Conductores ebrios sí irían a prisión

La muerte de cuatro personas en accidentes por alcohol este fin de semana desató una presión social que convenció al Legislativo de revivir el tema. Expertos piden también campañas culturales.

El último fin de semana murieron Edith Johanna Sanabria, madre de dos hijos menores; Héctor Fabián Hernández, vendedor ambulante y padre de cuatro hijos, y  Daniel Antonio Vanegas, infante de Marina oriundo de Sucre, al ser arrollados por un conductor de bus en estado de embriaguez en Engativá. También perdió la vida Ana Milena Bohórquez, quien iba en un carro conducido por un borracho, después de celebrar su cumpleaños número 30. Ante este panorama, los voceros de todos los partidos en el Congreso acordaron ayer tramitar un proyecto para penalizar a los borrachos que conducen en las calles del país.

El proyecto que planteaba introducir en la Ley 599 de 2000 el delito de conducción en estado de embriaguez o bajo el influjo de sustancias psicoactivas fue archivado por la plenaria del Senado el pasado 6 de abril tras un debate en el que varios senadores, entre ellos Roy Barreras, del Partido de la U, defendieron la iniciativa alegando que se evitarían 5.000 muertes y 20.000 heridos al año en el país, y contradictores como Luis Carlos Avellaneda, del Polo Democrático Alternativo, argumentaron que aumentar penas aisladas no es una política adecuada en materia criminal y que era mejor esperar estudios más elaborados.

Sin embargo, ante la grave situación de muertes causadas por conductores ebrios, ayer se acordó tramitar el proyecto durante los días siguientes a Semana Santa. Se incluiría de ocho a treinta días de arresto para quienes sean capturados manejando en estado de embriaguez, mientras que para quienes causen muerte o lesión a otro por conducir borrachos la condena podría llegar hasta 27 años sin beneficio de casa por cárcel.

Sin embargo, según el analista Juan Carlos Flórez, el incremento de las penas no debe ser lo principal, sino un acompañamiento a los mecanismos de persuasión para modificar los hábitos de la gente.

La campaña “Cero accidentes en la vía”, liderada por el programa Amor por Bogotá, de la administración distrital, que se propone llevar a cero la tasa de accidentes por alcohol y, tal como lo afirma su coordinador, Andrés Rojas, “incluir en el ADN de los bogotanos que no deben manejar borrachos”, inició el 10 de febrero un trabajo preventivo interinstitucional con la Asociación de Empresarios de Bares (Asobares), la Secretaría de Movilidad y Bavaria S.A. Asimismo, con la Policía Metropolitana y de Tránsito se expidieron 186 comparendos entre febrero y marzo.

La campaña ofrece conductores gratuitos para las personas ebrias que tienen sus carros e incentiva a los funcionarios de bares a promover el uso de taxis solicitados desde el establecimiento. Sin embargo, aunque la Secretaría de Movilidad reportó una reducción del 10,7 % en los accidentes de tránsito causados por alcohol durante el primer bimestre del año, frente a enero y febrero de 2010, las medidas parecen no ser suficientes. Siguen muriendo personas cada fin de semana y el hábito de conducir con tragos sigue arraigado en la cultura capitalina.

¿Qué hacer, entonces, para erradicar este hábito? Según Flórez, esto no se logra con campañas publicitarias, afiches y cuñas de radio, sino que “se necesitan campañas culturales en las que se comprometa todo el aparato de gobierno, educación, salud y entretenimiento para, a largo plazo, cambiar los hábitos”.

Estas campañas —dice Flórez— empezaron hace 30 años en Escandinavia y buscaban penalizar, “pero sobre todo persuadir, ya que es más fácil aprender cuando uno es disuadido que cuando es castigado”. La persuasión involucró a todo el aparato estatal, al sector de salud y educación e incluso los personajes admirados por la sociedad formaron parte de la campaña dando ejemplos de buena conducta. De este modo no conducir ebrio empezaba a ser algo bien visto, algo deseable para el común de las personas.

La campaña “deje las llaves” se diseñó en los países escandinavos y EE.UU. la adoptó en los 90, con el apoyo de la Universidad de Harvard, la Escuela de Salud y hasta la industria del cine —de modo sutil pero persuasivo, empezaron a mostrarse los peligros del alcohol en las películas de Hollywood—.

Aunque se hizo el esfuerzo de establecerla en Colombia como una campaña cultural y no publicitaria, no ha tenido continuidad en el Distrito, de acuerdo con Flórez, por no seguir los ejercicios de sensibilización y educación que inició Antanas Mockus: “Uno de los factores de éxito de las campañas culturales es que se considera el cambio cultural como algo permanente, no puede haber discontinuidad, pues se trata de obtener resultados a largo plazo”.

En la capital, para Flórez, “deberían aliarse las clínicas, las compañías de seguros, los presentadores de televisión, hasta Juanes y los actores de telenovelas que son el alimento diario para persuadir a la gente”.

Y en cuanto a la penalización, además de lo que tramitará el Congreso en los próximos 15 días, los controles podrían aplicarse durante las 24 horas y los siete días de la semana. “Así como la persuasión, la penalización debe entrar a desempeñar un papel más drástico”. En Escandinavia y EE.UU. el alcoholímetro se utilizó no sólo los días de fiesta y no sólo en los sectores donde se reúne la gente joven, sino después del almuerzo y en zonas de poca concentración. “Así se siente que el peso de la ley está presente y no hace excepciones”, afirma el analista.

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