El caso Villegas y los vaivenes del golf

A propósito del Abierto Británico, el torneo más antiguo y prestigioso del deporte y que hoy termina sin el colombiano, una mirada al desempeño de nuestro mejor golfista.

“Figurita”, “perdedor”, “mediocre”, “invento de los medios”, son algunos de los comentarios citables que dejan últimamente nuestros lectores sobre el golfista Camilo Villegas en los foros de El Espectador, diario que lo exaltó como Deportista del Año 2008 luego de que venciera en The Tour Championship y The BMW Championship, terminara segundo en la final de la Copa Fedex y se convirtiera en el séptimo mejor jugador del ranking mundial. Entonces los calificativos eran “verraco”, “duro”, “teso”, “orgullo colombiano”.

Pero en estos tiempos de ídolos fugaces y de seguidores implacables, Villegas pasó de los vítores a las condenas. Tras dos años de actuaciones irregulares hoy es el número 72 del circuito de la PGA, en 2009 no ganó ningún torneo, en 2010 se impuso en el Honda Classic y su nivel ha ido en descenso hasta el punto que, quienes se alegran de que cada semana baje dos puestos en el ranking, vaticinen que así como va, el año entrante puede perder la tarjeta de profesional. No creo que suceda, pero si así fuera será fruto de los vaivenes de este complejo deporte y no de la falta de talento y disciplina de uno de los atletas de más alto nivel que hemos tenido.

La mayoría de quienes opinan con ligereza cuando Villegas no supera un corte, como le pasó hace poco en el US Open y esta semana en el Británico (salió por un golpe y tuvo la mala suerte de jugar la primera ronda en el turno de la lluvia y viento más fuerte), olvidan que el golf es una de las disciplinas en las que es más difícil mantener la regularidad, ser consistente semana tras semana. Basta mirar los casos de los ingleses Luke Donald y Lee Westwood, en algún momento casi desahuciados por la crítica debido a sus altibajos y en este momento encumbrados como número 1 y 2 del planeta. ¡Y tampoco pasaron el corte el viernes en Inglaterra!

Westwood, hoy con 37 años –Villegas tiene 29 en un deporte donde se puede jugar a alto nivel incluso más allá de los 50 años de edad–, pasó de ser el número 4 del ranking mundial en 2000 a ser el 181 en 2002. Lo veían como el talentoso fracasado. “Durante ese periodo pensé que nunca más podría aspirar a ser el mejor, porque no podía ver una salida a mi problema. Pero nunca dejé de tratar, aunque no sabía si alguna vez lo lograría”. Westwood y el golf les tapó la boca: ya fue primero del mundo, aunque le falta ganar su primer Major.

Otro ejemplo es Sergio García, a quien en España creían el único capaz de acabar con la leyenda de Tiger Woods, pero se ha quedado a uno o dos golpes de ganar un Major en nueve oportunidades, uno de ellos un Abierto Británico. Hoy es 53 en la lista Fedex y, así la mayoría le haya perdido la confianza, mantiene la capacidad para imponerse el día menos pensado. Hoy sigue disputando el Open.

El irlandés Padraig Harrington, dos veces campeón de este Grand Slam, hoy anda más allá de los 50 primeros, porque como Villegas se puso a cambiar el swing y no le funcionó, pero no por eso los irlandeses, que sí que saben de golf, lo descalifican como profesional. ¡Tampoco pasó a las rondas de sábado y domingo! Igual o mayor respeto le profesan los británicos al estadounidense Tom Watson, quien con 61 años y cinco títulos del Open en el bolsillo hoy sigue teniendo posibilidades de imponerse, como lo demostró hace dos años. Más que nadie, él sabe y reitera que más allá de la técnica y el entrenamiento, este deporte es una cuestión de infinita paciencia, de años en busca del momento propicio en el que se junta todo y se hace la diferencia.

Y eso ocurre con absolutamente todos los jugadores. Al único al que no le afectaba era al “invencible” Tiger Woods y, aún así, bastó que se cruzaran su cambio de swing y el fin de su matrimonio para que la desconcentración lo llevara al puesto 19 de la clasificación y a un gran interrogante sobre el futuro de su carrera si no logra superar sus operaciones de rodilla.

En cambio, en los países latinoamericanos reina la impaciencia frente al golf. El caso más reciente es el de los venezolanos, en cabeza de Hugo Chávez que cerró varias canchas por considerarlas elitistas. Olvidó que Fidel y Raúl Castro, y hasta el Che Guevara, jugaban en Cuba en campos como los que usa cuando va de visita Diego Armando Maradona. Y el golf le tapó la boca este año con el surgimiento de Jhonattan Vegas, ganador de un torneo de la PGA y a quien ahora critican porque no siguió recibiendo trofeos y también se derrumbó en las listas de ganancias. No comprenden los tiempos de este deporte, no disfrutan del milagro de que un venezolano o un colombiano formen parte de un circuito con el que cada año sueñan 10.000 aspirantes y sólo son recibidos 21 nuevos, que deben mantenerse entre los 125 si quieren renovar su tarjeta profesional.

A los argentinos les pasaba cuando Ángel Cabrera sólo ganaba torneos en el Tour Europeo y silenció a quienes lo tildaban de mediocre ganando el US Open en 2007, ¡a los 37 años! (dicen quienes saben que la madurez en el golf llega entre los 30 y los 40). Dos años después, con un golpe menos que Tiger Woods y burlando a quienes decían que el primer grande había sido un golpe de suerte, se consagró ganando el Masters de Augusta. Hoy es 75 del mundo y así deje de triunfar en uno o dos años o no pase el corte, como Villegas esta semana, todos saben que ‘El Pato’ es de los mejores.

No se me olvida un artículo de la revista ‘SoHo’ en el que se burlaban de Villegas porque iba a completar su segundo año como profesional y no había ganado ningún torneo, era 58 del ranking y argumentaban que su potencial no era más que la añoranza de los colombianos. ‘El hombre araña’ se convirtió en un personaje de la PGA, demostró que puede triunfar no una sino tres veces hasta ahora y trabaja para ganar su primer grande. Cuando no está en el campo, está en el gimnasio y si no montando en bicicleta, siempre pensando en maximizar su físico y estado psicológico para lograr los cuatro días de inspiración que exige un torneo de la PGA entre jueves y domingo.

¿Qué ocurre entonces con Camilo Villegas, número 72 y mejor latinoamericano por encima de Cabrera? Según Silvia Bertolaccini, experimentada comentarista de ESPN, contrató a un profesor para intentar cambiar de swing en busca de mejores resultados y este año se dio cuenta de que debía regresar a su técnica original. Retomar el camino puede implicar un año y si a esto se le suman los cambios de caddie, el juego y la confianza se refunden. Sigue intacta su calidad, que llevó al entrenador Buddy Alexander, de la Universidad de la Florida, a calificarlo como el mejor jugador que ha tenido. Lo ratificó el mes pasado St. Jude Classic de Memphis, donde terminó tercero con una ronda final de 64 golpes. Bien lo definió Tim Rosaforte en espn.com: “Camilo Villegas es una estrella mundial de buena fe”.

Por si lo olvidaban, el colombiano ya fue cuarto en el PGA Championship, uno de los Majors. Tampoco olviden que ha habido muchos golfistas profesionales con 20 años de carrera y ninguna victoria en el PGA. En Colombia se puede criticar lo elitista del golf, por la falta de clubes públicos y el alto costo del equipo y del alquiler de campos, pero no el profesionalismo de Villegas. Veamos el golf en busca de conocimiento de causa.

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