El custodio de la memoria colombiana

Después de participar en la recuperación del Archivo Histórico del Banco de la República asume el cuidado de 60 millones de documentos de incalculable valor patrimonial.

Carlos Alberto Zapata ya había intentado llegar a la dirección del Archivo General de la Nación (AGN). En 2004 puso su trayectoria a consideración del Gobierno, pero el cargo fue para el abogado Lázaro Mejía. En la más reciente convocatoria volvió a intentarlo y desde el lunes es su nuevo director.

Zapata es bibliotecólogo y archivista, viene de dirigir el proyecto de recuperación del Archivo Histórico del Banco de la República y lleva 25 años  trabajando en el sector. Es profesor universitario y en su hoja de vida figura haber sido director técnico de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

Su nueva tarea frente al AGN no será fácil. No sólo tendrá que recuperar la imagen de la institución, resquebrajada por una serie de escándalos que han rodeado a sus últimos dos directores, señalados de ocupar el cargo más por encargos políticos que por formación en la materia, sino que tendrá que convencer a los colombianos de la importancia del Archivo para preservar la memoria, la identidad y la justicia en el país. Y como si fuera poco tiene el respaldo de la comunidad académica.

El AGN es uno de los grandes archivos de América Latina, con 60 millones de documentos que datan desde 1543. Por más que se intente ocultar la verdad, siempre habrá un testimonio. El Archivo es el mayor testigo de la historia de Colombia al servicio de todos. Zapata está convencido de que podrá darle un nuevo rumbo.

¿Por qué se interesó en el cargo?

Son muchas las razones. Desde mi época de universitario siempre he querido llegar a la institución. En 1989 comencé a participar en los comités técnicos para formular la política archivística colombiana y desde entonces tengo un vínculo permanente con el Archivo.

El exdirector Armando Entralgo no tuvo buenas relaciones con un sector de la comunidad académica, ¿cómo cree que le va a ir a usted?

Tengo la seguridad de que voy a contar con el apoyo de la comunidad académica, de la cual soy miembro desde hace más de 20 años. Para lograr la preservación de la memoria se requiere un trabajo interdisciplinario con distintos sectores académicos para tomar decisiones en consenso.

¿Qué se necesita para ser director del AGN?

Amor por los archivos, compromiso, una formación de alta calidad y ante todo la posibilidad de juntar las sinergias de muchas personas que quieren esta institución. El Archivo es el centro de la memoria de la administración pública, es la conciencia del Estado, un instrumento de lucha contra la corrupción y esto requiere conocimiento, pasión, liderazgo.

¿Qué ha perdido el AGN con los constantes cambios en su dirección?

Los cambios frecuentes generaron un estancamiento en la formulación de la política pública y llevaron a que se tomaran decisiones equivocadas. Estamos a la deriva y la institución requiere un nuevo rumbo.

¿Cuál es su propuesta?

Lo primero es la alineación con otras entidades culturales, la modernización tecnológica en el manejo de archivos y una reorganización interna administrativa. Se requiere además mayor formación del personal.

Se dice que los anteriores procesos de selección no fueron muy transparentes. ¿Cómo asegura que el suyo sí lo fue?

Mi trayectoria profesional habla por sí sola.

¿Cuál ha sido su mayor hallazgo en el Archivo?

Haber conocido a Jorge Palacios Preciado, primer director del Archivo, difícilmente podrá ser olvidado. Marcó la institución, la política archivística en el país y a muchas personas, entre esas a mí.

¿Por qué es importante el AGN?

El Archivo existe para evitar que la sociedad olvide y para garantizar que esos recuerdos le permitan reconstruirse y hemos encontrado que no existe una verdadera noción de su importancia para la sociedad. Si no hay archivos ordenados, cada vez se quedan más verdades escondidas y todavía quedan muchas por develar.

últimas noticias