"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 7 horas

DSK sacude la política francesa

La posibilidad de que el exdirector del FMI sea sobreseído en el caso de abuso sexual abre varios escenarios de cara a la carrera presidencial que recién empieza.


Después de pasar una noche, la del 15 de mayo, en una comisaría de Harlem, cuatro días en una celda de diez metros cuadrados en la peligrosa prisión de Riker Island y casi un mes y medio recluido en un piso de lujo en Manhattan; convertido en un villano planetario, carbonizado política y personalmente; preparando su defensa, Dominique Strauss-Kahn, de 62 años, salió el domingo por la noche a cenar. Fue su primera salida en su nueva vida de libertad (condicional). Según un cliente que cenaba en una mesa contigua, DSK y su mujer, la experiodista multimillonaria Anne Sinclair, a su lado durante todo este episodio alucinante, estuvieron, junto a otros dos amigos, sonrientes toda la noche, bromeando, comiendo con ganas.

Así, sonriente, confiado, salió del juzgado de Nueva York el viernes pasado, después de que el juez levantase la fianza y las draconianas —y costosas— medidas de seguridad  (brazalete electrónico, guardias armados, vivienda con videovigilancia, prohibición de salir excepto a visitar al médico, al abogado o a la iglesia...) que soportó durante su reclusión. Era la primera vez, desde hace 45 días, que se le veía sonreír.

Strauss-Kahn, hasta el 15 de mayo, día de su detención, era uno de los amos del universo y una suerte de Mesías para la izquierda francesa: por un lado, director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), viviendo en Washington, parte decisiva en los rescates financieros de países en apuros económicos; por otro lado, esperanza para el Partido Socialista francés (PS), una formación abonada a la derrota en las tres últimas elecciones presidenciales, que confiaba en el regreso a París de DSK para vencer a Sarkozy en 2012. “¿Cuándo vendrá Strauss-Kahn?” era la pregunta recurrente en la prensa y en la clase política francesa desde 2008.

Pero, después del 15 de mayo, acusado formalmente de violación, convertido en un cadáver político, fue despojado de todo: dimitió del FMI, y, tras un mes de estupefacción, su partido y la vida política francesa comenzaron a girar sin él. La semana pasada, Christine Lagarde, exministra de Economía francesa, le relevaba al frente del FMI, y, por otro lado, arrancaban las primarias socialistas —y la carrera a las elecciones presidenciales de 2012— con la apertura de la presentación de candidaturas.

Ahora todo ha vuelto a cambiar en esta noria desenfrenada. El fiscal no cree del todo a la limpiadora del hotel y los expertos en derecho estadounidense que continuamente visitan los platós de las televisiones francesas repiten que DSK tiene las de ganar en el proceso. Las primarias socialistas, que iban a consistir —que de hecho estaban consistiendo— en un combate a tres bandas entre tres candidatos principales que se detestan cordialmente (François Hollande, Martine Aubry y Ségolène Royal), se han visto sacudidas de arriba abajo. El propio Hollande ha pedido que se retrase el plazo para presentar las candidaturas, que acaba en teoría el 13 de julio, a fin de dar tiempo a DSK, que comparecerá de nuevo ante el tribunal de Nueva York el 18 con posibilidades de quedar libre por completo. Royal manifestó ayer que está de acuerdo con esa idea. En Francia, todos vuelven a hacerse, paradójicamente, la misma pregunta: “¿Volverá DSK?”.

Si lo hace, más que un Mesías, el político francés regresará transformado en una suerte de conde de Montecristo tras experimentar una resurrección impensable e impredecible, dispuesto a recuperar su honor y su dignidad pisoteada y, tal vez, su puesto al lado de los amos del universo. Hay tres posibilidades.

La primera es que decida lanzarse a las primarias y a la carrera electoral de las presidenciales de 2012. Un amigo suyo, el diputado Julian Dray, asegura que tiene “ganas de comerse el mundo”. Deberá luchar contra las revelaciones sobre su vida privada publicadas desenfrenadamente desde hace un mes y medio, contra su fama de mujeriego y acosador. Su irrupción, en teoría, debilitaría a Martine Aubry, con la que DSK acordó, hace meses, antes de que todo se revolucionara, no presentarse uno contra otro. Durante mucho tiempo Aubry, primera secretaria del PS, por detrás en los sondeos de DSK, pensó en echarse a un lado y dejarle toda la plaza a su aliado. La carbonización de Strauss-Kahn, la certeza de que su carrera política había terminado para siempre y de que estaba fuera de combate empujó, según muchos, a Aubry, a dar el paso el martes y presentarse a las primarias.

La segunda posibilidad es que DSK regrese pero decida, agotado de la experiencia sufrida, apartarse de la vida pública, por lo menos durante un tiempo. Nadie sabe cómo le ha afectado este mes y medio. “Yo conocía al Dominique de antes del 15 de mayo; no sé en qué se habrá convertido después de todo esto”, resumía el viernes el diputado socialista y amigo suyo François Pupponi.

La tercera es que se retire a medias, que decida no presentarse pero señale a un favorito, que, según los analistas, sería, precisamente, Martine Aubry, la persona a la que le unía el pacto de no agresión.

Por ahora, como asegura el diputado Pierre Moscovici, próximo a DSK, toda especulación sobre su retorno “es surrealista”. Jean-Marie Le Guen, diputado socialista y amigo de DSK desde hace 30 años, habló con él por teléfono y asegura a Le Monde que lo encontró “combativo, curioso por lo que le ocurre a Francia”. Añadió que el político se explicará cuando esté libre de toda sospecha. “Y lo hará aquí, en su país, cuando el juez le haya devuelto el pasaporte”.

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