El drama de un dólar barato

El bajo precio de la tasa de cambio ha hecho que los productores pidan controles urgentes al Gobierno; sin embargo, las medidas aplicadas en el pasado han traído consigo daños colaterales. Expertos recomiendan actuar con cautela.

La tendencia revaluacionista del peso sigue causando fuertes golpes a la economía y sectores como el floricultor tratan desesperadamente de salir a flote mientras advierten que tanto la actividad como miles de empleos están en riesgo. Incluso, algunos cultivos han tenido que cerrar sus puertas por la combinación invierno-dólar.

“Las medidas se agotaron. O hacen algo radical para controlar la revaluación o esta es la gran hecatombe para los empresarios”, aseguró Augusto Solano, presidente de Asocolflores, quien considera necesario echar a andar un control de capitales y frenar el ingreso de dólares de Ecopetrol. “Nos estamos sintiendo contra la pared”, agregó, y dijo que en este momento su gremio está a la espera del impacto que tendrá la inestabilidad cambiaria en los pagos desde el extranjero.

Una preocupación compartida por los textileros del país. Carlos Eduardo Botero, director ejecutivo de Inexmoda, dijo que la revaluación ha hecho que las compañías reduzcan su personal. También manifestó su preocupación y la expectativa existente en el sector por la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.

Por su parte, Javier Díaz Molina, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), cree que el gran problema del dólar barato es que los empresarios, ante los altos costos de fabricación, prefieren importar los productos terminados, situación que ha tenido un especial impacto en sectores exportadores como café, banano, flores, frutas, calzado, confecciones y muebles.

“Los manufactureros pueden incorporar insumos importados y eso resulta más barato. Pueden bajar los costos por esa vía. Pero los agricultores no tienen esa posibilidad”, añadió.

La conclusión es sencilla: es necesario que el Gobierno adopte medidas urgentes para atenuar el impacto de la revaluación en los sectores productivos. Sin embargo, la historia también ha demostrado que los controles sobre la política cambiaria han tenido múltiples efectos negativos en la economía nacional.

Desde la segunda mitad del siglo pasado, el precio del dólar se fijó por decreto. Una política que se reforzó en 1967 con el Decreto 444, que no sólo consiguió un tipo de cambio escalonado, sino que mantuvo constante el poder adquisitivo. Pero la estrategia generó una devaluación “gota a gota” del peso y empujó las tasas de inflación por encima del 20%, una situación que se hizo insostenible en 1989, cuando el precio internacional del café (el principal producto de exportación colombiano) bajó 42,9%. El sector, y el país de paso, entraron en crisis.

Para evitar que el Banco de la República gastara sus fondos en la compra de grandes cantidades de dólares para controlar la tasa de cambio, en 1993, amparado en la Constitución, el Emisor fijó la llamada “banda cambiaria”, que estableció un precio piso y un techo para el dólar. Cuando el precio rompía estos controles, el Banco intervenía (ver gráfico).

“Eventos significativos, como la moratoria de deuda rusa, causaron una estampida de capitales que impactó en la banda. El Banco tuvo que alterarla y esto hizo que perdiera credibilidad porque ya no era fija, no era seria”, comenta Salomón Kalmanovitz, decano de Economía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y, para la época, miembro de la junta directiva del Emisor.

Para entonces, siguiendo las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional, el país adoptó en 1999 el sistema de libre flotación, que consiste en dejar el rumbo de la tasa de cambio según las leyes del mercado. Su efecto inmediato fue la estabilización del precio, una cualidad que se perdió desde 2008, cuando la Casa Blanca inició su política de expansión que inundó el mundo de dólares; esta sobreoferta de divisas aceleró la devaluación del peso.

Ante esta situación, los expertos recomiendan actuar con cautela. “Sería bueno implementar un impuesto al endeudamiento externo del sector privado, ojalá por un año. Para entonces, ya veríamos los efectos que tendría el final de la política expansiva estadounidense, que concluye en julio próximo, sobre la economía mundial”, comenta Kalmanovitz, quien predice que bajo las actuales circunstancias, la tasa de cambio cerraría 2011 alrededor de los $1.700.