El genio detrás del espiral

Cuarenta años dedicados al diseño gráfico consagran a João Baptista da Costa Aguiar como uno de los mejores diagramadores editoriales del Brasil.

Después de muchas visitas al psicoanalista, João Baptista da Costa Aguiar dio con el momento de su vida en que había decidido ser diseñador: el pequeño João de cuatro años se acomodó al lado de un obrero que arreglaba la calle en su natal São Paulo, agarró lápiz y papel y comenzó a dibujar espirales, ¡es fantástico! Pensó, y le enseñó los garabatos al hombre, quien ignoró la magia detrás de los trazos. Días después el obrero y el niño, sentados sobre la acera, vieron cómo unas largas piernas pasaban por el frente, ¡son hermosas!, dijo el mayor, y João se quedó mirándolas sin que para él significaran algo. “En ese momento comprendí la diferencia entre mirar y percibir”, dice ahora, mientras recorre la exposición que reúne una amplia muestra de sus diseños editoriales. Portadas, afiches y otros proyectos que adornarán las paredes de la sala Julio Mario Santo Domingo en la Universidad de los Andes hasta el 5 de mayo.

Fernando Pessoa, Gay Talese, Graciliano Ramos, J.M. Coetzee, Anthony Bourdain, Tomás Eloy Martínez y Paul Auster son algunos nombres impresos en sus portadas, y al detallar las imágenes detrás de los autores se hace evidente la versatilidad del artista. Muchos Pessoa desenfocados, el rostro joven de Stalin atravesado por tramas de colores, texturas de pieles de animal, una fotografía clásica de los juicios de Núremberg intervenida y el primer plano de un par de zapatos, que así como ilustran la historia de Matador, un sicario brasileño que se vuelve millonario, también poseen la suya propia. Aquella, donde el diseñador compra los zapatos, los pinta de azul y le pide a un mensajero que los use por un tiempo, que juegue al fútbol con ellos, que vaya al mercado y que los calce en el trabajo, para finalmente hacerlo posar ante el lente de una cámara; esta era la forma de impregnar la portada de vida.

Con 63 años, 40 de ellos dedicados al arte de diagramar publicaciones, el brasileño ha logrado adaptar sus ideas al arribo de cada década. Nunca asistió a un salón universitario, pero fue artista-residente de la Universidad Estatal de Campiñas. En el 76 comenzó a elegir quién y cómo sería la portada de Vogue, fue el director de arte para Brasil, viajó a trabajar en las oficinas de Italia, pero terminó hastiándose de ese mundo que define como superficial, vanidoso y frívolo. Firmó el divorcio con la moda y prometió entregarse a la diagramación de publicaciones ligadas a la cultura.

Junto a Moema Cavalcanti, Victor Burton y Ettore Bottini, otros grandes del diseño gráfico brasileño, asumió los quiebres que trajeron los 80, cuando el diseño de portadas de libros, que generalmente eran obras de arte impresas, comenzaron a incluir ilustraciones y nuevas tipografías. Llegó la hora de pensar en proyectos gráficos.

Los 90 significaron los primeros pasos a la creación en digital, los Macintosh inundaron las habitaciones de los adolescentes adinerados y el diseño se volvió de élites. “Antes éramos trabajadores del común, como obreros, con las manos siempre impregnadas de tinta”, dice  da Costa, y  recuerda cómo se opuso, en un principio, a que parte del trabajo manual fuera reemplazado por un software, pero con la tranquilidad que lo caracteriza concluye: “se vino encima una ola sobre la que yo también debía surfear”.

Considerado uno de los mayores exponentes del diseño gráfico brasileño, João Baptista da Costa Aguiar no se considera hijo de ninguna tendencia artística, “mi estilo es la falta de estilo”, dice, y al hablar de su obra no deja fragmento suelto para describir cómo las ideas cobraron formas en el papel.

Ha sido invitado a participar en el ‘Da Imagem do Som’, certamen  que le entrega anualmente a una serie de artistas del Brasil una canción local para que la materialicen en una obra. O futebol  del carioca Chico Buarque, composición que le fue asignada y que resalta el esfuerzo del jugador que se entrega en el campo de juego, está justo en frente de él. El resultado es una fusión entre la obra Milagro de la hos, que generalmente eran obras de arte impresas, comenzaron a incluir ilustraciones y nuevas tipografías. Llegó la hora de pensar en proyectos gráficos.

Los 90 significaron los primeros pasos a la creación en digital, los Macintosh inundaron las habitaciones de los adolescentes adinerados y el diseño se volvió de élites. “Antes éramos trabajadores del común, como obreros, con las manos siempre impregnadas de tinta”, dice  da Costa, y  recuerda cómo se opuso, en un principio, a que parte del trabajo manual fuera reemplazado por un software, pero con la tranquilidad que lo caracteriza concluye: “se vino encima una ola sobre la que yo también debía surfear”.

Considerado uno de los mayores exponentes del diseño gráfico brasileño, João Baptista da Costa Aguiar no se considera hijo de ninguna tendencia artística, “mi estilo es la falta de estilo”, dice, y al hablar de su obra no deja fragmento suelto para describir cómo las ideas cobraron formas en el papel.

Ha sido invitado a participar en el ‘Da Imagem do Som’, certamen  que le entrega anualmente a una serie de artistas del Brasil una canción local para que la materialicen en una obra. O futebol  del carioca Chico Buarque, composición que le fue asignada y que resalta el esfuerzo del jugador que se entrega en el campo de juego, está justo en frente de él. El resultado es una fusión entre la obra Milagro de la hostia profanada del pintor y pionero en trazar la perspectiva Paolo Uccello, y la secuencia de dos fotografías en las que el gran futbolista Garrincha, vestido con el uniforme del Botafogo, patea la pelota en un ángulo en el que parece imposible que termine dentro del arco. El gol se produce de manera inexplicable, “es el hombre desafiando a la geometría, el hombre común del que habla Chico Baurque”, exclama emocionado.

La obra de João Baptista da Costa Aguiar llegó a Bogotá desde Uruguay, y ahora que el artista decidió donarla a la Universidad de los Andes, es posible que comience a ser expuesta en distintas salas del país. ¿Porqué entregarle su obra a Colombia? “¿Por qué no?, esa es la magia del digital. Mientras miles de personas de este país, para las que soy desconocido, podrán verla, lo mismo podrá estar ocurriendo en otra parte del mundo, toda mi obra la tengo aquí adentro”, responde tranquilo mientras saca su memoria USB del bolsillo y la sostiene en la mano.

Si pudiera definir en una frase su paso por el mundo, el paulista repetirá nuevamente ese recuerdo en el que antes de recibir, junto a otros artistas, un reconocimiento de la Secretaria de Cultura de São Paulo, se dirigió al público y exclamó: “estamos reunidos aquí para homenajear a estas personas que han dedicado su vida a la belleza”.