Cristina sin K

El camino para quedarse en la Casa Rosada está despejado para la mandataria, lo difícil, según analistas, será sortear lo que sigue.

De negro absoluto, su color desde hace ocho meses, y maquillada en exceso como lo hace desde sus años de juventud, la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, acabó con la incertidumbre política en la que mantuvo al país durante las últimas semanas. Sí competirá en las elecciones presidenciales del 23 de octubre, y  según analistas y sondeos, cuenta con una amplia intención de voto para triunfar y quedarse otros cuatro años en la Casa Rosada.

No se sabe si por estrategia política o por capricho (Fernández tiene fama de arrogante, voluntariosa y voluble) esperó hasta último momento para hacer el anuncio. No sin antes levantar todo tipo de sospechas. Primero fue el tema de su salud el que generó preocupación. La cancelación de varios eventos oficiales a último minuto y los días de reposo recomendados por los médicos, hicieron temer por su capacidad física para continuar. Según ella misma dijo, su mente y su cuerpo le venían cobrando factura: “no me muero por ser presidenta; ya dí todo lo que tenía que dar”.

En el mismo salón en el que el 28 de octubre velara durante tres días a su esposo, el expresidente Néstor Kirchner, y emitiendo en directo por cadena nacional, Cristina apareció más fuerte que nunca. Con los ojos vidriosos, en ocasiones al borde del llanto, pero con el tono imponente que siempre caracterizó su oratoria, Fernández anunció su candidatura en medio de aplausos, cánticos y vítores de ministros, secretarios, actores y empresarios cercanos al kirchnerismo. Al día siguiente,  el actual vicepresidente, Julio Cobos, dijo: “La noticia habría sido que no se lanzara”.

Cristina, como le gusta que la llamen desde sus años en el Senado y como Primera Ciudadana (en lugar del rótulo de Primera Dama), repitió la misma estrategia que usó en 2007, cuando de la mano de su esposo esperó hasta los últimos días de plazo legal para anunciar sus intenciones de convertirse en la primera mujer presidenta de Argentina. Entonces, vestía de blanco impecable y sonreía bajo una estudiada lluvia de papelitos celestes y blancos. Era el 19 de julio de 2007 y faltaban poco más de tres meses para las elecciones que ganaría con comodidad. Esta vez, aunque su lanzamiento no fue tan festivo (sí estudiado) la situación no es muy diferente: Cristina Fernández  roza el 60% de la popularidad, lo que le garantiza el triunfo en las urnas.

Simplemente Cristina

Cristina Elisabet Fernández nació en La Plata en 1953. Se sabe que su papá era un empresario de colectivos, y su mamá,  ama de casa. Los detalles de su vida antes de la universidad son escasos: un par de novios, pocos amigos. Lo que sí recuerdan sus compañeros en la Facultad de Derecho es que cuando Cristina accedió a ese mundo politizado de los universitarios platenses, el maquillaje ya estaba puesto, el pelo domesticado y las uñas largas y pintadas.  Conoció a Kirchner el Día de la Primavera de 1974 y forma parte del anecdotario familiar que él estaba totalmente borracho cuando los presentaron.

Se casaron en mayo de 1975;  tras el golpe de estado de 1976 migraron a Río Gallegos, donde Kirchner empezó a fantasear con un camino que lo llevara de una intendencia a una gobernación, y de una gobernación a la presidencia.

La vida pública de Cristina comenzó en el sur, cuando ya era madre de Máximo, antes de graduarse de abogada, y cuando faltaban todavía trece años para que naciera Florencia, la hija menor.  En 1987, Néstor Kirchner ganó la intendencia de Río Gallegos y allí emergió Cristina. Fue legisladora electa y reelecta. Mientras el plan a largo plazo iba cumpliéndose, Cristina fue diputada provincial, reelecta dos veces, senadora nacional, miembro de la Convención Constituyente, senadora otra vez. Además aprovecharon para amasar una gran fortuna.

Cuando lanzó en 2005 su última candidatura al Senado, se enojó porque el cartel del teatro donde hizo su aparición decía “Cristina Kirchner”. “No soy Cristina Kirchner. Soy Cristina Fernández de Kirchner o simplemente Cristina. Ténganlo en cuenta la próxima vez”, dijo al final de su discurso. La próxima vez sería en 2007, para las presidenciales que ganó.

Pocos días después de su posesión como primera presidenta electa del país, vino el primer escándalo: la Policía Federal había encontrado unas valijas repletas de dólares, provenientes de Venezuela que supuestamente financiarían su campaña.  Luego estalló el conflicto con el campo,  la ruptura política con su vicepresidente, la inflación, la Ley de Medios, la estatización de los fondos de pensión privados, el uso de fondos públicos para saldar la deuda externa, la manipulación de las cifras oficiales...

Pero conformó con Néstor un equipo y sus decisiones siempre fueron tomadas en conjunto. Eso los blindó. Buscaron en el populismo y en los acuerdos políticos la forma de contrarrestar los escándalos, con un éxito rotundo. Con componendas y beneficios salariales lograron el apoyo de los sindicatos; y con el uso de los medios de comunicación oficiales y el abuso de la pauta oficialista, contrarrestaron la mala imagen que estaban provocando los medios de comunicación privados.

Sin embargo, la temprana muerte de Néstor Kirchner (27 de octubre de 2010) cambió la estrategia familiar. Kirchner era la punta de lanza de su proyecto presidencial y por eso muchos creyeron que sin K al lado, Cristina no podría manejar los hilos políticos. Pero la tragedia se convirtió en una especie de bendición: la muerte de Néstor Kirchner es, en parte, la razón de la buena imagen de la que goza hoy Fernández.

Ella lo sabe y por eso ha hecho que su marido siga omnipresente en la vida política nacional. El torneo de fútbol nacional (cuya transmisión televisiva depende del Estado) lleva su nombre; han surgido libros y películas que repasan su vida y en los programas de la televisión estatal se le menciona con regularidad.

“En realidad, Cristina Kirchner estaba condenada a buscar su reelección desde la muerte de su marido”, afirma  el columnista de La Nación, Fernando Laborda. Hoy, el triunfo de Cristina se da por descontado. Según diversas consultoras, la duda no es si ganará el 23 de octubre próximo, sino si logrará alcanzar la mayoría suficiente o deberá ir a una segunda vuelta.

Diversos sondeos la ubican a una distancia sideral de sus oponentes, rozando una intención de voto que oscila entre 50% y 53%. Faltan todavía cuatro meses y, tal como lo advierten diversos analistas políticos, la oposición necesita lanzarse inmediatamente a una dura campaña si quiere acortar distancias.  La incógnita ahora, dice el politólogo Julio Burdman, es cómo será el tránsito por cuatro años que se avizoran complicados: “Un Congreso poco dócil, las grietas de una economía recalentada, la inflación, el dólar y la presión sindical serán los principales problemas que tendrá que solucionar en el corto plazo”.

Si triunfa, la presidenta habrá garantizado tres mandatos consecutivos del kirchnerismo. Lo difícil, sostiene Marcos Novaro, del Centro de Investigaciones Políticas, no será ganar,  “sino enfrentar lo que sigue”.

Los otros candidatos   de la carrera presidencial

Ricardo Alfonsín

Hijo del fallecido expresidente argentino Raúl Alfonsín, este político, abogado y maestro es candidato por un frente liderado por la Unión Cívica Radical (UCR, socialdemócrata), la segunda fuerza parlamentaria del país. Según los sondeos, aunque su imagen favorable ronda el 46%, está muy lejos de alcanzar a Fernández.

Eduardo Duhalde

Presidente del país (2002-2003) es uno de los postulantes del peronismo disidente. Ha sido uno de los más duros críticos de la presidenta argentina, incluso ha dicho que está inhabilitada porque tiene serios problemas mentales.

Elisa Carrió

Candidata por la Alternativa por una República de Iguales (ARI), movimiento que ella fundó, ha sido candidata presidencial en dos oportunidades (2003 y 2007). Según las encuestas, está muy lejos de alcanzar a la presidenta. Los últimos informes muestran que está 30 puntos por debajo de Fernández.

Reacciones  frente a la reelección presidencial

‘‘Cristina es la candidata natural para conducir y profundizar este proyecto de transformación política, económica y social”.

Débora Giorgi,  ministra de Industria

‘‘Fue la confirmación de algo que se daba por hecho. La verdadera noticia habría sido que la presidenta no se lanzara de nuevo”.

Julio Cobos,  actual vicepresidente

‘‘Ella no está preparada para gestionar, quien movía los hilos era Néstor Kirchner, por eso el desorden que vemos en todo”.

Eduardo Duhalde,  expresidente

‘‘Creí en un dolor sincero por el deceso de su esposo, pero considero que está llevando a cabo un proselitismo del luto”.

Elisa Carrió,   candidata presidencial