Con Chávez a la distancia

El oficialismo y la oposición venezolana esperan con la misma incertidumbre el día en que Hugo Chávez pueda regresar.

La de hoy es una mañana brillante en Caracas. Sony Sánchez se alista en su casa en el municipio de Sucre, acomoda su gorra y sale a la calle en tenis porque marchar por la revolución es mejor si los pies están cómodos. La espera un trayecto de aproximadamente 30 minutos en bus, desde su casa hasta a la Plaza Madariaga, en el centro de la capital, media hora en la que es posible elevar una oración. No reza todos los días, lo hace sólo cuando necesita algo, o alguien, por las noches, en soledad, cuando siente el impulso de dar gracias. Esta vez, durante el recorrido, enviará todas sus buenas energías al presidente Hugo Chávez, quien tiene cáncer y tiene que recuperarse. Chávez, el comandante, el líder de la Revolución Bolivariana, es humano y por lo general los humanos se enferman.

Sony Sánchez, morena, delgada, tiene 26 años y un perfil de Facebook que llena con fotos de su trabajo e imágenes de Chávez. En una fotografía aparece abrazada con el “comandante” en un estadio de béisbol, cuando el semblante del presidente, cubierto por una chaqueta deportiva con la bandera de Venezuela, se parecía al de un bateador de jonrones. Ella es la líder de las juventudes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en el estado de Miranda, y hoy coordinará a cerca de 2.300 jóvenes de su estado para marchar. Calcula que serán 35.000 en total, sumando los aportes de los líderes juveniles de los otros 22 estados que conforman Venezuela. Marcharán contra el imperialismo y a favor de la próxima recuperación y pronto retorno de su líder. Irán hasta la Plaza Miranda y pasarán muy cerca del Palacio de Miraflores, vacío hace 29 días.

La cotidianidad es normal en Caracas aunque temporalmente el chavismo esté añorando el regreso del presidente. Pensar en una Venezuela sin Chávez es como arrojar una lanza sin punta o apuntar una diana sin blanco. “No, no nos pasa eso por la cabeza. El presidente está en excelentes condiciones para seguir gobernando. Quiero que Chávez gobierne hasta que nosotros podamos consolidar la revolución. Cuba lleva más de 50 años en ese proceso. Chávez debe permanecer en el poder, hasta que exista un reemplazo, hasta que él lo decida, hasta que el pueblo lo quiera. En este momento la gente lo necesita, existe un fervor revolucionario”. En una de las últimas fotos en la cuenta de Facebook de Sony Sánchez aparece el mandatario con el puño levantado y un mensaje que reza así: ¡Como militante del socialismo a sus órdenes pa’ lo que venga comandante!

La cotidianidad es normal en Venezuela, un país que padece los gajes propios de los llamados países “en vía de desarrollo”. A pesar de ser el principal productor de petróleo de Suramérica tiene problemas para generar energía, un desempleo cercano al 10%, una inflación que según el Fondo Monetario Internacional podría alcanzar el 29,8% este año y un déficit de vivienda que se aproxima a los dos millones de hogares. La nación sigue su curso con sus virtudes y sus defectos. Sin embargo algo falta, un elemento que impide cerrar el círculo. Para bien o para mal, y depende de dónde se lo mire —desde el chavismo o desde la oposición–, completa un mes sin las opiniones de Chávez, sin Aló Presidente, sin críticas cáusticas a Estados Unidos y a sus lacayos.

La novela Venezuela perdió transitoriamente a su personaje principal y al más lenguaraz de sus actores. Los 15 minutos que habló desde La Habana, en los que explicaba el triste curso que había tomado lo que en un principio fue descrito como un absceso pélvico y que lo llevó de urgencia al quirófano el 11 de junio, se sumaron a las más de 1.300 horas que Hugo Chávez ha hablado en cadenas de radio y televisión en 13 años que completa su gobierno. Algo así como 54 días sin callar un segundo.

“Más allá de la ausencia, la enfermedad de Chávez ha sido muy bien manejada por el oficialismo, guardaron silencio cuando tuvieron que hacerlo para ganar tiempo. En este momento, más que presidente, Chávez es un candidato para las elecciones del año próximo y ahora parece previsible que cuando regrese al país lo hará como un superhombre que vence todas las adversidades. De algo pueden estar seguros los venezolanos, él será candidato aún sabiendo que es posible que la muerte lo visite en el ejercicio del poder”, explica el analista Luis Vicente León, director de la firma Datanalisis en Venezuela.

Por supuesto que el “comandante” es un hombre que sabe reponerse a los problemas y escalar grandes picos, diría Sony Sánchez: “Lleva 13 años en el poder y nunca ha tomado vacaciones. Es justo que se tome el tiempo con tranquilidad para recuperarse… todos los presidentes necesitan un tiempo para sus propias vidas”. Chávez, el comandante, el líder de la Revolución Bolivariana, es humano, y por lo general, los humanos necesitan vacaciones.

La última vez que Sony Sánchez estuvo en vacaciones descansó en las montañas de Mérida durante la Semana Santa. Para entonces, las cadenas de televisión ya habían emitido el mensaje en el que anunciaba sus intenciones de reelección. En el teatro Teresa Carreño de Caracas, rodeado de mujeres, Chávez —el personaje— dedicó canciones a sus acompañantes del PSUV y soñó con que algún día quien lo reemplazara a la a la cabeza de la Revolución fuera una mujer. Por aquellos días de septiembre pasado era mucho más fácil hablar de reemplazos, era más fácil bromear, llamar escuálidos a los miembros de la oposición y sonreír: “Estoy en precampaña, calentando los motores para 2012, preparándome, cuidándome más. Ayer corrí 45 minutos a paso de potro porque estoy pasado de peso. ¡Comencé mi campaña para 2012, escuálidos. Preparados!”.

Hoy Chávez ya no sufre de sobrepeso, pero padece de otras dolencias y  otras angustias. Conserva el tono de voz recio de siempre, pero sus ojos se ven más pequeños, sus ojeras más grandes y la papada un poco suelta como le sucede a casi todos los enfermos: “Comencé a pedirle a mi señor Jesús; al Dios de mis padres, diría Simón Bolívar, al manto de la Virgen, diría mi madre Elena; a los espíritus de la sabana (...) para que  me concedieran la posibilidad de hablarles, no desde otro sendero abismal. Ahora quería hablarles desde este camino empinado por donde siento que voy saliendo ya de otro abismo”.

Al día siguiente del discurso en el que Chávez reconocía su enfermedad, la señora Lady Hernández admitiría a un periodista, mientras caminaba por las calles de Caracas en una marcha por la salud del “comandante”, haber llorado con esas palabras: “Él es ágil, robusto, pero anoche lo vi delgado, decaído. Dios tiene que darnos la dicha de que Chávez regrese”.

Es imposible saber si Dios es chavista. Al menos los obispos de la Conferencia Episcopal Venezolana, con quienes el mandatario no ha tenido una buena relación —en 2010 amenazó con romper relaciones con la Santa Sede debido a lo que calificó como una injerencia de los sacerdotes en asuntos que nos les incumbían— anunciaron que sus plegarias “ahora sí” las elevarán pidiendo por la mejoría del presidente.

No obstante, al tiempo que la incertidumbre es la dueña de la información sobre su regreso al país, los dirigentes más cercanos a Hugo Chávez no se atreven a asumir un decidido liderazgo. “Nadie en el chavismo se anima, por ahora, a llenar el vacío de poder, pero todo indica que se avecinan duros encuentros en el interior del chavismo”, afirma el escritor y columnista del diario El Nacional de Caracas, Ibsen Martínez.

Como ya lo dijo, Chávez no dejará el poder a pesar de estar en Cuba y sus escuderos —Elías Jagua (vicepresidente), Nicolás Maduro (canciller), Cilia Flores (jefa de la bancada del PSUV), Rafael Ramírez (ministro de Energía y Petróleo), Adán Chávez (hermano mayor y mentor del presidente), Diosdado Cabello (exvicepresidente y diputado del PSUV) y María Gabriela Chávez (hija del mandatario y primera Dama)— hasta ahora no ponen en duda sus disposiciones, embebidos en frases de afecto y paciencia perpetua para la recuperación del padre de la Revolución Bolivariana. Para el chavismo, no se trata de ausencia de capacidades y liderazgo. Es cuestión de lealtad. Lealtad servil en una frase crítica.

El nudo de la cuerda está del lado de la oposición y la carencia de un personaje fuerte que entre en escena para arrebatarle algunas líneas del guión al protagonista ausente. Es una tarea complicada. “La oposición —afirma León— no puede quedar como interesada en aprovecharse de la enfermedad del presidente porque eso puede ser contraproducente desde el punto de vista político”.

Sony Sánchez dice que después de las tormentas sale el sol. Los pronósticos dicen que hoy será un día soleado en Caracas.

Las enfermedades y el poder

Fidel Castro

Con 82 años, 49 de ellos en el poder, el líder cubano Fidel Castro renunció a su cargo de presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la isla en 2008. Aunque los detalles de sus quebrantos de salud fueron un tema sobre el que no se ahondó demasiado, los problemas comenzaron para Castro en 2006, cuando tuvo que ser sometido a una cirugía intestinal.

Dilma Rousseff

A comienzos de 2009, cuando su campaña para la presidencia de Brasil comenzaba, Dilma Rousseff informó a la opinión pública que en un chequeo médico le había sido detectado un cáncer linfático y que su trabajo tendría que ser alternado con sesiones de quimioterapia. El tratamiento fue exitoso y el tumor maligno fue extirpado. Rousseff obtuvo el 56% de los votos y hoy es la primera mandataria del país.

Umaru Musa Yar’Adua

Umaru Musa Yar’Adua asumió el poder de Nigeria en mayo de 2007. Sin embargo, en noviembre de 2009 tuvo que ser trasladado de urgencia a Arabia Saudita para recibir tratamiento médico. Yar’Adua sufría una pericarditis que lo mantuvo cuatro meses en tratamiento por fuera de sus funciones, lo que llevó al Senado de su país a empoderar al vicepresidente Goodluck Jonathan el 9 de febrero de 2010. Después de dos semanas, Yar’Adua murió.

Fernando Lugo

En agosto de 2010, el actual presidente de Paraguay, Fernando Lugo, anunció que se le había detectado un “linfoma maligno cancerígeno” en un ganglio inginal que debería ser combatido con cinco sesiones de quimioterapia. Lugo llevó a cabo su tratamiento con temporadas cortas en el Hospital de São Paulo (Brasil), donde recibió las terapias. La última de ellas fue completada en diciembre del año pasado y hoy se considera un paciente totalmente curado.

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