Con los ases bajo la manga

A la espera de que Mockus y Uribe definan si se lanzan, los aspirantes a la Alcaldía de Bogotá se mantienen en el centro del espectro político y procuran controvertir poco para llegar sin heridas a la hora de las alianzas.

A cuatro meses de la crucial elección del alcalde que tendrá la misión de sacar a Bogotá de la crisis que vive, y a un del  mes del inicio formal de la campaña electoral, la contienda por el cargo comenzó por fin a calentarse.  Y se pone emocionante básicamente porque a los candidatos les llega la hora de decir por fin cuál es el ideal de ciudad que tienen y de definir sus perfiles con miras a las inevitables alianzas que se consolidarán en las próximas semanas.

En vano intentaron varios de ellos posicionarse ante la opinión como los abanderados de temas distintos a los de criminalidad y la corrupción, trillados como consecuencia del deterioro de la percepción de seguridad y los escándalos por el carrusel de los contratos. Los hechos, tozudos, les obligaron a replantear la idea con la cual querían ser identificados en la campaña. Pero lo que no han podido hacer es que controviertan con vehemencia, que saquen a relucir sus diferencias o desnuden los errores del contrario.

Lo demuestra el encuentro de aspirantes realizado el viernes a instancias de El Espectador para compartir reflexiones en torno a los mercados de la criminalidad en Bogotá, a partir de la investigación del mismo título realizada por la Corporación Nuevo Arco Íris para la Secretaría de Gobierno Distrital. Estuvieron Gustavo Petro, de los Progresistas; Enrique Peñalosa, del Partido Verde; la candidata independiente Gina Parody; Carlos Fernando Galán, de Cambio Radical; David Luna, del Partido Liberal, y Jaime Castro, quien aún no ha definido aval ni ha recolectado las firmas para inscribir su aspiración.

Todos parecían de centro. Le apostaron a la misma franja del espectro político para sustentar su plataforma de gobierno en el paradigma de la seguridad, aunque con matices según su procedencia política. Todos están de acuerdo en que la problemática de la criminalidad no se resuelve exclusivamente con mayor pie de fuerza –aunque pasa por allí– y esbozaron ideas que van desde la creación de una Secretaría de Seguridad, pasando por mayor control policial por parte de la ciudadanía hasta reforzar el sistema judicial y blindar la periferia de la ciudad.

Los candidatos respondieron también de manera consensuada que la ciudad padece amenazas de sofisticadas estructuras criminales, algunas de las cuales están vinculadas con grupos de exparamilitares o de guerrilleros. Apuntaron todos que los problemas  estatales para controlar dichos flagelos tienen dos aristas: la de la ineficiencia y la de la corrupción, a las cuales todos prometen combatir con entereza.

Estas coincidencias demuestran dos cosas: en primer lugar, que los candidatos efectivamente tienen una visión semejante de la problemática de la ciudad y, en segundo lugar, que por ahora no están interesados en ventilar sus diferencias.

¿Y por qué no querrían hacerlo? Porque sigue siendo un enigma lo que harán los dos principales jugadores de la política electoral bogotana: Antanas Mockus y  Álvaro Uribe.

De las reflexiones de Mockus durante la semana que comienza dependerá en buena medida la orientación que tome la campaña. Si decide que lo mejor es lanzarse, el efecto sobre la intención de voto de Peñalosa –su exaliado del Partido Verde– no tardaría en sentirse. Y con un margen de favorabilidad tan estrecho como el que los sondeos de opinión muestran entre los candidatos, cualquier movimiento podría terminar alterando el orden de la baraja.

Por eso todo el mundo está sacando cuentas. Que si Mockus se lanza, Uribe haría lo propio para evitarse una derrota en el barco peñalosista. Que Uribe no puede, porque  le resulta más riesgoso perder el fuero que hoy lo mantiene blindado de sus enemigos políticos. Que Mockus tampoco, porque quienes hayan sido directivos de un partido quedan inhabilitados para postularse por otra colectividad para las presentes elecciones...

Y mientras todos estos asuntos se definen, lo más prudente para los candidatos es no entrar en controversias que puedan  generar heridas y les impidan ingresar a las  alianzas que están por definirse.  Les resultan más rentable la estrategia de la diplomacia.

Eso sí, ya se empiezan a dar coqueteos y sutiles ‘desplantes’ que podrían servir para dibujar escenarios. Peñalosa se esfuerza por mostrarse cercano al Gobierno Nacional, así el presidente Juan Manuel Santos mantenga silencio. Tampoco ahorra elogios para Carlos F. Galán. Mientras que Luna no desaprovecha oportunidad para machacar que es el candidato oficial de los liberales y que Jaime Castro -sin mencionarlo con nombre propio- encarna el pasado. Éste a su vez alega que al ungido de la dirección liberal le falta experiencia.

Parody ataca a Peñalosa, quien la supera en las encuestas. Y Petro celebra que los demás se quiten votos entre ellos, porque eso favorecería a su campaña, la única con  orígenes en la izquierda.  Desde ese punto de vista, la campaña parece estar, como buena parte de la malla vial de la ciudad, en obra negra. Comienza a agitarse, pero los verdaderos movimientos aún están por venir.

 

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