El círculo íntimo de Chávez

Con el paso del tiempo en el poder y ahora con un cáncer de por medio, los acompañantes de confianza del presidente Hugo Chávez se han ido reduciendo. Actualmente su hermano Adán luce como el hombre más cercano.

En alguna oportunidad, ya un poco alejada en la historia, a Winston Churchill le preguntaron cuál era su opinión sobre los franceses. La respuesta, una de las tantas que salieron de su boca mordaz para quedarse anclada en alguna página, fue simple: “No lo sé. Los franceses son muchos y no los conozco a todos”. A Charles de Gaulle, que era francés, en una ocasión le dijo que cada quien pelea por lo que le hace falta, después de que el primero le insinuara que mientras el Reino Unido sólo se preocupaba por el costo de la guerra, sus soldados batallaban por la dignidad y el honor.

Winston Churchill probablemente esté lejos de ser una figura admirable dentro del chavismo –en otra oportunidad aseguró que el socialismo es la filosofía del fracaso–, pero como los franceses, chavistas hay muchos y es poco menos que imposible conocerlos a todos. Los chavistas son multitud, pero hasta ahora nadie exhibe la capacidad suficiente como para reemplazar al líder, aunque desde la oposición se afirme que todo ha sido producto de un cálculo frío: que Hugo Chávez es como un cantante que se rodeó de un coro de mudos porque disfruta siendo solista. Es el medio y también es el mensaje.

Se ha especulado de sobra con respecto al real estado de salud del presidente. Se afirmó que su retorno sorpresivo a Venezuela el fin de semana anterior se debió no únicamente a las celebraciones del Bicentenario de la Independencia en Caracas, sino a la necesidad de imponer el orden dentro de una coalición que temblaba por cuenta de las divisiones internas. En una entrevista concedida a El Espectador, el vicepresidente Elías Jagua contaba que él no era quien estaba al tanto de los mensajes sobre la salud del mandatario que llegaban desde La Habana, que una “persona de confianza” era la encargada de reportar los avances de su recuperación. Esa persona era Adán Chávez, el hermano mayor, el gobernador del estado de Barinas. Quizá resulte natural que el presidente confíe más en su hermano, su ponderado mentor político –una de las primeras voces que le hablaron de algo llamado revolución–, que en la persona que eligió para ser el segundo al mando.

Jagua tampoco apareció en el Balcón del Pueblo del Palacio de Miraflores durante el día feliz en el que el presidente se dirigió a sus seguidores para celebrar su retorno a Caracas. A la distancia, parecía que la ausencia hubiera duplicado a Hugo Chávez, que a falta de uno ahora hubiera dos. El presidente saludaba vestido de verde oliva militar y una boina que combinaba con la camisa roja que portaba debajo. Adán Chávez no vestía de verde, pero su camisa era azul, igual a la que tenía puesta Hugo Chávez el día que desde Cuba anunciaba que un tumor cancerígeno había sido extirpado de sus entrañas. Los dos movían las manos hacia la gente y los perspicaces concluyeron que no había que ser un genio para darse cuenta de que el presidente había comenzado a ungir políticamente a su hermano, preparando acaso el terreno para salvar la Revolución Bolivariana de perder la batalla contra el cáncer, una batalla en la que Chávez prometió luchar sin cuartel hasta alcanzar la victoria.

“Sustituir a Chávez es muy poco probable. Fundamentalmente, porque durante estos doce años que lleva en el poder él se ha dedicado a construir un mito con su propia persona. Es muy difícil, ahora, desmontar esa estructura personalista”. Quien habla es el periodista venezolano Alberto Barrera Tyszka, autor del libro Chávez sin uniforme.

Es posible que su hermano Adán sea de ese círculo íntimo decantado en todos estos años de gobierno, y que no resulte extraño que en sus días de  gestiones desde la isla sólo lo acompañaran su canciller, Nicolás Maduro, y el gobernador de Barinas, sin siquiera pertenecer al gabinete. En los momentos de descanso, la compañía se la daban sus hijas Rosinés y María Gabriela Chávez, quien ejerce como Primera Dama, y de quien hace un tiempo se dice que se prepara para algún día ser presidenta de Venezuela.

El círculo íntimo ha cambiado. Del grupo de los llamados ‘Originarios’, los militares que se levantaron contra el gobierno en 1992 bajo el mando de Hugo Chávez, la figura más importante, Diosdado Cabello, ya no se encuentra a su lado. Sigue siendo militante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), pero ya no le habla de cerca al presidente, como cuando estaba en el puesto que ahora ocupa Jagua o cuando era el ministro del Interior o titular de la cartera de Obras Públicas. “Cabello es un hombre muy querido en algunas facciones del Ejército, y es normal que eso no le guste a Chávez”, comenta al otro lado de la línea Ibsen Martínez, escritor y columnista del diario El Nacional de Caracas, porque el mandatario al parecer desconfía hasta de la boina que se pone cuando sale al Balcón del Pueblo.

De ellos, los ‘Originarios’, muchos han cedido su puesto en los vagones rojos de la Revolución Bolivariana. Los nombres son varios: Jesús Urdaneta, Francisco Arias, Yoel Acosta, exsoldados, exmiembros que se retiraron cuando consideraron que el camino estaba girando hacia el abismo, mientras el mandatario les encontraba reemplazo entre el grupo de los “verdaderamente” leales. Lo mismo sucedió con Luis Miquelena, la emblemática figura de la izquierda venezolana, el maestro que alguna vez convenció a Hugo Chávez de que la verdadera lucha estaba en las urnas y no en las armas para después convertirse en un colaborador cercano, antes de que en el cuerpo del líder “emergiera el diablo que llevaba adentro”, como Miquelena comentó en una conversación hace un tiempo con este diario.

La compañía que ha prevalecido cerca al presidente hasta hoy es la más afín al modelo cubano de Fidel Castro –explica Martínez–, una línea que toca por igual a Maduro, a Adán Chávez e incluso a Elías Jagua. No obstante, las divisiones permanecen eclipsadas por la imagen presidencial. Es voz popular que el vicepresidente no tiene la mejor relación con Rafael Martínez, ministro de Minas y Energía y jefe de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), porque es uno de los hombres más fuertes dentro del gobierno. En Venezuela es poderoso quien controla el petróleo, y los rumores apuntan a que esa idea a Jagua no termina de convencerlo.

El martes anterior, cuando Hugo Chávez ya se encontraba en Caracas, Jagua adelantó que su jefe tenía previstos unos cambios dentro de su equipo de ministros, pero tan sólo dos días después ratificó a su gabinete y a la cúpula militar, desmintiendo así cualquier otra versión: “Empiezan los rumores tratando de desestabilizar, activaron el laboratorio de guerra sucia, de guerra psicológica, de desestabilización (...) los señores de la oposición, conspiradores y apátridas”.

Los chavistas son muchos y es difícil conocerlos a todos.

Sigue carrera electoral venezolana


Para la oposición, la enfermedad del presidente Hugo Chávez no cambia el panorama electoral para 2012. Por eso, descartan sus voceros, no la utilizarán como argumento electoral y seguirán apostándole a presentar un candidato único a las presidenciales. “No vamos a hacer de la enfermedad de Chávez el centro de nuestra discusión, afirmó Henrique Capriles, gobernador del estado Miranda y el más serio aspirante de la oposición para enfrentar a Chávez. Sin embargo, otras figuras de la oposición con aspiraciones presidenciales comienzan a aparecer. Manuel Rosales, acusado de presunto enriquecimiento ilícito en su país y asilado político en Perú, volverá pronto a Venezuela, afirmó su esposa, lo que ampliaría el abanico de candidatos opositores.

 

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