Distrito lechero que se ahoga

Alcalde de ese municipio dice que la producción ganadera se reducirá en un 80%.

Las cifras parecen irrefutables: en la provincia de Ubaté, conformada por 10 municipios, a unas dos horas de Bogotá, 15 mil hectáreas de terrenos que en tiempos mejores fueron prósperas praderas hoy están bajo el agua. Los ríos Sutatausa, Ubaté, Lenguazaque, Suárez y las lagunas de Fúquene y Cucunubá se desbordaron e invadieron todo a sus alrededores debido al fuerte invierno y a la condición endeble de los jarillones (muros de contención) que hacían las veces de guardianes. 1.600 familias van damnificadas, 50 mil cabezas de ganado fueron evacuadas hacia las partes altas y 853 microempresas productoras de lácteos están en riesgo de sufrir crisis económicas severas.

Pero más allá de las cifras, están los paisajes, y los paisajes cuentan más detalles del drama en el que literalmente se sumerge el otrora distrito lechero más grande del país: los cascos rurales lucen como interminables piscinas de color café, de las que sobresalen techos moribundos que recuerdan que hasta hace muy poco, apenas una semana, existían por aquí ranchos ganaderos que por generaciones fueron la columna vertebral de la economía de la región.

En menos de lo que canta un gallo las cosas cambiaron para miles de familias, muchas de las cuales en medio de la desesperación se vieron obligadas a prácticamente regalar sus animales a cambio de no verlos ahogados. Cuentan por las calles de Ubaté que vacas que costaban cuatro millones de pesos fueron vendidas  por 700 mil. Los compradores supieron de la tragedia por televisión y acá llegaron desde la sabana, desde los llanos, desde Pasto. El lunes un ganadero millonario que lo perdió todo casi agrede a un alto funcionario de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR).

Quienes corrieron con un poco más de suerte fueron los que lograron llevar sus cabezas de ganado a veredas altas desde las cuales tratan de seguir trabajando, aunque desde ya el alcalde de Ubaté, Richard Pachón, advierte que con seguridad la producción de lácteos en la provincia se reducirá en las próximas semanas en un 80%. El hecho afectará principalmente a los cerca de cien mil habitantes del sector, que se autoabastecen de leche y quesos, y a las grandes empresas que hacen negocios con ellos, entre las que se cuentan Alpina, Algarra, Parmalat y Alquería.

Frente a uno de los boquetes que abrieron las aguas para entrar indiscriminadamente a las fincas (el cual está tratando de ser arreglado por funcionarios de la CAR, de la Alcaldía local y miembros del Ejército), el alcalde Pachón se lamenta: “Esta es la tragedia más grande que ha vivido la provincia en toda su historia. Tardaremos, al menos, dos meses en sacar el agua”.

¿Y quiénes son los responsables? “Lo más fácil es echarle la culpa a la CAR, pero lo cierto es que en este país todos le dimos la espalda al medio ambiente. Así se hubiesen hecho los jarillones en concreto, la lluvia no nos iba a perdonar y esto igual hubiera pasado”.

El mandatario declaró la urgencia manifiesta (para poder contratar adecuaciones) y la emergencia económica, medida con la que espera conseguir ayudas para los microempresarios más afectados. Dice que el Gobierno Nacional, el Ejército y la CAR no los han abandonado. Los habitantes de la zona, cuyo bienestar depende básicamente de la ganadería, de la lechería y de la minería, sólo esperan que eso sea cierto.

Bajo el agua U. Sabana

A las 9:30 a.m. de ayer se rompió el jarillón que contenía el agua del río Bogotá y se ubicaba en el costado sur de la sede campestre de la universidad de la Sabana, cerca al municipio de Chía, a una hora de Bogotá. El líquido invadió todos los edificios de la institución que se vio obligada a cancelar las clases y actividades académicas indefinidamente, según lo informó el rector Obdulio Velásquez. Ocho mil estudiantes están afectados.

Para ver infografía sobre la tragedia invernal en Colombia y en Bogotá, clic aquí.