El centro tiene futuro

Las universidades son el principal motor en el reciclaje del suelo del núcleo de la ciudad.

Durante el día, el centro de la capital aparece atiborrado de estudiantes, trabajadores, turistas, habitantes de calle... Pero por la noche se convierte en un desierto silencioso e inseguro. Transformarlo en un lugar habitable es el reto de la ciudad, que históricamente ha migrado de su núcleo.

En vista de la inseguridad, contaminación y problemas de movilidad, desde la década de los 50 el sector empresarial migró hacia el norte, pero los centros educativos y las sedes de los poderes legislativo y ejecutivo se quedaron en el núcleo de la ciudad.

En 1996, los rectores de las universidades Jorge Tadeo Lozano, Los Andes y el Rosario se unieron para crear la Corporación de Universidades del Centro, asumiendo el reto de recuperar los espacios obsoletos, oscuros y peligrosos que rodeaban a sus estudiantes.

Entre sus retos está que el centro deje de ser sólo memoria urbana para transformarse en espacio de formación integral, donde sea deseable habitar, divertirse y formarse.

Las cerca de 17 universidades modernas que aparecen entre los verdes cerros orientales y la arquitectura colonial, francesa y republicana del sector atraen cerca de 250.000 estudiantes diariamente, son el motor de la actividad, mantienen vigentes estructuras con valor patrimonial y concentran capital en la construcción de sus edificaciones.

Para crecer, estos centros educativos se han adentrado en edificios antiguos, han reciclado suelos olvidados por la historia, han adquirido un compromiso con el espacio urbano.

Hoy, entre otros, los estudiantes de Los Andes cuentan con un eje ambiental y los de la Tadeo con una plazoleta que, según el arquitecto Enrique Munévar de la misma universidad, es paradigma de la correcta renovación urbana del espacio público.

Junto con las universidades, el Distrito —impulsado por el Plan de Ordenamiento Territorial de 2005— también ha aportado a la renovación urbana del centro. Entre otros, ejemplos de esta labor son el Parque Tercer Milenio, que era antes la famosa Calle del Cartucho, cuya adecuación aportó a la recuperación de barrios aledaños como San Bernardo, Santa Inés y San Victorino.

Entre las metas del Plan Zonal del Centro para 2038, elaborado por el Distrito y la Secretaría de Hábitat, está construir 15,6 km de nuevas vías, 76.000 m de andenes, tener 250.000 nuevos habitantes en 70.000 viviendas nuevas y 330.000 m de espacio público, así como 335.000 m de nuevas zonas verdes.

A pesar de estos logros, aún los bogotanos   caminan con miedo en la noche, entre casas de lenocinio, ‘ollas’ y calles desoladas que dañan la percepción del entorno.

Según estimaciones del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano, cerca de tres millones de visitantes se van del centro al finalizar el día y quedan apenas alrededor de 300.000 residentes. Los problemas de seguridad se deben, en parte, a la falta de población y apropiación del espacio, por eso generar vivienda es un reto.

Según Mauricio Ardila, miembro de la Corporación de Universidades del Centro, garantizar las condiciones de habitabilidad para que la población estudiantil no sólo se ahorre las horas en transporte público y los gastos en gasolina, sino que tenga una agenda cultural de 24 horas, aire limpio, espacios iluminados y recreación, es el proyecto que hará del centro, de nuevo, el epicentro de la actividad no sólo académica, sino cultural y económica de la capital.