gobierno. Por las exigencias propias que impone el Smithsoniano, y la manera innovadora como están siendo asumidas por la representación nacional, el evento puede anotarse como un éxito en la gestión cultural de Colombia, en este caso representado por una alianza entre la Embajada de Colombia en Estados Unidos, el Ministerio de Cultura, la Cancillería y una importante inversión del sector privado.

Con el lema “Colombia: la naturaleza de la cultura”, investigadores y funcionarios del Ministerio de Cultura, apoyados por asesores del Instituto Smithsoniano, hicieron una investigación de un año para crear una base de datos del patrimonio inmaterial. Posteriormente seleccionaron a los 100 embajadores que hoy representan seis ecosistemas culturales del país. Son artesanos, campesinos, indígenas, mineros, comerciantes y músicos que aceptaron recrear sus saberes y oficios locales frente a cientos de miles de curiosos visitantes. La muestra de Colombia tiene el acierto estratégico de resaltar la relación entre la cultura y la biodiversidad del país, justo cuando el tema ambiental adquiere mayor relevancia en el orden mundial.

En cuanto a la curaduría de la muestra, se nota un esfuerzo por incorporar una mirada abarcadora de la riqueza cultural colombiana. Por ejemplo,  además de las tradicionales muestras de música, como la carranga y la cumbia, se incluyeron también la salsa y el tango; o la utilización de estructuras de guadua, para reemplazar las carpas plásticas que países anteriores acostumbraban a usar. Tal vez uno de los lunares en este aspecto sea el limitado alcance que tiene la muestra sobre culturas urbanas. Casi dos tercios de los colombianos viven hoy en centro urbanos, sin embargo, más allá de algunos esfuerzos, la exposición sigue transmitiendo la imagen de un país de exotismo rural.

En el campo de la gestión institucional hubo un trabajo coordinado entre los funcionarios que, en Colombia y EE.UU., trabajaron desde 2007 de la mano del Smithsoniano. La nueva ministra y el embajador reciben los frutos de construir sobre lo construido, y cobran un éxito que le pertenece también a la pasada administración. Colombia deja entre los funcionarios extranjeros una excelente reputación que añade un vital ingrediente de confianza a las futuras alianzas que el país pretende llevar a cabo en su ambiciosa agenda de relaciones internacionales. Y en este campo, la riqueza cultural del país es un gancho más para abrir puertas con nuevos socios estratégicos, especialmente en Asia. Más allá de los comentarios puntuales acerca de la escogencia de una tradición u otra, la calidad de la gastronomía, y demás detalles logísticos, se debe reconocer un trabajo serio por transmitir el carácter multiétnico y pluricultural bajo el cual se constituyó Colombia hace 20 años.

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