A dos días de la OEA

La Asamblea Extraordinaria de la Organización de Estados Americanos, que tendrá lugar pasado mañana, sellará el regreso de la nación centroamericana al organismo.

Todo está listo para que pasado mañana Honduras retome su asiento en la Organización de Estados Americanos (OEA), tras más de año y medio de marginación. Según confirmó a este diario la canciller colombiana María Ángela Holguín, la Asamblea Extraordinaria del miércoles en Washington servirá para que se oficialice el retorno al organismo, un paso previo para que en la Asamblea General del próximo domingo el país centroamericano pueda ejercer como miembro pleno.

El miércoles, entonces, se dará el paso definitivo en el regreso de la normalidad a Honduras. Después del golpe de estado del 28 de junio de 2009 contra Manuel Zelaya, el país había entrado en una suerte de aislamiento regional, y recibido críticas que lo tildaban de antidemocrático, con un Manuel Zelaya que se debatía entre el exilio y procesos penales en su contra.

Finalmente, después de un exhaustivo proceso de negociación entre el actual presidente, Porfirio Lobo, y el propio Zelaya —mediado por la canciller Holguín y el presidente Juan Manuel Santos—, el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, podrá ver de vuelta a Honduras en el organismo. Esto ocurrirá después de que fuera él quien en 2009, luego de una  fallida visita a Tegucigalpa, preparara la expulsión de la nación.

“Sin duda alguna es un regreso a la normalidad del orden político interamericano, que hasta ahora funcionaba sin una pieza y tenía al tema de Honduras como un asunto que debía solucionar antes de ocuparse de otros temas igualmente importantes. En cuanto a la política interna hondureña, creo que el retorno de Zelaya es un paso, pero habrá que esperar los resultados que su retorno genera en la población y el gobierno”, explica el analista internacional, Enrique Serrano.

Del lado de Zelaya, recibido el sábado por miles de sus simpatizantes en Tegucigalpa, parecen claras la intenciones después de su primer discurso, en el que les pidió a sus seguidores retomar la “lucha política pacífica y democrática”. “El país elegirá presidente en 2013 y es muy probable que yo sea candidato”, dijo a sus simpatizantes.

El presidente derrocado se refirió a sí mismo como un “liberal prosocialista en resistencia”, una definición que seguramente no cayó bien entre los empresarios y políticos que apoyaron el golpe de Estado. Antes de ser removido del poder, Zelaya intentó incrementar el salario mínimo para los hondureños en un 60%, lo que al final se convirtió en una de las más grandes motivaciones de su caída. A ese tipo de antecedentes, por ejemplo, se refiere Serrano como los temas pendientes por solucionar. Así que dentro de poco, la OEA tendrá la posibilidad de colaborar en estas soluciones.