El clímax de la guerra en Sri Lanka

Los fallidos intentos de paz, los boicoteos y el momento en que los Tigres estuvieron más cerca de gobernar un Estado tamil.

Durante las décadas siguientes hubo momentos en los cuales se llevaron a cabo negociaciones de paz y declaraciones de cese al fuego, pero ninguna de las partes lograba acordar unos términos duraderos. Ambos dependían de la lucha continua para lograr un apalancamiento político. Los políticos cingaleses necesitaban del voto nacionalista, mientras que Prabhakaran, un estratega militar, parecía ser incapaz de llegar a un compromiso político.

Los efectos sociales y económicos de la guerra fueron enormes. El turismo disminuyó considerablemente, privando al país de un importante ingreso. Los dineros del Estado que estaban presupuestados para proyectos de desarrollo social se desviaron, invirtiéndose en gastos militares e inyectando una mayor energía al activismo de izquierda de los nacionalistas cingaleses. En 1987, el gobierno permitió que las tropas de pacificación de India permanecieran en el norte del territorio nacional, lo cual encendió aún más los ánimos de los nacionalistas y ayudó a consolidar la guerra civil entre cingaleses, causando la muerte de al menos 50.000 personas. Como consecuencia de la guerra contra los Tigres, aproximadamente 100.000 personas murieron; la mitad de ellas civiles tamiles, y un cuarto de ellos miembros de las Fuerzas Armadas de Sri Lanka. Cientos de miles de tamiles se convirtieron en desplazados y más de un millón huyeron del país.

El 1993, los Tigres asesinaron al presidente de Sri Lanka utilizando un hombre bomba, y estuvieron cerca de asesinar a otros dos; asesinaron a decenas de ministros, parlamentarios, oficiales del Ejército y otros oficiales. En 1991, la primera mujer bomba del mundo, una tigre negro llamada Dhanu hizo explotar los explosivos que escondía dentro de sus ropas cuando durante un acto público se arrodilló a los pies del antiguo primer ministro de India, Rajiv Gandhi, asesinándolo a él y a otras 14 personas.

El momento en que los Tigres estuvieron más cerca de gobernar un Estado tamil fue en el período que siguió al acuerdo de paz de febrero de 2002. En ese tiempo se unieron las tierras tamiles al norte y al oriente, y la administración política tamil comenzó a operar como un verdadero Estado; contaba con su propio ejército, armada, patrullas fronterizas y oficiales de aduana. (Extrañamente, todo, desde el aprovisionamiento de electricidad hasta los servicios de salud y educación seguían siendo financiados y administrados por el gobierno de Sri Lanka.) Actuando como negociadores de conflicto, diplomáticos noruegos visitaron los oficiales de los Tigres y llevaron mensajes a sus contrapartes en Colombo.

Para noviembre de 2005,  cuando llegó el momento de las elecciones y Mahinda Rajapaksa era candidato, el cese al fuego ya estaba deshaciéndose. Dos meses antes, el ministro de Relaciones Exteriores de Sri Lanka, un tamil moderado, había sido asesinado por un supuesto francotirador de los Tigres.  Los Tigres estimularon el boicot de las elecciones, pero irónicamente la falta de electores tamiles ayudó a que Rajapaksa fuera elegido por un escaso margen. Durante su discurso de inauguración, Rajapaksa invitó a los Tigres a una nueva ronda de conversaciones, sin embargo debido al aumento de la violencia éstas no prosperaron. En julio de 2006, los Tigres bloquearon una reserva de agua que abastecía cientos de granjas, por lo que Rajapaksa autorizó una nueva ofensiva militar en su contra. A esto le siguió un fuerte golpe político: en octubre la Corte Suprema ordenó la separación de las provincias del norte y el oriente, lo cual disminuía considerablemente las posibilidades de establecer un Estado tamil.

Al mes siguiente, Prabhakaran declaró que la “lucha por la liberación” se renovaba. La guerra comenzaba nuevamente. Con la ayuda de dos desertores de los Tigres, llamados Karuna y Pellina, el Ejército se tomó el oriente, luego prosiguió con su ofensiva hacia el norte, persiguiendo las tropas de Prabhakaran hasta el Vanni. Simultáneamente el Ejército comenzaba un enorme esfuerzo para el reclutamiento de tropas: entre 2005 y 2009 sus números aumentaron de 125.000 a 300.000. En enero de 2009, con la intención de eliminar por completo a los Tigres, Rajapaksa formalmente anunció la terminación del cese al fuego.

La guerra en Sri Lanka llegó a un sangriento clímax justo en el momento en que el presidente Obama se posesionaba. Tal vez por esto, la posición oficial de los Estados Unidos fue de desaprobación, la cual jurídicamente era inefectiva; el embajador de Estados Unidos, Robert Blake, hablaba sobre las preocupaciones en temas humanitarios y de vez en cuando daba declaraciones criticando al gobierno, pero en general se mantuvo el silencio. Tanto los Estados Unidos como la Unión Europea disminuyeron la venta de armas a Sri Lanka, lo cual obligó al gobierno de Rajapaksa a buscarlas en los mercados orientales. En el último año de la guerra, China envió más de US$1.000 millones en ayuda militar, incluyendo aviones, radares de vigilancia aérea y baterías antiaéreas; Rusia y Pakistán ofrecieron proyectiles de artillería y armamento pequeño; Irán ofreció combustible.

Sin embargo, extraoficialmente  el gobierno de los Estados Unidos sí había ofrecido ayuda. Diplomáticos y miembros del Ejército de Sri Lanka me confirmaron en privado que en 2008, la información obtenida a través de los satélites estadounidenses había sido crucial en el hundimiento de siete barcos cargados de armamentos  destinado para los Tigres. Cuando fueron atacados, los barcos, que formaban parte de la flota de Sea Pigeons, la cual navegaba sin identificación desde varios puertos de Asia, estaba en aguas internacionales, a más de mil millas de la costa de Sri Lanka. Llevaban material de guerra avaluado en decenas de millones de dólares y su destrucción privó a los Tigres de la posibilidad de reabastecer su armamento justo en el momento en que el Ejército de Sri Lanka incrementaba las hostilidades. Desde ese momento los Tigres entraron en retirada, arrinconados dentro de un territorio que cada vez se hacía más pequeño.

La derrota de los Tigres no estaba predestinada a suceder. Los eventos que los llevaron hasta allí están irrefutablemente ligados a la personalidad de su líder. Hacía tanto que Prabhakaran dictaba los términos del conflicto, y había acumulado tanto poder que aparentemente perdió el sentido de la proporción. En algún momento del sitio de su campamento en Kilinochci, antes de que la ciudad cayera en enero de 2009, se cree que Prabhakaran huyo junto con su familia y sus guardaespaldas hacia uno de los escondites que tenía en la selva, en un lugar llamado Visuamadu. Durante semanas literalmente vivieron bajo tierra en un elaborado escondite.

La casa estaba tan bien escondida que sólo se descubrió en 2009, cuando unos soldados se toparon con ella. A cincuenta pies bajo tierra descubrieron una madriguera subterránea cuyas habitaciones contaban con puertas blindadas, aire acondicionado, cámaras de vigilancia y electricidad proveniente de un generador silencioso. Dicen haber encontrado tanques de oxígeno, una botella de coñac y una provisión de insulina (lo cual sugiere que Prabhakaran, quien había engordado en años recientes, podía haber sufrido de diabetes), también encontraron una camisa Marks & Spencer con medidas de pecho de cuarenta y dos pulgadas y medio.

El Ejército conserva el complejo como un museo privado para visitantes especiales. Al final de un camino pavimentado de un solo carril se veía una pequeña casa rosa, con el techo cubierto por hojas de palma como camuflaje. Una segunda estructura cubierta de palma escondía la entrada de un garaje subterráneo. Junto a la cerca de entrada del complejo había unas andas exteriores donde los cuerpos de los oficiales de los Tigres que habían muerto en combate eran colocados para que Prabhakaran pudiera rendirles homenaje antes de que dispusieran de ellos. Desde el cuarto principal de la casa y bajando por una estrecha escalinata se llegaba a una serie de pequeños y claustrofóbicos cuartos con pisos de baldosa. En el último de ellos había una salida de emergencia donde una escalera metálica subía en forma de caracol hasta la superficie de la parte trasera de la casa. Desde allí Prabhakaran sólo necesitaba correr unos pocos metros para adentrarse en la selva y perderse entre su espesura.

Después de años de evasivas, Prabhakaran finalmente fue atrapado en Mullaittivu. Dado que todos sus allegados han muerto es difícil saber cómo fueron sus últimos momentos de vida, si es verdad lo que dice el Ejército, y murió en combate, o si fue capturado y ejecutado. Claramente los líderes de los Tigres esperaban llegar a un acuerdo donde les perdonaran la vida. Algunas semanas antes de la masacre, los ayudantes de Prabhakaran comenzaron a llamar a su intermediaria, Marie Colvin, y en la noche del 17 de mayo uno de ellos le informó cuáles eran las condiciones que ofrecían para su entrega: los Tigres entregarían las armas a cambio de una garantía de seguridad para 50 de sus líderes y 1.000 de sus seguidores. Colvin considera que esta cantidad probablemente representaba todos los guerrilleros que en ese momento estaban vivos en la playa. En el trasfondo de la conversación se escuchaban ráfagas de ametralladora, lo cual sugería que se encontraban cerca de la zona de combate.

Hasta el final Prabhakaran creyó que la comunidad humanitaria, las Naciones Unidas y los gobiernos de Occidente salvarían a los Tigres. “El Ltte aún veía al mundo como si el 11 de septiembre nunca hubiera sucedido”, me explicó Jayampathy Wickramaratne, consejero para dos de los anteriores presidentes de Sri Lanka. “Lo que pasó fue que muchos países, incluyendo los Estados Unidos, cambiaron su perspectiva del Ltte, aunque aún simpatizaban con los tamiles”. En mayo de 2006, después de años de intentar acomodar al Ltte, la Unión Europea la declaró una organización terrorista. Esto lo habían hecho los Estados Unidos hacía 10 años, y la administración del presidente George W. Bush había apoyado directamente la campaña contra la insurgencia del gobierno de Sri Lanka.

Otro de los graves errores cometidos por Prabhakaran fue que también subestimó a Mahinda Rajapaksa. “Los gobiernos anteriores al de Rajapaksa nunca se comprometieron 100% a la erradicación del Ltte. Usaban la fuerza militar, pero siempre tenían una opción política. Entonces llegó Rajapaksa, quien estaba preparado, para bien o para mal, a acabar con el problema de tajo. Si se mira con cuidado, el caso es que, una y otra vez y de manera arrogante, los del Ltte se negaron a considerar las oportunidades. Creían que podían seguir declarando ante el mundo que estaban dispuestos a llevar a cabo conversaciones sin hacer nada para comprobar su compromiso con éstas. Se creían la excepción a la regla, hasta que llegó Rajapaksa y les dijo: ‘No los voy a dejar hacerlo’ ”, me explicó Wickramaratne.

 

 Espere mañana la quinta entrega: “Las tierras conquistadas”.