"El Estado no puede solo": Claudia García

Durante más de dos años una alianza pública y privada ha trabajado en la reconstrucción de El Salado (Bolívar), pueblo que hace 11 años fue escenario de una de las peores masacres perpetradas por los paramilitares.

¿Cómo nació la idea de la reconstrucción de El Salado?

El proyecto comenzó hace dos años y medio, y la idea era tomar un símbolo de lo que ha sido la violencia en Colombia y convertirlo en laboratorio para ver cómo el Estado, junto con el sector privado y las organizaciones sociales, podrían transformar una comunidad en un símbolo de lo que debería ser el país de la reconciliación.

¿Cuáles fueron los objetivos sobre los que trabajaron?

Desde el principio la idea no era convocar a las empresas para llevar ladrillos o enchapes y reparar una iglesia y tres casas. Este es un proyecto de desarrollo protagonizado por la comunidad, que definió que se trabajarían los ejes de infraestructura, generación de ingresos, educación, seguridad y desarrollo comunitario, durante los cinco años que dura esta alianza. Lo que se busca es mejorar la calidad de vida de los pobladores de El Salado y que en el futuro la comunidad siga gestionando su propio desarrollo.

¿De qué manera aportan a la reconstrucción los 60 miembros de esta alianza?

Cada uno trabaja desde el área a la que pertenece. Las entidades públicas, como Acción Social, la Fuerza Pública, el Sena y el Bienestar Familiar, aportan desde sus competencias y trabajamos con el principio de que las empresas privadas no sólo deben aportar recursos, sino impactar desde el servicio que prestan. Por ejemplo, Telefónica puso una antena de telecomunicaciones, Pavco diseñó el alcantarillado, Argos donó unas tierras, Alpina está construyendo una granja, Coltabaco apoya la siembra de tabaco...

¿Cree que vendrán otras alianzas de este tipo para ayudar al desarrollo de las poblaciones históricamente olvidadas por el Estado?

Sin duda. El Estado no puede solo. La dimensión del problema es demasiado grande y tanto el sector privado como la gente del común  deben responsabilizarse de estas reconstrucciones.

¿Después del comienzo de esta reconstrucción algunos de los antiguos pobladores han regresado al pueblo?

El año pasado retornaron 25 familias y en éste creemos que obviamente aumentarán. La calidad de vida está mejorando, el pueblo va a tener alcantarillado, una granja donde se estudiará bachillerato técnico agropecuario, un jardín infantil y ya se siente la reactivación económica. Este se volverá un pueblo de desarrollo y oportunidades para sus pobladores.

Y usted, ¿cómo lee a la comunidad de El Salado?

Esta es una comunidad maravillosa, con un coraje y una fuerza admirables. Cuando ocurrió la masacre era un pueblo de siete mil personas que quedó deshabitado y con el tiempo, sin el apoyo del Estado ni de nadie, varias familias decidieron volver a sus terrenos, limpiaron el pueblo que el monte  había consumido y contra todo comenzaron a luchar para recuperarlo. Lo que están recibiendo hoy sus mil habitantes es otro empujón al trabajo que ellos comenzaron.

¿Qué tan conscientes son los colombianos de las masacres que vivió el país en su historia cercana?

No hay una conciencia real de lo que pasó en este país. Escuchamos las cifras y 400 o 40 masacres suenan a lugar común. Pero cuando uno se acerca a una comunidad, como la de El Salado, y a las historias de cómo mataron a la profesora del pueblo o a la promotora de salud, de las violaciones y las torturas que vivieron en esos tres días, uno se da cuenta de que el país no comprende lo que eso significó, como tampoco es consciente de la dimensión de la solución. La brecha entre los que tienen oportunidades y no es muy grande. Si el país no revisa su pasado y como ciudadanos no tomamos la decisión de disminuir esa brecha de desigualdad, no habrá ninguna política que valga para salir adelante.

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