El agua está de vuelta

Aunque desde hace dos semanas la Universidad de la Sabana estaba seca y se recuperaba de la inundación de finales de abril, ahora su campus está otra vez completamente anegado.

Más de 30 mil hectáreas anegadas. Setenta mil afectados. Cultivos enteros bajo aguas putrefactas. Cerca de 56 mil cabezas de ganado sin pastizales para alimentarse.  La emblemática Universidad de la Sabana inundada dos veces en un mes. Pérdidas superiores a los $215 mil millones. La ola invernal es la mayor tragedia que ha vivido el departamento de Cundinamarca en su historia. Y seguirá lloviendo.

Después de la primera inundación de la Universidad de la Sabana, el agua fue evacuada exitosamente y el campus permaneció dos semanas como una isla seca en medio del inundado municipio de Chía. Pero las aguas volvieron, acabaron con las labores adelantadas para recuperar el campus y plantearon el reto de buscar soluciones más efectivas a las implementadas. Sin embargo, la Universidad pondrá en marcha exactamente el mismo proceso para recuperar su territorio, corriendo el riesgo de una tercera inundación.  

La primera ocurrió tras la ruptura de un jarillón el lunes 25 de abril. Cuatro días después, gracias a la titánica labor de hombres que con costales de arena reconstruyeron el jarillón, dejó de entrar el agua. Y dos semanas después, con doce motobombas  capaces de extraer 120 mil litros  por segundo,  ya se habían evacuado los 500 mil metros cúbicos de agua que inundaban la universidad.

Si las doce motobombas se hubieran usado al tope, se hubiera podido extraer la totalidad del agua en tres días. Sin embargo, según cuenta el rector de la Universidad, Obdulio Velásquez, el  bombeo se hizo gradualmente hacia el río Bogotá, siguiendo los ritmos de su caudal, para no provocar una creciente que causara inundaciones en otros sectores.

Evacuada el agua, se inició un proceso de recuperación del campus universitario,  avalado por expertos de Estados Unidos que manejaron las inundaciones provocadas por el huracán Katrina durante 2005.  El plan de recuperación, inspirado en el ejemplo de EE.UU., en los protocolos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y adaptado al contexto particular de la Sabana,  indica cómo proceder: primero, con una etapa de alerta y mitigación de riesgos en la que se impide la entrada de más agua; segundo, con una fase de respuesta en la que se saca el agua; tercero, con una fase de rehabilitación en la que se desinfectan y limpian  las instalaciones; y cuarto, en un proceso de reconstrucción sobre las superficies desinfectadas.

  Hasta el pasado jueves, las labores en la Universidad iban en la tercera fase. Un ejército de hombres con trajes especiales adelantaban la fumigación y limpieza para rehabilitar las instalaciones. Se planeaba que esta fase concluiría a finales de junio para iniciar con la reconstrucción del campus.

 Pero después de la medianoche del jueves, a pesar de que el nivel del río se había estabilizado, otro jarillón, ubicado en el costado que da a la variante hacia Chía, se rompió. El agua volvió a inundar la Universidad y acabó con el proceso adelantado hasta el momento.

Según ingenieros de la Corporación Autónoma Regional (CAR) de Cundinamarca, los actuales niveles de presión del río Bogotá (y de los demás afluentes del país), provocados por el invierno, no se presentaban hace más de cien años. Los jarillones no aguantan esta presión y terminan por colapsar.

Después de esta nueva inundación, que alcanza hasta dos metros de altura dentro del campus, se reiniciará exactamente el mismo proceso de recuperación, por lo que se corre el mismo riesgo de que el agua vuelva a invadir las instalaciones.

El agua que se bombea al río Bogotá, aunque se haga de manera gradual, termina por inundar los terrenos que limitan con el campus, desde donde el agua se devuelve (fue allí donde se rompió el último jarillón).

También inunda los predios del costado occidental de la variante Chía-Bogotá, donde hay jarillones rotos. Para estos predios, inundados desde hace más de tres semanas, el Cuerpo de Bomberos del municipio pidió a Codensa un transformador pensando en poner en marcha una motobomba de 24 pulgadas que devuelva el agua al río (aunque devolver el agua al río no es solución definitiva), pero la empresa, según el capitán Jairo Garzón del Cuerpo de Bomberos, “nunca prestó la ayuda; fue la Alcaldía municipal la que dio una planta eléctrica para ponerla en funcionamiento”. La motobomba ha presentado fallas eléctricas y aún no funciona a cabalidad.

El pronóstico del Ideam indica que seguirá lloviendo. Entretanto, la Universidad reinicia su recuperación y espera comenzar en julio la fase de reconstrucción, aunque expuesta a que sus esfuerzos vuelvan a quedar bajo el agua.