Crecer a lo muisca

Entró en funcionamiento el sexto jardín infantil especializado en pensamiento ancestral y se entrega el lineamiento pedagógico para la educación de indígenas en la capital.

A partir de hoy, 150 niños menores de cinco años pertenecientes al cabildo muisca de la localidad de Suba contarán con un centro educativo para formarse de acuerdo a los contenidos propios de su cultura. Además, todos los maestros que reciben indígenas en la capital tendrán a su disposición una guía para ofrecerles una educación diferenciada, que conserve la cosmovisión, usos y costumbres de sus respectivas etnias.

La imagen de madres indígenas que caminan descalzas y con sus hijos al hombro por las calles es común en la cotidianidad bogotana. Son cerca de siete mil familias que han llegado a la urbe en busca de un futuro más prometedor al que ofrece la violencia que impera en sus territorios. Aunque muchas acceden a programas de alimentación, educación e inclusión social, viviendo en la ciudad empiezan a olvidar sus costumbres, sus mitos, su arte… sus hijos nacen y se crían desligados de sus raíces ancestrales, la historia de las etnias del país corre el riesgo de desaparecer entre las balas y el asfalto.

No se puede hablar de indígenas en Bogotá sin tocar el fenómeno del desplazamiento. Primero, porque los indígenas constituyen una de las poblaciones más vulnerables a este flagelo (entre 2005 y 2010, 52.521 indígenas fueron víctimas del desplazamiento interno); segundo, porque la mayoría de desplazados van a dar a la capital, en donde ya hay más de 15 mil, confiando en encontrar la protección del Estado. Entre las principales causas de desplazamiento de estas comunidades está el conflicto armado, el reclutamiento forzado de menores  y el uso de sus territorios para la explotación minera y petrolera. Desde 2004, en vista del creciente fenómeno del desplazamiento, la Corte Constitucional declaró a 32 etnias indígenas, de las 87 que hay en el país, en riesgo de extinción.

Si no hay garantías de seguridad para facilitarles a los indígenas un retorno a sus tierras, la educación es la herramienta para mantener viva la memoria de su territorio. Educar a los indígenas sin desligarlos de su tradición y con miras a recuperar su cultura ha sido uno de los retos de la actual Administración, según la subdirectora para la infancia de la Secretaría de Integración Social, Maribel Monroy. Educar de acuerdo a las particularidades, discriminando positivamente a diversos tipos de población, es lo que permite conservar el panorama multicultural en la ciudad. Homogeneizar la educación, por el contrario, acabaría con la riqueza y pluralidad de quienes habitan en la capital.

Por eso, líderes y sabedores de los seis cabildos indígenas reconocidos en el Distrito, provenientes de las etnias Muisca, Pijao, Emberá, Inga y Kichua, junto con las secretarías de Educación e Integración Social, han desarrollado un programa educativo para garantizar a los indígenas menores de cinco años el acceso a una educación encaminada a preservar su tradición y, asimismo, ofrecer a la población de menores no indígenas la posibilidad de educarse en contacto con el conocimiento de sus ancestros. Monroy cuenta que esta labor combina el saber de indígenas con el de profesionales de la educación y ha resultado en la creación de seis jardines infantiles que atienden más de 600 niños indígenas.

El jardín infantil ‘Kihisaia Muisca Güe Atíquíb Los Pinos’, que significa ‘Casa del pensamiento’, entró hoy en operación y atiende a 150 menores de cinco años pertenecientes al cabildo muisca de la localidad de Suba. Los otros 150 niños que allí estudian son población no indígena. Maestros y sabedores muiscas enseñan a los menores la lengua propia de su etnia y sus prácticas de agricultura, tejido, medicina tradicional, literatura y respeto a la naturaleza. Los muiscas son la etnia que ha habitado históricamente el altiplano cundiboyacense y actualmente su presencia en la capital se concentra en las localidades de Bosa, en donde hay cerca de 1.573 que también tienen un jardín infantil muisca, y en Suba, donde hay 5.186.

Según la identificación hecha por la Secretaría de Integración Social en cada cabildo indígena del Distrito, no hay un solo indígena menor de cinco años que no tenga acceso a la educación, la subdirectora para la infancia aclara que el diagnostico de hoy puede no ser el mismo que el de mañana, pues diariamente llega un número indeterminado de familias de indígenas desplazadas que tardan en acceder a los servicios.

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