EE.UU. y Pakistán se comprometen a encarrilar su lucha contra el terrorismo

Pakistán es desde hace décadas uno de los principales aliados de Estados Unidos en el sur de Asia.

EE.UU. y Pakistán se comprometieron a volver a encarrilar su relación para combatir el terrorismo tras la crisis bilateral entre ambos países por la localización y muerte de Osama Bin Laden en suelo paquistaní por comandos estadounidenses.

El compromiso figura en un comunicado conjunto emitido por la Embajada estadounidense en Islamabad y la presidencia paquistaní en el marco de la visita del enviado de EEUU John Kerry para entrevistarse con el liderazgo político y militar de este país.

“Hay que reiniciar nuestras relaciones y aprovechar la oportunidad para encauzarlas” afirmó Kerry durante su estancia, se precisa en el comunicado suscrito por la Legación diplomática de EEUU y la oficina del presidente paquistaní, Asif Ali Zardari.

El senador demócrata, al que la prensa local ha denominado el “solucionador de problemas” del presidente estadounidense, Barack Obama, mezcló en sus declaraciones públicas en Islamabad su habitual tono conciliador con un mensaje de firmeza respecto a la postura que Washington espera de Pakistán en la lucha contra el terrorismo.

El enviado especial de la Casa Blanca afirmó en ese sentido en rueda de prensa que “el pueblo paquistaní decidirá en qué tipo de país se convierte Pakistán, si en un refugio para extremistas o en la democracia que soñó su fundador, Ali Jinnah”.

“No estoy aquí para pedir perdón por un triunfo sin precedentes contra el terrorismo, sino para ver cómo manejamos una relación que es crítica para nuestros dos países”, añadió Kerry, que anunció como muestra de buena voluntad de su país la próxima visita a Pakistán de la secretaria norteamericana de Estado, Hillary Clinton.

Sobre el secretismo de la operación contra Bin Laden, el ex candidato presidencial norteamericano por los demócratas se excusó en la necesidad de salvaguardar la seguridad de los profesionales que actuaron en la intervención armada, y negó que hubiera ninguna desconfianza hacia las autoridades paquistaníes.

Kerry reconoció que las autoridades de su país se habían equivocado dejando escapar a Bin Laden de las montañas afganas en 2001 y que, ante una segunda oportunidad, no se podía poner en riesgo la operación.

“Muchos oficiales de muy alto nivel en Washington sólo lo supieron horas antes e incluso yo mismo no me enteré hasta después de la operación”, resaltó.

Respecto a las acusaciones paquistaníes de violación de la soberanía nacional por parte de EEUU, Kerry afirmó entender el sentimiento de los paquistaníes, pero reiteró que quienes realmente violan la soberanía nacional son los terroristas como Bin Laden.

La visita de Kerry se produce en medio de sospechas en las altas esferas políticas de Washington de que Pakistán no hizo todo lo posible por apresar al líder de Al Qaeda y que Bin Laden contaba con algún tipo de apoyo en territorio paquistaní.

Esa desconfianza se habría trasladado, según algunos analistas y medios, al control del arsenal nuclear paquistaní, algo que el senador Kerry quiso desmentir.

Según un comunicado de la oficina del primer ministro paquistaní, Yusuf Razá Guilani, Kerry afirmó durante la entrevista entre ambos que podía “escribir con sangre” que EEUU no tiene interés en tomar el mando de las instalaciones nucleares de Pakistán.

El senador por Massachussets ya fue decisivo hace tres meses para la solución de la anterior crisis diplomática entre Washington e Islamabad, surgida a raíz del encarcelamiento y posterior liberación de un agente encubierto de la CIA que tiroteó a dos jóvenes en la ciudad de Lahore, en el este de Pakistán.

Pakistán es desde hace décadas uno de los principales aliados de Estados Unidos en el sur de Asia, donde es el mayor beneficiario de la ayuda norteamericana, un apoyo financiero que no ha cesado de crecer en los últimos años por la necesidad de la cooperación logística paquistaní a las operaciones militares de las tropas estadounidense en el vecino Afganistán.