El CAN busca evolución

El Plan Nacional de Desarrollo pretende renovar totalmente la zona donde está el Centro Administrativo Nacional (CAN), en Bogotá. A finales de 2015 estarían listos los primeros edificios.

Cuando apenas Bogotá empezaba a expandirse hacia el occidente, comenzando el decenio del cincuenta, el general Gustavo Rojas Pinilla pensó en una solución revolucionaria con la intención de poner a la vanguardia las sedes de gobierno localizadas en la capital del país: construir el Centro Administrativo Nacional (CAN) para reunir la institucionalidad en un lugar estratégico entre el centro de la ciudad y el aeropuerto Eldorado, pese a las opiniones de los contradictores.

Durante cerca de 50 años estas edificaciones de arquitectura funcionalista, basadas en un modelo estadounidense y construidas por colombianos, han alojado algunas sedes del gobierno en Bogotá, tratando de resistir el agrietamiento y el paso de los años. Sin embargo, el Plan Nacional de Desarrollo 2011-2014 tiene contemplada una renovación urbana absoluta de la zona, debido a que los edificios del CAN ya muestran evidentes signos de obsolescencia física y funcional.

Para el consultor en urbanismo y ex vicerrector de la Universidad Nacional Fernando Montenegro, “en el CAN caben un 50% más de las oficinas actuales. Se tiene una densidad de ocupación muy baja”. Explicó que las instalaciones actuales ya cumplieron su ciclo de uso, lo cual ha causado inconvenientes para instalar redes de comunicaciones. “El CAN no tiene el soporte urbano para desarrollar la actividad actual que hoy se desarrolla. No hay bancos ni cafeterías”, señaló.

Durante la década del setenta. en la zona aledaña al CAN se propagaron comedores informales y casetas que atendían las necesidades de los funcionarios y trabajadores. Pese a esto, desde comienzos de la década del sesenta, la firma Manrique Martín e Hijos Ltda. tenía un as bajo la manga que parecía evitar tal problema: un proyecto para la ejecución de un centro comercial que atendiera con suficiencia las necesidades de la zona, pero nunca llegó a realizarse.

Actualmente el barrio La Esmeralda soporta el impacto de la expansión del comercio generado por la actividad en el CAN, lo que ocasionó la proliferación de parqueaderos en viviendas, junto a restaurantes, papelerías y bancos que pretenden atender la creciente demanda de servicios.

Para hacer una renovación definitiva, el documento 3694 del Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) —presentado hace poco por el Departamento Nacional de Planeación (DNP)— trazó los lineamientos para dar el giro al sector y señaló que hoy día “no existe un estudio que determine las condiciones físicas de cada uno de los inmuebles, ni tampoco una evaluación jurídica que determine la situación legal de cada uno de los predios”. También, según el documento, hay predios fiscales sin edificar y varios sin ocupar.

Planeación Nacional, de la mano con un estudio realizado por la Universidad Nacional de Colombia, mostró que los diseños originales del CAN tenían vías y espacios públicos planificados que con los años fueron supliendo deficiencias de estacionamiento y ayudando al aislamiento de las entidades del gobierno.

Cálculos del DNP y del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) para Bogotá mostraron que el CAN tiene un área potencial total de construcción de 1’715.792 metros cuadrados, mientras que la actual es de 394.086 metros cuadrados, lo cual significa que se está desaprovechando el 78%.

Los nuevos edificios del CAN, de acuerdo con un cronograma preliminar establecido por el Conpes, estarían terminados entre octubre y diciembre de 2015. Podrían llegar a tener 10 pisos, según cálculos, lo que requeriría contar con cerca de 12.000 estacionamientos (actualmente hay 4.234 cupos aproximadamente).

Para Montenegro, las nuevas edificaciones, que llegarían a  tener fácilmente 12 pisos y que se aferrarían a la calle 26 como “eje de la Bogotá contemporánea”, serían construidas con modernos materiales de construcción (aluminio, vidrio, concreto) sin perder la clásica línea funcionalista de las torres de oficinas.

Así las cosas, si el CAN se renueva y amplía su funcionalidad, esto traería un impacto significativo en barrios aledaños como Pablo VI, Nicolás de Federmán y Normandía, según el director de Administración de Empresas de la Universidad Nacional, José Stalin Rojas Amaya.

Rojas calculó que la calle 26 resistirá el impacto de las nuevas edificaciones, pero avenidas como las calles 63, 53 y La Esmeralda deberán ser tenidas en cuenta por parte del Distrito para una ampliación.

Entre abril y junio de este año, según el cronograma del Conpes, se harían los estudios de estructuración técnica, legal y financiera en su primera fase. La segunda etapa de los mismos se ejecutará entre julio de 2011 y diciembre de 2012. Asimismo, entre abril de 2014 y octubre de 2015 se planea construir la infraestructura de las nuevas sedes de gobierno junto al plan de renovación.

En relación con la financiación del proyecto, el Conpes prevé que el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial y el Ministerio de Defensa Nacional gestionen los recursos necesarios ante la banca multilateral para apoyar la fase inicial del proyecto.

La construcción del nuevo CAN es, para la presidenta de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), Marta Pinto de Hart, “una oportunidad de inversión y de alianza de los constructores con los fondos de inversión. Son proyectos de complejidad especial con nuevas formas de operar en Colombia”.

Administrar los inmuebles para que estén en perfectas condiciones y también encargarse del día a día en las nuevas instalaciones del gobierno son negocios interesantes para la presidenta de Camacol.

“Que el gobierno no invierta recursos tan grandes. Eso lo pueden hacer los privados. El gobierno sería buen inquilino”, agregó.

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