El genocida de Srebrenica

El militar, acusado de genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad, era el hombre más buscado en Europa desde hace 16 años.

La policía serbia arrestó a Ratko Mladic, de 69 años, exgeneral serbobosnio buscado por la justicia internacional por el genocidio de Srebrenica, perpetrado en 1995. Fue hallado alrededor de las cinco de la madrugada por tres unidades especiales en la localidad de Lazarevo, en Voivodina, una provincia al norte de Serbia. Se hacía llamar Milorad Komadic.  Acusado también de crímenes de guerra y contra la humanidad por el sitio de Sarajevo (1992-1996), Mladic era el muro contra el que Serbia había chocado hasta ahora en su intento de negociar la adhesión a la Unión Europea.

“Hemos cerrado un capítulo difícil de nuestra historia reciente. Creo que las puertas de nuestra integración europea se han abierto”, dijo el presidente serbio, Boris Tadic, al anunciar la detención. El mandatario informó además que ya se inició el proceso de extradición al Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), con sede en La Haya (Holanda). “Por fin hay una oportunidad de hacer justicia”, ha añadido Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN. Desde La Haya han agradecido la colaboración de las autoridades serbias mientras “esperan la llegada del acusado”.

El hecho de que el relato de la detención de Mladic se centre en el futuro de Serbia es significativo. Todos los enviados especiales comunitarios a los Balcanes han coincidido en el mismo extremo a lo largo del tiempo: la reconciliación será difícil, pero con Mladic en rebeldía, imposible. También llama la atención el hecho de que el militar, que llevaba una década burlando a sus captores, haya sido encontrado el día en que se conocía parte del informe elaborado por la fiscalía del TPIY sobre los esfuerzos para detenerlo.

El fiscal del TPIY, el belga Serge Brammertz, celebró la captura de Mladic y afirmó que “reconoce el trabajo hecho por las autoridades serbias”. “El arresto de Ratko Mladic es una señal clara de que se ha afianzado el compromiso con la justicia criminal internacional”. El acceso serbio a la UE es un asunto político, pero las opiniones de Brammertz son relevantes. Sobre todo para países como Holanda, opuesta hasta la fecha a cualquier avance comunitario sin un arresto previo del prófugo.

Un asesino de uniforme

En la hoja de servicios de Ratko Mladic, el militar más brillante de su generación, destacan dos acciones calificadas como los peores delitos posibles: el genocidio y los crímenes contra la humanidad. El caso de Srebrenica se ha hecho tristemente célebre en la historia reciente de Europa. Las tropas a su mando asesinaron a cerca de 8.000 varones musulmanes (entre 12 y 77 años) en 1995 en una localidad protegida por cascos azules holandeses. La tragedia marcó a Holanda, acusada de no haber sabido defender a los civiles. De ahí la negativa sistemática de sus gobiernos de atender la llamada de Belgrado a la UE mientras Mladic no apareciera.

Antes de la matanza, Mladic había hecho una carrera fulgurante. Nacido en Bosnia en 1942, el futuro militar ultranacionalista creció en la antigua Yugoslavia liderada por el mariscal Tito. Oficial de academia, Mladic se graduó con el número uno de su promoción. Fue el oficial más joven de su época, con el rango de segundo teniente. Casado con Bosa Mladic, tenía dos hijos, Darko y Ana. Ella se suicidó en 1994 incapaz de soportar que su padre fuera tachado de genocida. Mucho antes, su padre era un oficial respetado que, para 1992, con su país en plena guerra de los Balcanes, ya comandaba las tropas yugoslavas que luchaban contra las fuerzas croatas en Knin. La ciudad, situada al oeste de Croacia, era de mayoría serbia y fue la capital de la República Serbia de Krajina.

El segundo destino relevante de Mladic sería Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina, un puesto del que saldría convertido en general del Ejército serbobosnio. Con dicho rango dirigió el sitio de Srebrenica, en 1995, saldado con la peor matanza registrada en Europa desde la II Guerra Mundial.

Si el Mladic militar anterior a la guerra era un soldado hábil y rápido en su ascenso, de fuertes convicciones nacionalistas, el que emergió de la batalla resultó más arrogante que ambicioso. Licenciado del Ejército desde 1996, durante años vivió sin esconderse en Belgrado. Es más, recibió su pensión hasta el año 2005. Cuando el ex presidente Milosevic cayó en desgracia, Mladic se escondió en Montenegro. Sus antiguos camaradas le ocultaron a partir de entonces. Según la antigua fiscal jefe del Tribunal para la antigua Yugoslavia, Carla del Ponte, el Gobierno mismo de Serbia protegía su escondite en 2004.

Durante su huida se han producido momentos que rozan el ridículo. Desde la aparición de videos donde aparece bailando y bebiendo en la boda de sus hijos a instantáneas de supuestas vacaciones invernales. El año pasado su familia quería declararlo muerto para poder cobrar su pensión de viudedad, pero no lo lograron.

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