El amor, cuestión de locos

'Locos', una película colombiana dirigida por Harold Trompetero, le apuesta a la mezcla de humor y profundidad.

Son tiempos de cine colombiano. Buenos tiempos. Tiempos de locos. Cómo no, si implica tomar riesgos, salir del lugar común, crear un lenguaje diferente, llorar para terminar riendo. Así fue hecha Locos, dirigida por el bogotano Harold Trompetero y protagonizada por Marcela Carvajal y César Badillo.

La historia comienza con la soledad de un pintor frustrado, se pone interesante con los ojos verdes de una esquizofrénica y se sale de casillas cuando estos dos personajes deciden estar juntos. Amor, locura, aislamiento, humor: algunos ingredientes de esta ‘fórmula’ que en 2009 fue la ganadora del Estímulo del Fondo de Desarrollo Cinematográfico en la modalidad producción cinematográfica.

De Badillo también se puede decir que fue el script doctor, o curador del guión, de un argumento que tardó unos ocho meses de trabajo para evitar ridiculizar a personajes, como él dice, tan nobles como los locos. Eso lo sabe bien este actor, quien durante 12 años ha interpretado al Quijote de la Mancha con la compañía del Teatro La Candelaria y que con este rol se volvió un loco diferente para la pantalla grande.

¿En qué se parecen la locura y el amor?

Enamorarse es un estado de demencia, una pequeña muerte, es salirse de ese pequeño mundo que uno tiene y aceptar la diferencia del otro, con todo y el miedo que eso produce. El abismarse con otra persona le corre a uno el piso. La película juega mucho por ahí, aceptar lo distinto, pero en extremo total. Por eso los protagonistas de Locos no se diferencian mucho de la gente ‘cuerda’.

¿Quién es Eduardo, su personaje?


Es un hombre solitario que trata de ver el mundo desde su encierro total, casi autista. Es un pintor de brocha gorda que llega a un hospital de enfermos mentales a trabajar y se enamora de Carolina (Marcela Carvajal), la loca. De pronto algo le hace un clic y encuentra a una persona con quien abismarse. Es importante el dolor que hay detrás y quién salva a quién.

¿Hay que estar un poco loco para hacer este papel?

El trabajo de la actuación sí trata de salirse de los esquemas para asumir algo distinto a uno, pero creo que también se necesita mucha razón. Todo implicó un trabajo de mucha elaboración mental.

De hecho, usted escribió el libro ‘El actor y sus otros’. Tal vez haya un chiflado en esos otros…

Todos los seres humanos somos una multiplicidad de cosas, jugamos papeles. Lo que busca el actor es encontrar qué tiene él de cierto personaje y volver eso parte de su existencia. Los personajes no están afuera, sino adentro. Por ejemplo, cuando interpreté al Quijote me di cuenta de que hay montones de imaginarios en todo el mundo, pero para mí el Quijote es el que tengo adentro.

¿Y se parecen el Quijote y Eduardo?

Lo del Quijote es una locura filosófica, no es literal. Es una locura como para desaburrirse, proyecto, una actitud frente a la vida. Nada de lo que él hace es verdad, ni siquiera Dulcinea existe. Mientras que Eduardo realiza su locura, trata de hacer sus cosas solo, no tiene un proyecto filosófico. A su Dulcinea la encuentra y es un estrellón.

¿Cómo evitó caer en lugares comunes con la temática de ‘Locos’?

No queríamos llegar a ridiculizar algo tan fuerte. Esta historia contada sin ninguna profundidad puede ser un cliché. Entonces tratamos de buscarle un fondo a todo el problema humano de esos seres marginales, esas sombras, y verlos con unos ojos menos juzgadores.

¿Aquí vemos una apuesta por salirse de temas como la droga o la violencia en Colombia?

Esta película también muestra parte del panorama colombiano. El arte es una de las formas de abordar la intimidad, el amor, la soledad. De hecho, el encierro es algo que en estas grandes ciudades se vive mucho. Casi que son  una cárcel. Locos aborda esa intimidad de lo que vivimos, de cómo asumimos los encuentros con el otro y de por qué aislarse es un problema.

¿Qué lo enamoró del  proyecto?

El personaje. Eduardo tenía que ver con las vivencias de uno, de todos, como el enamorarse desenfrenadamente. Siempre me gusta involucrarme en proyectos en los que haya química, en lo que pueda dar una opinión muy respetuosa.

¿Cómo define a  Trompetero, el director?

Él es como muchos de los artistas: tiene dos proyectos, uno que es para sobrevivir y otro que es el proyecto del alma. Locos es un trabajo del alma. Este fue un gran esfuerzo en el que quiso expresar su autoría, su visión. Apenas acaba de cumplir 40 años y ya ha hecho ocho películas y poco a poco va encontrando su lenguaje.

¿Cómo ve ahora la industria del cine en Colombia?

Lo bueno es que está apareciendo bastante cine con sello nacional, la calidad está aflorando y los temas, diversificándose. Además, vamos encontrando nuestro propio lenguaje, diferente al de la televisión.

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