Diez años de voluntariado

John Jairo Duque, de 29 años, es operador de ensamble de GM Colmotores.

Él lo tiene todo en la vida para ser feliz: un buen empleo, una casa, una familia, amigos, novia y las ganas de colaborar y prestar servicio a quienes, a diferencia de él, viven en improvisadas viviendas hechas de plástico, palos, cartón y periódicos.

Desde hace dos años, tiempo que lleva trabajando en esta compañía, hace parte del grupo de 800 empleados que se internan semanas enteras en campamentos de construcción de viviendas, ubicados en diferentes zonas del país. Son días enteros sin ver a sus padres, pero satisfactorios, según John Jairo, “al ver las caras de los niños y mamás agradeciendo el trabajo que hacemos. Lo más bonito es verles ese brillo en los ojos cuando se les entrega la casa, que los niños nos acompañen a pegar ladrillos. es muy hermoso”.

Los trabajadores de esta ensambladora prestan sus servicios de voluntariado a más de diez fundaciones, entre las que están Asociación Cristiana de Jóvenes, Fundación Catalina Muñoz y el Minuto de Dios. Todo este esfuerzo es un elemento fundamental de la línea de contribución a la sociedad, la cual hace parte de la estrategia de responsabilidad social de esta empresa.

Ayudar a construir casas no es la única labor que se desarrolla a través de la Fundación Chevrolet. Su estrategia va desde programas educativos como la Academia Chevrolet para Taxistas —en alianza con el Sena— y el Semillero Automotor —junto con el Centro Juan Bosco Obrero—, hasta planes empresariales como el de Movilidad —en asocio con la Universidad de los Andes—.

Según Santiago Chamorro, presidente de GM Colmotores, “el voluntariado corporativo es un valor agregado de la empresa. No hay que pensarlo como un acto de generosidad. Lo más importante es que se ha creado una cultura de ayuda y solidaridad en nuestros trabajadores. Quienes hacemos parte de este comunidad, llevamos en nuestra mente una actitud de servicio”.

John Jairo piensa en voz alta: “mientras que yo vivo en un palacio, ellos viven en cambuches. Ver la realidad de los otros y compararla con la nuestra, produce un choque emocional muy grande”. Ponerse en los zapatos de quienes día a día luchan por sobrevivir, ha hecho que John Jairo sea un voluntario, no por compromiso con la empresa, sino con las comunidades, por ejemplo, de Cazucá o Simón Bolívar (sur de Bogotá). Gente que él considera como su familia, una numerosa familia.
 

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