Confesiones de un hincha

No son víctimas, son culpables. Tan culpables como la dirigencia que sólo se mira el ombligo y no es capaz de pensar más allá. Ellos, los protagonistas del fútbol, los jugadores, están pagando su propia mediocridad, mezquindad y silencio.

Lo de Quindío el fin de semana pasado es una vergüenza, pero es apenas el resultado lógico de años de tapar y tapar, en donde todos: jugadores, técnicos y dirigentes se confabularon para no ver lo que debían ver; para no hacer lo que debían hacer; para recibir sueldos por debajo de la mesa; para no pagar impuestos; para no ser 100% legales ni para trabajar como se debía trabajar.

Los jugadores que se arrepintieron de sus protestas, las levantaron y volvieron a trabajar ante un mes de pago, luego de nueve de atraso, son tan culpables como el empleador que viola la ley. Ellos, con una mentalidad de corto plazo, se conformaron con un pan, cuando tenían derecho a un almuerzo. Ellos, aceptaron que les pagaran de mala forma, incompleto, y que el salario no fuera sino un mal sueldo y muchos premios.

Me da tristeza ver nuestro fútbol profesional en pañales, en donde muchos dirigentes no le meten plata a los equipos sino sólo se la sacan. Claro, hay ejercicios diferentes donde emprendedores le apuestan al fútbol porque entienden que mueve pasiones, y que el activo mayor no es una taquilla, sino una marca. Emprendedores, que saben del negocio y no irrespetan las marcas sino que las fortalecen. Una inmensa minoría, en un fútbol lleno de irresponsables.

Si los jugadores del América no hubieran jugado en su momento, y hubieran sentado como debían su protesta, si los de Millonarios no se hubieran aguantado tanta manosería en años pasados y tanto debajo de cuerda, si los del Caldas, los de Santa Fe, los de todos y cada uno de sus equipos no hubieran dado el brazo a torcer cuando debían, y no cuando lo necesitaban, otro fútbol tendríamos.

La asociación que los defiende no tiene el peso suficiente ni la credibilidad, ella no puede ser imparcial porque es juez y parte, porque uno de sus dirigentes tiene claros conflictos de nepotismo, con uno de los mayores sospechosos, y sobre todo porque manejan más mediáticamente los temas que con efecto en el almendrón.

Ese es nuestro fútbol, que en un día de furia sacrifica a unos pelados y da muestra de su vergüenza, porque cree que ha pasado el temblor, cuando en realidad es sólo el comienzo del tsunami. Los jugadores son culpables, los dirigentes son culpables. Acá no hay víctimas sino victimarios. Jugadores que en un día de furia protestan, cuando en realidad hace años le vendieron el alma a muchos diablos.

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