El día que el presidente pidió perdón

EL PASADO 8 DE JULIO, EL PRESIDENte Juan Manuel Santos pidió perdón a las víctimas de El Salado.

“Esa masacre, o esas masacres, nunca han debido suceder. Ahí hubo omisión por parte del Estado, todo tipo de falencias, como las hubo durante tanto tiempo. Pero por eso mismo estamos tan empeñados en poder reparar en la medida de lo posible ese dolor”, aseguró el primer mandatario en un hecho histórico por varias razones: ocurre en el lugar de perpetración de las masacres; surge de la voluntad política del jefe de Estado y no en razón del cumplimiento de un requerimiento judicial y es proferida por un presidente que no sólo goza de altos niveles de popularidad sino que acumuló su capital político con los éxitos militares de la política de seguridad democrática cuando fue ministro de Defensa.

Las expectativas de las víctimas de El Salado sobre un acto similar tenían frustrantes antecedentes. El 19 de junio de 2008, el coronel Rafael Colón pidió perdón a las víctimas de los Montes de María por la omisión de la Fuerza Pública en las masacres ocurridas en la región, pero ese mismo día el Comando de la Fuerza Naval del Caribe expidió un comunicado desautorizándolo. La frustración se convirtió en resignación cuando el 29 de enero de 2010, el general Freddy Padilla de León visitó el corregimiento de El Salado y exhortó a las víctimas a dejar atrás el pasado y mirar hacia el futuro. Sus palabras fueron interpeladas por los líderes de la comunidad, quienes insistieron en que borrar y olvidar el pasado era una afrenta para las víctimas, era volverlas a matar y ofender nuevamente su dignidad.

Pero lo impensable sucedió el viernes hace una semana. Contrario a un acto de contrición abstracto, el presidente leyó fragmentos de la reconstrucción de los hechos de la masacre de febrero de 2000 elaborada por el Grupo de Memoria Histórica; validó la voz de los sobrevivientes citando el testimonio de uno de ellos; individualizó a las víctimas y reconoció que más allá de la masacre de 2002, en El Salado ocurrió otra masacre en 1997 y el homicidio de la líder y promotora de salud María Cabrera en 2003. El presidente reconoció la resistencia, la dignidad y el coraje de los saladeros cuando decidieron retornar a su pueblo. Tal proximidad con su historia de dolor y resistencia fue lo que más impactó a las víctimas.

Con su actitud, el presidente Santos recuperó y revalorizó para la historia la decisión del coronel Rafael Colón, mostrando que pedir perdón desde la Fuerza Pública no es sinónimo de debilidad sino un gesto de honor. Ese mismo día, se anunció que El Salado sería el piloto para la implementación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. La propia comunidad de El Salado entregó al presidente el Plan de Reparación Colectiva que ha construido desde 2008 con el apoyo de la CNRR y el acompañamiento de la OIM y USAID. Es un plan de reparación que sorprende por la concreción de sus medidas y acciones, y por la concurrencia institucional que propone para su realización.

Sin saberlo, el presidente Santos puso en marcha la implementación del plan, pues con el acto público de petición de perdón satisfizo una de las medidas de reparación allí contempladas. Y lo hizo con creces, porque la medida en cuestión ni siquiera preveía que el presidente de la República lo hiciera. Mientras tanto, es urgente saldar deudas morales acumuladas. Es inaceptable que con tres años de vigencia del Decreto 1290 de 2008 que hizo posible la reparación por vía administrativa, sólo hayan recibido la indemnización los familiares de tres de las 60 víctimas de la masacre de 2000. Esta medida es prioritaria para las víctimas, no sólo por sus implicaciones en cuanto al resarcimiento de los daños causados, sino porque brinda condiciones materiales para intentar recomponer los proyectos de vida que fueron súbita y brutalmente alterados hace más de 11 años.

 

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