Colombia sí quiere leer

LA FERIA INTERNACIONAL DEL LIbro de Bogotá se inauguró el jueves con un homenaje al escritor argentino Ernesto Sábato, recientemente fallecido, y al último Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa, a quien se le dedica una exposición en la edición de este año.

Ecuador es el país invitado. Participa con una nómina de 34 escritores, 45 editoriales y 2.000 títulos, los cuales exhiben, según aseguró una funcionaria ecuatoriana, “una literatura que abandonó el parroquialismo”. Otros escritores están también presentes. Con la experiencia de los mafiosos de la historia viene el italiano Francisco Forgione y para hablar sobre cómo la literatura se puede adaptar al cine el noruego Lars Saabye Christensen. Se tiene la muy importante presencia de Rafael Argullol, escritor, filósofo e intelectual español, y del mexicano Jorge Volpi, líder cultural de su país. Igualmente escucharemos debatir al venezolano Teodoro Petkoff sobre el difícil oficio del periodismo.

A la presencia internacional se suman escritores nacionales como Juan Gabriel Vásquez, reciente ganador del premio Alfaguara por El ruido de las cosas al caer, y el joven Antonio Úngar, ganador del premio Herralde con Tres ataúdes blancos.  La historiadora Diana Uribe y el periodista Alberto Salcedo Ramos participan junto con cerca de 25 literatos más, entre ellos Yolanda Reyes, escritora para niños, el controvertido Efraím Medina, y el ya bien conocido Juan Gustavo Cobo Borda. Autores, todos, importantes para el desarrollo de la literatura en el país, que poco a poco se va consolidando, tanto en sus escritores como en sus lectores: según la Asamblea de la Cámara Colombiana del Libro, las ventas per cápita de libros llegaron en 2010 a un poco más de tres por persona. Esto, por supuesto, no significa que los colombianos estén leyendo por lo menos tres libros al año, pero sí que estamos leyendo tal vez más de lo que habitualmente creemos.

De forma paralela, la industria editorial del país publicó un poco más de 8.000 libros y logró un crecimiento del 8,9%. Además, cerca del 10% de los textos son ya digitales, lo que muestra que la industria, más rápido de lo que se esperaba, se ha adaptado a las nuevas tendencias globales. Claro, decir que vamos bien es un exceso, como lo sería decir que la cultura de la lectura es cultura arraigada o que nuestra Feria del Libro está a sólo un paso de alcanzar a la de Buenos Aires o a la de Guadalajara. No obstante, sí es justo decir que vamos mejorando. Algo que se ve incluso en la organización del principal evento cultural, la Feria: se devolvió la fecha para mayo para aprovechar el flujo de escritores y visitantes a la argentina, y el país invitado ya no fue un improvisado genérico como “El Bicentenario”, sino Ecuador, al que debemos agradecer la seriedad y generosidad con la que aceptó la atención.

Se esperan 400 mil asistentes al evento; ojalá lleguen más. Es en estas ocasiones en las que la cultura se moviliza con más fuerza y suma seguidores, que, por lo demás, requieren no sólo de curiosidad sino de la disciplina que exige todo hábito que merezca tal nombre. A querer, valorar y necesitar la cultura, y en particular la literatura, se aprende. No se trata de un gusto exótico o repentino. Hay que hacerlo muchas veces hasta incorporarlo en la costumbre y que muchos lo incorporen para que se pueda decir que en Colombia, de hecho, se lee. El interés, el que tenemos, es el primer paso. Y eventos como la Feria, lo afianzan. Ahora, debemos aprovechar las ganas que tenemos, ganas que a veces desconocemos, y hacernos verdaderos lectores. Expectativa, tal vez, demasiado positiva. Sin embargo, cuando las cosas se hacen bien, la calidad de varios de nuestros autores es nítida y las cifras nos muestran que los libros comienzan a venderse, puede que andemos lento, pero vamos caminando.