El huevo de la serpiente

El repudiable asesinato de cerca de 100 personas en Noruega, la mayoría de ellas con disparos efectuados a sangre fría por Anders Behring Breivik, un noruego de 32 años con ideas nacionalistas e islamófobas, conmocionó al país nórdico y al mundo.

Demuestra, además, que el huevo de la serpiente del fanatismo y la intolerancia están latentes aún en las sociedades más evolucionadas e igualitarias.

El hecho, al parecer, fue preparado y perpetrado con total premeditación pues Breivik, aprovechándose de su actividad agrícola, adquirió grandes cantidades de fertilizantes e insumos con los que fabricó una bomba de alto poder que hizo estallar en un vehículo al lado del edificio céntrico de Oslo, causando las primeras víctimas. Por ser una ciudad pequeña, la explosión la sacudió y llevó a la policía a concentrarse en lo ocurrido. En medio de la confusión y el caos el asesino fue hasta Utoya, una isla cercana a la capital donde tenía lugar una reunión de jóvenes laboristas. Allí, ataviado con un uniforme de la policía y portando un arma automática, convocó a la mayor cantidad de jóvenes para enterarlos de lo que había pasado en la capital y, a sangre fría, disparó acabando con la vida de cerca de 90 personas. Esto es lo que se conoce de momento y según las autoridades todo parece indicar que el responsable actuó solo.

El país, que aún no se despierta de esta pesadilla, no acaba de comprender qué fue lo que sucedió. El primer ministro, Jens Stoltenberg, dijo en sus primeras declaraciones que el mejor homenaje a las víctimas es el de responder con mayor democracia, en una actitud que ratifica la civilidad y el férreo compromiso con los valores esenciales de una sociedad moderna que vive lo que el mismo Stoltenger denominó como el peor hecho desde la Segunda Guerra Mundial. Noruega se ha distinguido por la solidaridad con perseguidos políticos del tercer mundo, que han recibido allí hospitalidad y una nueva vida. Con los dineros provenientes de los altos ingresos del petróleo han ayudado a los países en vía de desarrollo y mantienen un sistema político de democracia operante que no están dispuestos a dejar ir. Sin embargo, esta “pérdida de la inocencia”, como la denominó la BBC, es una campanada de alerta que demuestra que en todas partes se presentan hechos similares de terror.

El asesino pertenecía al Partido del Progreso, segundo en el país y ubicado a la derecha en el espectro político, que promueve acciones contra los inmigrantes con las cuales este nacionalista islamófobo se sentía identificado. Al igual que Jared Lee Laughner, el joven que disparó contra la congresista Gabrielle Gifford en Estados Unidos unos meses atrás y asesinó a cerca de 15 personas, Breivik era muy activo en internet y no ocultaba sus ideas derechistas. De hecho, en ambos casos los asesinos justificaron sus acciones con escritos y mensajes de video que colgaron en la red y en los cuales anunciaban acciones para legitimar su intolerante forma de pensar. “¿Cuándo el multiculturalismo dejará de ser una ideología diseñada para destruir la cultura europea, las tradiciones y la identidad de las naciones-estado?”, habría escrito el año anterior Breivik. El no pertenecer a agrupaciones extremistas hizo que ambos estuvieran por fuera del radar de la policía y les permitiera actuar de forma impune.

Las respuestas a los muchos interrogantes están aún por conocerse. ¿Cómo pudo pasar algo similar en el llamado “país del bien”? Tal vez, como lo acotaba un periodista, los indicios se encuentre en dos conocidos escritores suecos recientes, del género de la novela negra, Henning Mankel y Stieg Larsson, que han descrito a personajes o situaciones de mera ficción pero que parecían presagiar lo que se ocultaba bajo ese manto de tranquilidad y bienestar. De esta manera, y aún en sociedades evolucionadas, el huevo de la serpiente termina incubándose de forma perniciosa.