Colombia y Perú

EL ELECTO PRESIDENTE DE PERÚ, Ollanta Humala, se reune hoy en Bogotá con el presidente Juan Manuel Santos dentro de una gira que está realizando por Suramérica para aclimatar la incertidumbre existente en la región tras su triunfo en las urnas un par de semanas atrás.

El realismo político y la sindéresis, de las cuales parece hacer gala desde su triunfo, hacen presagiar un buen ambiente para la continuidad en la fluida relación bilateral existente entre Colombia y Perú.

 El nuevo ocupante del Palacio de Gobierno en Lima tiene grandes retos en el plano interno;  de igual manera, le corresponde adelantar una agenda internacional acorde con los tiempos de entendimiento y cooperación que se imponen en la región. De allí que evitar la ideologización, que tanto ha afectado a algunos países vecinos, parece ser la senda correcta para una eficiente y seria gestión al frente de un país con el cual Colombia ha mantenido una excelente relación bilateral. No hay excusas para no hacerlo y el nuevo talante proactivo que la administración Santos le ha impreso a su política exterior, priorizando en especial la buena vecindad, debe mantener el impulso actual.

Humala se comprometió con su electorado a llevar hasta los más pobres los beneficios del excelente nivel de desempeño económico de su país, con índices de crecimiento envidiables. No se trata sólo de crecer y mantener altos niveles de desarrollo, sino que dichos beneficios lleguen de manera equitativa e incluyente a los millones de personas que en Perú, y en la mayoría de nuestros países, suelen quedarse por fuera de la danza de los millones. En el caso del país vecino, similar al de Colombia, se trata de divisas provenientes de los ingresos de los productos mineros y energéticos. La población rural y los marginales de las grandes ciudades, especialmente en esa gran urbe que es Lima, esperan que dichos beneficios se traduzcan a corto plazo en mejoras para sus difíciles condiciones actuales de vida. El reto, como se ha mencionado de manera reiterada desde que se inició la campaña presidencial, es si el ahora presidente electo terminará por aplicar un modelo similar al de Brasil o si se inclina por el populismo implantado por el presidente Hugo Chávez en Venezuela, a pesar del manifiesto fracaso del Socialismo del Siglo XXI. Humala ha dicho hasta la saciedad que él no es Chávez sino Lula, desmarcándose claramente de su antiguo mentor. Por el bien de su país, y de la región en su conjunto, es de esperar que así sea.

Sin embargo, cualquiera que vaya a ser el esquema de gobierno por seguir, el presidente Santos ya marcó un claro camino de convivencia en la diversidad, cuyo mejor ejemplo es el que existe entre Bogotá y Caracas, donde ha prevalecido el entendimiento y el respecto bilateral por encima de las eventuales diferencias. La canciller María Ángela Holguín, en su exitosa gestión, ha dado prioridad al tema del desarrollo fronterizo como la mejor medicina no sólo para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de dichas zonas, sino la de quitarle piso a la guerrilla, el paramilitarismo, el narcotráfico y la delincuencia común que suelen sentar allí sus reales. El Putumayo y el Trapecio Amazónico son prioritarios en esa agenda. Esto fue entendido con claridad por el gobierno saliente de Alan García, y con seguridad se continuará por este camino una vez el nuevo gobierno dé a conocer el nombre de la persona que ocupará el palacio de Torre Tagle, sede de la Cancillería peruana.

Como lo mencionó recientemente la analista Socorro Ramírez “con el gobierno de Humala, Colombia deberá avanzar no desde las diferencias sino desde las oportunidades que ofrece la vecindad amazónica, andina y del Pacífico”. Bienvenido, entonces, presidente Ollanta Humala. Hay mucho por seguir construyendo en materia de vecindad y es de esperar que su visión de gobierno sea acorde con esta imperiosa realidad de trabajar conjuntamente hacia el futuro.

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