El eterno juego de ser otro

La saga Harry Potter ha sido una de las pocas del cine, entre las más taquilleras de la historia, que le han apostado a permanecer con los mismos protagonistas desde el principio hasta el final.

Fue un sujeto con suerte. Lo vieron en una sala de teatro con su padre cuando ya presentaba dificultades de coordinación y a veces no podía amarrarse los zapatos. En el intermedio, el productor David Heyman corrió a buscarlo porque quería que se presentara para el casting y el agente literario, llamado Alan Radcliffe, en un ataque de paternidad supuestamente responsable, se rehusó a la propuesta pues pensaba que Daniel debía tener una infancia sin ningún contratiempo mediático.

Emma Watson se enamoró de los libros porque su papá se los leía, a ella y a su hermano, antes de irse a dormir. Por eso eran frecuentes los sueños con ese mundo donde la varita iba más allá de agitarla mientras se pronunciaba cualquier hechizo que viniera a la mente. Fantaseaba con la idea de ser maga. A los 5 años había determinado, en una especie de declaratoria de amor, que anhelaba ser actriz. Comenzó con un entrenamiento teatral en una escuela de Oxford. Su profesora la recomendó para el papel de Hermione Granger, cuando, dice ella, todavía estaba perdiendo sus dientes de leche.

Rupert Grint, por su parte, sólo había participado en una obra del colegio haciendo uno de esos papeles menores que ponen orgullosos exclusivamente a los papás. Como si sintiera una corazonada no vaciló cuando le dijeron que estaban buscando niños para la primera película sobre el libro de J.K. Rowling, del cual era fanático. Mandó un video de hip-hop en el que cantaba por qué debía ser elegido como el pelirrojo Ron Weasley.

A los tres, que con el tiempo se volvieron grandes amigos, les dieron la noticia después de ocho filtros, pruebas y ensayos de que serían los protagonistas, hasta ese momento, de Harry Potter y la piedra filosofal y Harry Potter y la cámara secreta. Y ahí se inició el juego que ellos comparaban con un parque de diversiones temático del que creían salir ilesos.

La verdad es que Daniel Radcliffe, quien, como lo había anunciado su padre, estuvo permanentemente observado durante la adolescencia, fue el niño que a los 11 años se transformó en el que algunos tildan de ser el mago más famoso del mundo. Mucho más célebre que sus compañeros de set y, por tanto, más polémico para los tabloides.

A medida que crecieron, aparte de los líos jurídicos a los que se enfrentó Rowling por la originalidad de la obra o las repercusiones de las imágenes para varios grupos religiosos, la saga estuvo envuelta en situaciones —para los productores, complejas— que ponían en riesgo la estadía de los actores que representaban los personajes principales.

Dijeron que Daniel Radcliffe había perdido su virginidad con una de las maquilladoras de las películas. Gozaron, incluso él, cuando se regó el rumor de que era homosexual, de que salía con uno de sus amigos travestis, de que era cuestionado por la interpretación del psicótico Alan Strang. Contaron, luego hubo una confesión medianamente reciente, de su profundo problema con el alcohol, del que dependía para realizar cualquier cosa.

De Emma Watson escribieron en tantas oportunidades que deliraba por desnudarse en la pantalla, que le había robado el novio a Kristen Stewart, de Crepúsculo, pero lo que más consternaba a la audiencia y a los estudios de Warner Bros es que estuvo a punto de no renovar el contrato para seguir siendo Hermione porque experimentaba una perdición de identidad y necesitaba regresar a la universidad para encontrarse, o lo que eso signifique. “Durante algunos años no sentía que estaba actuando”, reveló.

Si bien Harry Potter es este compendio de películas que marcó a una generación (así como lo fue Star Wars en su época y El señor de los anillos poco tiempo atrás), lo que llama la atención de las movidas de la industria en este caso particular es la apuesta que hicieron para esperar a que los actores fueran creciendo a la misma velocidad que sus caracterizaciones.

Se sabe que uno de los incisos de la escritora J.K. Rowling era tener un reparto mayoritariamente inglés y que todas las decisiones que se tomaran fueran aprobadas por ella. Sin embargo, la expectativa se torna diferente cuando la pantalla es la misma que registra los cambios de Daniel Radcliffe, Rupert Grint y Emma Watson cuando pasan de tener 11 a 21 años.

En términos financieros y con Hollywood presionando con la premisa de que el tiempo es dinero, el riesgo de apostarle todo a un trío de jóvenes, quienes pudieron abogar por un aumento exagerado del salario (en televisión el más claro ejemplo es el elenco de Friends) o aguardar dos años por el estreno de una versión sin saber cómo el público iba a responder, es una jugada atrevida.

En cine las secuelas tienden a significar pérdidas para los estudios y los productores, mientras la mayoría de seguidores blasfema por la calidad de las segundas partes. Harry Potter se ha mantenido en el primer lugar de taquilla durante los últimos diez años. Es probable que alguna vez fluctuara frente a los demás filmes con los que competía en algún año específico, pero las ocho películas simbolizaron más de US$1.000 millones de ganancias para los involucrados.

Así lo cuenta David Barron, uno de los productores: “Tuvimos una suerte extraordinaria, ya que prácticamente todo el elenco quiso participar en el final. Algunos personajes aparecen sólo por unos segundos, pero eso fue importante para ellos y para nosotros significó mucho que estuvieran ahí. Inclusive algunos personajes que hallaron la muerte en cintas anteriores se manifiestan de maneras sorprendentes, por ejemplo Gary Oldman como Sirius Black, y Michael Gambon como Dumbledore”.

Curiosidades

Emma Watson, quien interpreta a Hermione Granger, no podía alterar su pelo durante toda la saga. Apenas terminó el rodaje se lo cortó casi a ras.

Rupert Grint padece de aracnofobia al igual que su personaje, Ron Weasley.

Daniel Radcliffe no tiene que pagar para ingresar ni hacer fila en el parque temático de Harry Potter en Florida.

David Holmes, el doble de las escenas de acción de Daniel Radcliffe, tuvo un accidente en 2009 cuando se soltó de un arnés en una escena de vuelo y quedó paralítico.

Jairam Ramesh, el ministro indio de medio ambiente, le echó la culpa a los seguidores de la saga por la disminución de las lechuzas silvestres en India.

Una de las declaraciones más importantes de la historia de Harry Potter fue cuando la autora J.K. Rowling dijo que Albus Dumbledore era homosexual y estaba enamorado.

En las grabaciones, el elfo doméstico Dobby era una pelota naranja sobre un palo.

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