Cuando el mundo conoció Machu Picchu

La ciudadela del imperio inca, de la que aún se especula acerca de su verdadero uso, cumple un siglo de redescubierta. Sus estructuras han permanecido más de 600 años en pie.

El imperio más grande de América fue diezmado en sus territorios y en parte de su población por la llegada brutal de los españoles, quienes en su afán de riqueza, conquista y gloria arrasaron con la organización de una cultura firme, con muchas décadas de existencia. Pero la invasión no fue capaz de devastar las estructuras físicas tan perfectas que los incas construyeron como parte de su poderío. Machu Picchu o ‘Montaña Vieja’, en lengua inca, fue la más imponente, tanto que casi siete siglos después aún el mundo se maravilla con esta ciudadela que se resistió a perderse entre la maleza.

Hoy, Perú celebra 100 años desde que un explorador nacido en Hawái llegó hasta la ciudad abandonada y la dio a conocer al mundo. Pero allí no empezó la historia. El imperio, que llegó a manejar territorios de Perú, Ecuador, Bolivia, Chile y hasta de Argentina, en épocas en que gobernaba el inca Wiraqocha (siglo XIV), sufrió ataques de los vecinos occidentales, los chancas, quienes sitiaron el Cuzco hasta que fueron liberados por un nuevo héroe llamado desde entonces Pachacútec Inca Yupanki (el inca que domina todo y devuelve la tierra). En ese momento se inició la expansión de sus dominios y el manejo político y económico de un territorio que fue creciendo  a base de conquistas y alianzas.

Los incas se caracterizaron por el dominio de la naturaleza, lo que les permitió crecer en diversos desarrollos arquitectónicos, donde el manejo de la piedra y de avanzadas técnicas de ingeniera fueron sus mayores logros. Conociendo estas fortalezas de su pueblo, Pachacútec no dudó en mandar a construir un lugar donde se pudiera rendir culto a su cuerpo cuando él falleciera.

Según cuenta Luis Guillermo Lumbreras, antropólogo, historiador e investigador de Machu Picchu, “lo que sabemos es que era un santuario en el sentido en que allí se rendía culto a las momias del emperador Pachacútec y de las personas que lo acompañaban. Era un lugar equivalente a un mausoleo, con una organización similar a una ciudadela. Había templos, espacios para depositar las momias, realizar los ritos y todo lo que  requerían como parte del culto a los muertos”.

Entre 30 y 50 años pudo haber tardado la construcción de Machu Picchu. Lumbreras calcula que allí vivían de 200 a 300 personas, entre sacerdotes, líderes y gente al servicio del culto, que ejercían, entre otras cosas, la función de cuidar cultivos de coca, maíz y plantas aromáticas que se sembraban en las terrazas que hoy todavía existen.

En el siglo XVI llegaron los españoles, quienes con la idea de imponer su dios comenzaron con la extirpación de idolatrías y arrasaron con todo lo que pudiera ser signo de un culto diferente, como el que se rendía en Machu Picchu. El arqueólogo habla de varias evidencias de incendios y  saqueos  en el lugar.

La historia moderna

Melquiades Richarte y Anacleto Álvarez vivían con sus familias en medio de un bosque en el que la maleza cubría algunas construcciones en piedra, que para ellos no representaban más que vestigios de un pasado sin mucha curiosidad por descubrir. Debido al difícil acceso al lugar donde se encontraban, estos campesinos recibían pocas visitas.

Todo cambió en julio de 1911, cuando a su hogar llegó su amigo Melchor Arteaga acompañado de un forastero llamado Hiram Bingham y de un sargento de la policía, quienes querían ver las casas antiguas que estaban bajo el monte, de las que Arteaga les había hablado.

Richarte encargó a su hijo para que le mostrara a Bingham los lugares donde él jugaba. Horas más tarde, las ruinas fueron tomando forma y el explorador se dio cuenta de que las piedras pertenecían a viejos muros desplomados, las casas antiguas eran las construcciones de una ciudadela incaica y las granjas, campos agrícolas que, en forma de terrazas, habían construido los incas. El hombre nacido en Honolulu (Hawái) y enviado por la Universidad de Yale (EE.UU.) en una excursión por Suramérica, había descubierto Machu Picchu.

Ese momento es el que hoy celebra Perú como un gran hallazgo arqueológico, uno de los más importantes de la era moderna. La imponencia del imperio inca, representada en Machu Picchu, se ganó la posteridad.

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