La importancia de los archivos para construir la verdad del conflicto armado

hace 3 mins

Dadaab, sin una solución

Sentada sobre la arena, tras unos alambres de espino, Yasmin Abdikadir espera su turno delante de uno de los centros de registro de refugiados de Dadaab, en el este de Kenia.

Bajo su ropa, esta joven somalí protege de un sol inclemente a su bebé, nacido en el camino. Para atender a los miles de somalíes que llegan a Dadaab, el mayor campo de refugiados del mundo, huyendo de la hambruna y los conflictos armados, la comunidad internacional presionó recientemente a Kenia para que abra un nuevo campo. Pero este país se opone, porque considera que el flujo de refugiados somalíes es insostenible.

Yasmin Abdikadir partió de Mogadiscio hace 20 días. Acompañada de sus cinco hijos, inició un periplo en un minibus que fue interceptado por “milicianos y ladrones”. Embarazada de su sexto hijo, tuvo que continuar a pie. “Parí con la ayuda de gente con la que viajaba”, cuenta. Eso fue hace cuatro días, la víspera de su llegada a los campos de refugiados de Dadaab.

El campo de Dagahaley, ante el que espera esta joven de 23 años, registra entre 600 y 700 personas al día, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). El flujo de llegadas a Dadaab es tal que los refugiados deben instalarse en chozas improvisadas con ramas recubiertas de plástico, fuera de la delimitación oficial de los campos.

En Somalia, la sequía se ve agravada por incesantes conflictos armados, en medio de una guerra civil que dura ya dos décadas. Miles de somalíes huyen por Kenia y Etiopía. Los insurgentes islamistas, por su lado, anunciaron que mantienen la proscripción de las organizaciones humanitarias. Acnur decidió pese a todo ampliar la capacidad de los campos de Dadaab a partir de hoy.

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