El descenso

No soy hincha de River, ni nunca lo podré ser. Creo que uno sólo puede ser hincha de un equipo, y el mío, está acá en Colombia. Sin embargo, verlo descender, con los jugadores llorando, con los hinchas tristes, impotentes, y con unos vándalos haciendo destrozos, tiene que conmover al mundo del fútbol. Tiene que conmover al hincha.

No hay peor silencio que el que se siente en un estadio local cuando hay un gol visitante. No hay peor rabia, que ver al goleador del equipo desperdiciar un penalti decisivo. No hay peor dolor que tener que aguantar las burlas de los equipos rivales. No hay peor momento que abandonar un estadio con la cabeza gacha y las lágrimas y la impotencia por todo el cuerpo.

A River Plate, el famoso equipo Millonario, el más ganador en la historia del fútbol argentino, la máquina, el mismo que tuvo a los mejores del mundo vestidos con su franja, todos los dolores anteriores se le dieron no en un día, sino en una tarde. Una tarde que resumió años de mediocridad.

El hincha, ese ser del común que vive del fútbol, perdió el fin de semana pasado una esperanza. No se puede ser hincha del fútbol y no sentir dolor por la derrota del River. No se puede defender una religión y no sentir un punzón, cuando otro vive el infierno.

Todos los años descienden equipos, todos los años ascienden otros, pero cuando el que se va es un grande, un histórico, el dolor es otro. No es lo mismo ver caer en la guerra un anónimo, que presenciar el adiós de un ídolo. En el fútbol, también hay categorías. Incluso el rival, pierde parte de la batalla.

Llora Argentina, lloran las gallinas, pero sobre todo, llora el fútbol mundial. Lo paradójico, es que los dirigentes siguen de pie, dominando desde su infamia. Ellos no descienden, descienden los hinchas y los equipos. Al fin y al cabo, el que siente el dolor, no es ni siquiera el jugador que lo vivió, sino el hincha que en los próximos domingos, en los próximos años, no querrá saber de fútbol, de nóminas, no querrá abrir periódicos ni escuchar radio, y para quien esa cicatriz nunca se borrara.

El hincha de River vive ahora en el despecho, un despecho que duele y que no se le desea a nadie. Toda crisis es una oportunidad, pero yo no quisiera tener la piel de millones de hinchas de River, que hoy ven a su equipo, el otrora glorioso, sumido en la soledad. Hay momentos que no se quieren ver, y hay instantes que no deben existir. Ver al equipo que se ama descender, es uno de ellos…

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