El clan contestatario

Tradicionalmente han estado ligados al discurso marxista, mezclado con la reivindicación indígena. Alianza y peleas entre hermanos.

Los curacas no vinieron al mundo para obedecer, sino para mandar y a las leyes de la vida era mejor no contradecirlas. No cazaban, sólo comían; no hablaban, impartían órdenes; y en vez de trabajar, se formaban para ejercer la autoridad. El imperio español y el legado de su caravana de la muerte luego los llamó caciques, la clase noble de los incas, como para dar una última puntada a la profanación. Desde entonces, Perú padece problemas serios y don Isaac Humala, un curaca que aún sueña con la reivindicación de los poderes, batalla para que si bien la historia no se regrese, al menos se transforme. A menudo persuadía a sus hijos Ulises, Ollanta y Antauro: la revolución social debe gestarse en el Ejército por las armas y desde el Partido Comunista por la ideología.

La historia comienza en el distrito de Oyolo, en la provincia Paucar de Sarasara en Ayacucho, allí donde Genaro Humala, abuelo de don Isaac, construyó un ruedo de toros para la alegría de las masas. Los años llevarían a don Isaac a Lima, la tierra de los grandes propósitos, para convertirse en uno de los abogados más solicitados por las empresas de construcción. La prosperidad lo acompañó como los juegos acompañan la niñez, a la par de sus hijos: Ulises, Ollanta (‘El guerrero que lo ve todo’, en lengua inca), Antauro (‘Estrella cobriza’), Pachacútec (‘El que cambia el rumbo de la tierra’), Katia, Cusi Coyllur (‘Estrellita alegre’) e Imasúmac (‘La más hermosa’).

El legado español había sido la primera causa que convirtió a Perú un suelo desgraciado para su gente, decía don Isaac a la hora del desayuno. Cambió el idioma madre y levantó a una clase blanca feroz que por décadas oprimió a los buenos hombres de piel cobriza: zambos, cholos e indios, que son mayoría. Al terminar de comer, cada uno de sus hijos debía exponer una lectura, podía ser La Odisea, La Iliada o Dostoievski, no importaba siempre y cuando estuvieran a la altura de un curaca. Los Humala crecieron en medio de la música, las ciencias, el deporte, las humanidades y una voz paterna que hablaba del rechazo al imperialismo norteamericano, de Chile como un país invasor desde la guerra de 1879 y del derecho nacionalista de los marginados. Los Humala, más que un grupo de hermanos con nombres exóticos, eran intelectuales que se hacían grandes como árboles alimentados por diversas savias.

La estrella contra el guerrero

29 de octubre de 2000. La sublevación fue anunciada por comunicados que se replicaron frenéticamente por los medios de comunicación. En Locumba, departamento de Tacna, el teniente coronel Ollanta Humala, jefe del Grupo de Artillería Antiaérea Nº 501 del ejército peruano, y su hermano, Antauro, mayor de infantería, encabezaban una suerte de rebelión contra Alberto Fujimori y el comando de las Fuerzas Armadas. Acompañados de un contingente de 70 soldados estaban dispuestos a sacrificarse para hacer justicia a las elecciones del 28 de junio, tachadas de fraudulentas y ganadas por quien decía ser el presidente, quien también decía ser peruano cuando en realidad, reclamaban, era japonés y corrupto.

Vivieron bajo la sombra de los Andes del sur peruano en una clandestinidad que parecía estar ligada con su apellido. Don Isaac Humala sabía mucho de eso de vivir sin ser descubierto. En los años 50 sintió la resaca de vivir en el monte como guerrillero del Movimiento de izquierda revolucionario. Entonces estar a la sombra era un asunto más de vida que de muerte. Los hermanos también lo experimentaron en los años 80, cuando dentro de las filas del Ejército comenzaron a ser los profetas de un nuevo evangelio llamado “Etnocacerismo”, que resaltaba el valor de los indígenas, el socialismo y se inspiraba en el mariscal Andrés Avelino Cáceres, el héroe de Ayacucho que desde las sierras lideró la resistencia contra la ocupación chilena durante la Guerra del Pacífico (1879-1883).

Era evidente que tanto Ollanta Humala como Antauro componían una pieza que difícilmente engranaba en el sistema, unidos bajo los mismos ideales aunque con perfiles distintos: el primero, analítico y calculador; el segundo, temerario y visceral. En realidad siguieron al margen de la ley hasta la caída de Fujimori, dos meses después de la publicación de su asonada. Llegaron nuevos días, una transición en el poder y para ellos la amnistía.

Ollanta, el guerrero que lo ve todo, pasó una temporada en Francia y posteriormente en Corea del Sur como agregado militar de la embajada peruana. Hasta que a finales de 2004 le impusieron el retiro. Antauro vio una mano oscura detrás de la decisión y junto a cerca de 90 etnocaceristas atacó una comisaría en Andahuaylas, en un golpe que terminó con la muerte de cuatro policías y la caída de la ‘Estrella cobriza’ en manos del sistema.

La idea de ser presidente daba vueltas en la cabeza de Ollanta como los tambores de las armas en los polígonos militares. Después de todo, era un curaca como Antauro, un curaca tan frío que fue capaz de repudiar la acción de su hermano. En su clarividencia de guerrero una acción como la de Andahuaylas sería difícil de llevar en una campaña electoral. “¡Traicionero!”, le gritaba Antauro desde su condena, don Isaac decía que su hijo Ollanta había tenido que intoxicarse con el sistema y con los políticos de siempre para ascender en las encuestas y Ulises se presentaba a las elecciones de 2006 como el candidato del ‘Etnocacerismo’.

Ahora a Ollanta Humala se le escucha más moderado que en aquel entonces, de don Isaac sólo se recibe silencio y de Antauro se sabe que pasa los días en su celda. A pesar de todo, el “maquillaje electoral” del que habla el analista peruano Fernando Rospigliosi, quizá haga posible que Humala alcance la presidencia, pero en el fondo será un triunfo de los ideales de don Isaac. “No veo por qué Ollanta no sería un dictador”, decía hace pocos días Ulises, exhibiendo una desazón suprema.

Perú y los comicios presidenciales de este domingo 

Parlamento en juego

Además de presidente, este domingo los peruanos elegirán 130 congresistas y a los representantes de 15 curules para el Parlamento Andino (cinco titulares y 10 suplentes). Hasta el momento, las encuestas entregan una ventaja a los candidatos del partido Fuerza 2011, encabezado por Keiko Fujimori.

Millones de votantes

La masa electoral la componen 19’195.761 votantes, según el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil. Desde hace 80 años, el voto es obligatorio en el país. No asistir a las urnas conlleva a multas que varían de acuerdo con el nivel económico del infractor.

Supervisión internacional

Las elecciones serán supervisadas por 74 observadores internacionales provenientes de 24 países de América Latina y Europa. Este grupo conforma la Misión de Observación Electoral, que comenzó sus labores en Perú desde mediados del mes de marzo.

Los datos de la encuesta más reciente

La última encuesta de intención de voto realizada antes de las elecciones por la Compañía Peruana de Investigaciones de Mercado (CPI) revela que Ollanta Humala, del Partido Nacionalista Peruano, tiene el 29% del apoyo popular.

En segundo lugar se ubicó } Fujimori, con el 21,5% de la intención de voto, seguida del candidato Pedro Pablo Kuczynski, de la Alianza por el Gran Cambio, con el 19,3%.

La sorpresa negativa fue para el expresidente y ahora candidato Alejandro Toledo, representante del partido Perú Posible, quien se situó cerca del 15%, cuando en las últimas tres semanas disputaba el primer puesto con Ollanta Humala.