El asesino de Long Island

Más de 10 cuerpos encontrados en los últimos cuatro meses preocupan por la probable aparición de un nuevo asesino en serie.

Por ahora es imposible saber si se trata de 12 u 11 víctimas. Es difícil emitir un concepto antes de que las pruebas de ADN establezcan si el cráneo hallado por las autoridades neoyorquinas corresponde al puñado de huesos de dos cuerpos encontrados a dos kilómetros de ese punto, sobre la línea costera de Long Island. En realidad, más que el número de víctimas, lo que comienza a preocupar es que un asesino en serie esté suelto, escondido en algún rincón de la isla, o caminado plácidamente por Penn Station.

Lo que sí está claro es que desde diciembre de 2010 la zozobra está de visita en Long Island. Cuatro cadáveres fueron encontrados muy cerca de las playas de Oak Beach. Estaban envueltos en bolsas y correspondían a mujeres jóvenes desaparecidas, una de ellas desde 2009. Después se diría, en el típico tono de la prensa sensacionalista, que se trataba de cuatro prostitutas que pactaban sus citas en Long Island con sus clientes a través de los clasificados de la página web Craiglist.

Nueva York, allí donde lo más extraordinario tiene lugar, padecía también los vejámenes de lo macabro y los rostros de Maureen Brainard-Barnes, Melissa Barthelemy, Amber Lynn Costello y Megan Waterman se difundían por todos los medios. Las mujeres habían sido encontradas casi por accidente porque los policías y sus perros entrenados estaban tras el rastro de otra muContent-Disposition: form-data; name="body"

Por ahora es imposible saber si se trata de 12 u 11 víctimas. Es difícil emitir un concepto antes de que las pruebas de ADN establezcan si el cráneo hallado por las autoridades neoyorquinas corresponde al puñado de huesos de dos cuerpos encontrados a dos kilómetros de ese punto, sobre la línea costera de Long Island. En realidad, más que el número de víctimas, lo que comienza a preocupar es que un asesino en serie esté suelto, escondido en algún rincón de la isla, o caminado plácidamente por Penn Station.

Desde entonces, las autoridades han encontrado ocho cuerpos más, entre ellos los de un niño de 18 meses. Todos estos muertos descubiertos en los últimos cuatro meses han estado distribuidos en un diámetro de 10 kilómetros. Al parecer, el asesino encontró su nido.

Dos cadáveres fueron levantados esta semana, cuando ya revive el mito de ‘Jack el destripador’ y cuando se habla de la ruptura triste del récord de Joel Rifkin, un asesino en serie de Long Island que entre 1989 y 1993 mató a nueve mujeres y hoy paga sus crímenes con cadena perpetua.

Hasta el momento, la situación se resume con muchas preguntas y con muy pocas, poquísimas, pistas. Los investigadores creen que se trata de un hombre que conoce muy bien los procesos forenses, que arroja los cuerpos lejos de la escena del crimen y se asegura de minimizar al máximo las huellas de su proceder.

Para este caso, Amanda Barthelemy, hermana de la difunta Melissa Barthelemy, declaró que luego de denunciar la desaparición, comenzó a recibir llamadas del número celular de Melissa. Al responder se escuchaba la voz de un hombre que denigraba del trabajo de su hermana. La comunicación se cortaba antes de que la llamada completara tres minutos. “Esto  indica que sabe que la policía necesita de tres a cinco minutos para rastrear la llamada", según analiza el exdetective de homicidios Rod Wheeler.

Más de un año, al menos 18 meses, aseguran las autoridades basadas en los análisis forenses, completa el misterioso asesino rondando por su zona en Long Island. El FBI se unió a la investigación y para la búsqueda, además de buzos, agentes y helicópteros, se dispuso de un avión para tomar fotografías de alta resolución del terreno que permitan encontrar más cuerpos, si los hay.

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