Como el Ave Fénix

La frase del Ave Fénix, trillada como pocas veces, cobra vigencia sobre el territorio argentino en este invierno de Copa América.

Y si aquel pájaro incandescente resurgía de sus cenizas cada medio siglo, por suerte este enviado de El Espectador no tuvo que esperar tanto, aunque estuvo a punto de perderse el debut de Falcao, Yepes y compañía.

Enemigo de periodistas y turistas, el volcán Peyehue nubló con su erupción el cielo de estas latitudes e hizo imposible volar desde el aeroparque Jorge Newbery el viernes, día previsto para la partida a San Salvador de Jujuy, bien lejos de la Capital Federal, en la otra punta del país.

“El aeropuerto está cerrado. En dos horas habrá un nuevo parte”, fue el lacónico informe del oficial con cara de pocos amigos, seguramente porque la pregunta que escuchó de los labios de este cronista fue la número un millón de la agitada mañana.

Pero 120 minutos después, la noticia resultó frustrante: “Vuelo 2498 con destino a Jujuy, cancelado”. La decepción se multiplicó en ese hall que parecía una porción de Colombia. En su interior, cientos de fanáticos con la camiseta de la selección desbordaron las oficinas de Aerolíneas Argentinas. Algunos osados tomaron taxis con destino a Retiro para abordar un bus y recorrer casi 1.200 kilómetros en 16 horas. Otros, menos desconfiados, se jugaron un pleno y cambiaron sus pasajes.

El sábado se pudo despegar. Vía Salta, al menos, se llegó cerca del destino. Y casi sin aliento, con el corazón en la boca, se arribó a La Tacita de Plata. El pitazo del árbitro chileno Enrique Ossés tuvo la melodía del deber cumplido. Después de todo, me sentí como el Ave Fénix.