Como un abrojo en un beso

Una tormenta de sentimientos. Amor y desamor engalanan las salas de cine colombianas con Blue Valentine, un film de Derek Cianfrance.

El enamoramiento. El inicio de una historia de amor en donde el uno ve al otro como la mejor opción para pasar el resto de sus días. Los juegos. Las salidas a comer. Los viajes. Las formalidades con los padres. La pasión. Los encuentros sexuales en un cuarto adolescente.

El matrimonio. Los hijos. Las obligaciones. El dinero. Los compromisos. Un perro muerto. Los problemas de trabajo. La inestabilidad laboral. El escaso deseo sexual. El aburrimiento. La monotonía. El acabose de una relación.

Seis años separan una vida de la otra. Seis años de una historia de amor entrañable, los momentos vividos después de tener una hija y de tomar la decisión de casarse un día cualquiera vestido con jeans y con el traje de novia de la abuela.

Esa es la historia de Dean y Cyndy (Ryan Gosling y Michelle Williams): dos víctimas del paso del tiempo en el amor. Dos treintañeros que desnudan su mundo interior en la pantalla y nos hacen pensar en la importancia de tomar decisiones adecuadas con las personas idóneas, traspasando ese velo que viste al amor cuando enceguece el pensamiento. 

A pesar de lo hecho, lo que queda es ir en busca de los restos del naufragio. Decididos a recobrar su relación, Dean y Cyndy pasan la noche en un hotel temático. En la “habitación del futuro” recuerdan su pasado. Empieza entonces un flashback continuo. Pasado y presente se mezclan de forma estupenda. El director Derek Cianfrance dota la película de limpieza técnica cuando decide filmar el enamoramiento en una cámara de 16 mm y el presente de la pareja con tecnología digital. Así, con esa combinación dual nos dan esperanzas en la recuperación de un amor perdido. Pero como en toda relación pasado-presente, el antagonista es el tiempo.

La dos veces nominada al Oscar Michelle Williams (The Station Agent, Wendy and Lucy, Land of Plenty) tuvo que afrontar el duelo de la trágica muerte de su pareja, Heath Ledger. Sólo cuando estuvo medianamente recuperada, Cianfrance empezó a rodar. Será por eso que su fortaleza actoral se siente a viva piel y podemos sentirnos cerca del drama de Cyndy.

El realismo que buscó Cianfrance se demuestra en la dirección de actores, en situaciones, locaciones y decorados reales. Tanto se esmeró este director en hacer verosímil su película que contrató a los empleados de una empresa de mudanzas y son ellos los que aparecen en pantalla. Tanto de esmeró Cianfrance en su película que tardó 12 años de su vida en su elaboración y todo para dejarnos un mensaje que está entre las letras de Tom Waits y las de Jack Kerouac: “¿No es cierto que se empieza la vida como un dulce niño que cree en todo lo que pasa bajo el techo de su padre? Luego llega el día de la decepción cuando uno se da cuenta de que es desgraciado y miserable, pobre y está ciego y desnudo, y con rostro de fantasma dolorido y amargado camina temblando por la pesadilla de la vida".

 

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