"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 9 horas

"El diablo está en los detalles"

El éxito del Instituto de Evaluación de Tecnologías de Salud dependerá de su diseño.

Desde enero Colombia estrena una reforma de salud. En medio de los más de 140 artículos de la Ley 1438 hay uno (Art. 92) que anuncia la creación del Instituto de Evaluación de Tecnologías de Salud. Se espera que éste aplique la evidencia científica disponible sobre el impacto de las tecnologías médicas para respaldar las decisiones a todo nivel: el regulador que decide el contenido del Plan Obligatorio de Salud (POS), los médicos que deciden el tratamiento y los jueces que deben revisar las tutelas para acceder a servicios no cubiertos por el POS.

El Instituto deberá tomar decisiones sobre tecnologías a incorporar al POS basadas en criterios de efectividad clínica probada y relaciones costo-efectividad positivas, una gran diferencia con la forma como hoy se toman esas decisiones.

¿Un sueño? No. Existe un número creciente de países que recurren a la evaluación de tecnologías sanitarias para tomar decisiones. Y hay certeza de que las decisiones informadas pueden mejorar la equidad, la calidad y la eficacia en la asignación de los recursos.

Lo más importante está por delante. Se tiene un Instituto en el espíritu de la ley, pero de la manera como se diseñe dependerá si servirá para lo que fue constituido o si será una débil creación burocrática, presa fácil de presiones que poco aportan al bienestar de los colombianos.

Un estudio elaborado de manera conjunta por NICE International, el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria de Buenos Aires, la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes y un equipo técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) revisó la experiencia de otros institutos de evaluación de tecnología sanitaria en el mundo. De ahí emergen las siguientes seis lecciones.

Primera: el éxito de estos institutos está en cómo se definen, reglamentan y consolidan los aspectos procesales y técnicos. Como suele decirse, el diablo está en los detalles.

Segunda: es fundamental que la información provista por los evaluadores sea tomada en cuenta por quienes asignan los recursos. Eso implicaría, por ejemplo, que quienes tomen las decisiones tengan que argumentar de manera pública las razones por las cuales no asumen una recomendación formulada por el Instituto.

Tercera: los médicos y profesionales de la salud en general deben ser involucrados de manera activa en el proceso de evaluación de tecnologías. Eso significa que tendrán un papel central a la hora de evaluar y recomendar tecnologías.

Cuarta: formular recomendaciones requiere revisar la evidencia existente, sobrecosto y efectividad, aplicando estándares científicos rigurosos adoptados internacionalmente, junto con la consideración de los valores sociales de los colombianos.

Quinta: los procesos de evaluación de tecnologías y de toma de decisiones tienen que ser abiertos, limitando al máximo las restricciones de confidencialidad y los funcionarios involucrados deben manifestar si existen conflictos de interés.

Sexta: ningún instituto de evaluación de tecnologías de salud evalúa todas las existentes en el mercado y provee información a todos los clientes potenciales. La experiencia internacional muestra que el alcance varía, pero que en todos los casos éstos han crecido gradualmente a medida que se consolidan los procesos y se adecúa la capacidad técnica. Querer hacerlo todo desde el comienzo puede llevar al fracaso. Comenzar con algo bien delimitado y factible con el recurso humano disponible va a permitir probar y ajustar.

Hay asuntos que cada país soluciona a su manera y Colombia tendrá que decidir el suyo con mucha sabiduría en los próximos meses. Mencionemos uno: ¿Qué nivel de independencia tendrá el Instituto recién creado sobre qué tecnologías privilegiar? ¿Debe asegurarse su autonomía o debe ser parte de alguna entidad existente? Colombia tiene que evaluar los riesgos asociados con cada opción, no sólo mirando como lo están haciendo otros, sino teniendo en cuenta el contexto y los riesgos particulares del país.

Hay mucho en juego. Si Colombia aprovecha esta oportunidad, no sólo se puede convertir en un ejemplo en la región, sino que el Instituto será un aliado de la salud de los colombianos.

 *Presidente del Instituto Nacional para Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE).