El artífice de los bancos de leche

Con la asesoría de Joao Aprígio Guerra, Colombia busca reproducir una de las estrategias de salud pública más exitosas de Brasil.

“Desde mi punto de vista, la leche materna más que un alimento es un medicamento fenomenal”, dice el brasileño Joao Aprígio Guerra, artífice de una de las iniciativas más exitosas para reducir la mortalidad infantil en el continente y quien se encuentra de visita en Colombia participando en la Primera Conferencia Latinoamericana de Bancos de Alimentos. 

Las razones le sobran para justificar lo dicho. Los bebés alimentados exclusivamente con leche materna tienen menor riesgo de infecciones. Si son picados por un mosquito como el Aedes aegypti, el riesgo de contraer el dengue es menor gracias a las proteínas inmunoprotectoras que guarda la leche materna. Lo mismo sucede con el cólera y otras enfermedades diarréicas.

Por si fuera poco, los bebés que reciben por más tiempo lactancia exclusiva van a desarrollar un coeficiente de inteligencia más elevado, según lo han demostrado diversas investigaciones. Y algo más: el riesgo de contraer linfomas en la vida adulta podría reducirse en un 33%, así como la proclividad a sufrir enfermedad coronaria y diabetes insulino-dependiente.

En el año 2001, la Organización Mundial de la Salud premió la Red de bancos de leche humana de Brasil por considerar que era una de las estrategias que más había contribuido hasta ese momento para reducir la mortalidad infantil en el continente. Desde entonces, Joao Aprígio y sus colegas no han parado de viajar por Latinoamérica llevando su modelo: Venezuela, Argentina, Uruguay y más recientemente Colombia. En hospitales de Bogotá, Ibagué y Medellín se están construyendo bancos de leche humana para atender a los bebés prematuros y ayudar a las madres con problemas para amamantar.

Esta semana, la Fundación Oswaldo Cruz, responsable de la red en Brasil, firmó un acuerdo de cooperación técnica con la Gobernación de Cundinamarca para capacitar profesionales en esta área. El hospital de Fusagasugá es uno de los elegidos para poner en marcha el proyecto.

No ha sido una lucha fácil. Joao recuerda que en 1985 cuando comenzó a tomar fuerza la idea de los bancos, los problemas los estaban ahogando. “En esa época, el  80% del presupuesto de implantación de un banco se tenía que invertir en la compra de los envases que recomendaba la Asociación Americana de Pediatría. Envases que fabricaban empresas americanas. Nosotros nos preguntamos: ¿por qué tenemos que hacerlo con estos envases?”.

Decidieron hacer su propia investigación para comparar esos envases con otros como tetra pak, cartón e incluso envases de mayonesa y café. La conclusión: los envases de mayonesa eran tan efectivos como los que vendían los americanos.

Lo mismo sucedió con los equipos de pasteurización. De US$7.000 por los aparatos importados pasaron a pagar US$1.000 por una tecnología propia de Brasil. La reducción de costos y la creación de un modelo propio adaptado a la realidad local permitió que la red creciera y millares de madres y bebés se beneficiaran en todo Brasil.

Ha sido este difícil camino, en el que lograron que los investigadores y los políticos se dieran la mano, lo que le ha dado el convencimiento de que el amamantamiento es una responsabilidad tan grande que la sociedad no se la puede transferir exclusivamente a las madres.

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