El imperio tiembla, Murdoch no

Este magnate mediático, que tiene al periodismo inglés en la hoguera, acumula una fortuna estimada en US$7,6 billones. Dicen que su fama de intrigante es merecida.

En las últimas dos semanas, los periódicos que pertenecen al emporio mediático de Rupert Murdoch han despertado ácidos debates en el Parlamento inglés. Fuera de él, en la calle, las víctimas de tantas acciones turbias por parte de periodistas, policías corruptos y detectives privados se sienten ofendidas. La polémica, que como un efecto dominó toca y tumba, tiene en la picota al primer ministro, David Cameron. Pero a Murdoch el tema parece darle risa. O al menos eso mostró el domingo cuando llegó a Londres a enfrentar el huracán con una sonrisa de oreja a oreja.

En 2002, un editor del diario The Guardian expresó que el imperio que Murdoch creó haría sonrojar al ‘Ciudadano Kane’. News Corporation es dueña de la empresa cinematográfica 20th Century Fox y maneja periódicos en Australia —donde Murdoch nació—, Estados Unidos (incluido The Wall Street Journal) y el Reino Unido, donde la ética del periodismo ha sido abrasada por cuenta de acciones como ‘chuzar’ el celular de una niña secuestrada y posteriormente asesinada; o de obtener los expedientes médicos del hijo menor del exprimer ministro Gordon Brown. El escándalo crece y crece, pero la sonrisa en el rostro de Murdoch sigue inmutable.

En la lista de los más poderosos del mundo, según actualizó Forbes este año, es el número 13, por encima del presidente francés Nicolás Sarkozy, y sólo a ocho renglones del papa Benedicto XVI. Personas dedicadas a los medios, no obstante, lo critican con fiereza. Lo culpan de haber enmohecido el periodismo. En 1994, por ejemplo, el popular guionista británico Dennis Potter dijo que su tumor se llamaba ‘Rupert’: “No hay persona más responsable de la polución de la prensa. Si tuviera el tiempo, yo mismo le dispararía”, señaló mordazmente poco antes de morir por cáncer de páncreas.

Pero las balas suelen provenir de boca del mismo Murdoch, quien en 2009 tildó al presidente Barack Obama de “racista” —afirmación que luego echó para atrás— y quien atacó al gobernador de Nueva York, también afroamericano, David Paterson, por el tipo de ceguera del que sufre.

En 2008 una nueva biografía de Murdoch, escrita por el estadounidense Michael Wolff, dio más luces sobre el magnate. En El dueño de las noticias, Wolff se refiere a Murdoch como un viejo marchito, que masculla y que es tan vanidoso que insiste en teñirse él mismo su cabello. Wolff explica que, a pesar de su cordialidad, Murdoch merece con creces la reputación de repugnante e intrigante. Está obsesionado con la inmortalidad y quiere vivir más que su madre, quien ya pasó los 100 años. El lío para su organización, no obstante, podría llegar después de su muerte. Como parte del acuerdo de divorcio con su segunda esposa, Murdoch tuvo que crear un fideicomiso que garantiza que sus cuatro primeros hijos tendrán voto para decidir el futuro del conglomerado. Luego su tercera esposa, una ciudadana china 38 años menor que él, consiguió el mismo derecho para los dos hijos que tiene con el australiano, cuya fortuna se calcula en US$7,6 billones, según Forbes. Un consenso entre los seis, advierte Wolff, no se vislumbra fácilmente.

Hace un par de años, el político laborista Peter Mandelson denunció que el Partido Conservador había llegado a un acuerdo con el tabloide The Sun (la versión diaria de News of the World, el periódico dominical que fue cerrado el domingo pasado), para afectar la imparcialidad en el cubrimiento de las elecciones. Mandelson dijo también que el imperio de Murdoch había hecho una especie de acuerdo comercial informal con los conservadores. “Esas son estupideces”, respondieron los tories. Aunque nada está comprobado, el debate actual puso en evidencia la falta de ética en las interacciones entre políticos y medios, la mayoría de Murdoch.

La influencia de este ‘Ciudadano Kane’ del siglo XXI también se desplaza hasta su alma máter, la prestigiosa Universidad de Oxford, de la que Murdoch es un “generoso benefactor” de la Facultad de Inglés. Para gente como el respetado dramaturgo inglés Alan Bennet, quien en 1999 rechazó un diploma honorario de Oxford, el nombre de Murdoch no debería estar asociado con el de Oxford. La universidad sostuvo que los fondos donados por Murdoch no afectan de ninguna forma su libertad de cátedra.

El fútbol, asimismo, es otro de los nervios que Murdoch ha tocado. A través de Sky adquirió los derechos de transmisión del fútbol inglés, cambiando sus dinámicas para siempre. Con Murdoch nació la Liga Premier en 1992, lo que se tradujo en potenciar sólo una de las cuatro divisiones que siempre fueron importantes para los ingleses y sepultar la FA Cup, en la cual venían enfrentándose todas los equipos desde 1871. Las consecuencias de este ‘club’ no han sido difíciles de palpar: los equipos avanzan sólo si tienen los medios económicos para hacerlo (o se endeudan hasta ahogarse, como sucedió con Watford o el Portsmouth). Los precios de las boletas para entrar a los estadios se fueron al cielo y para ir a la Champions League, el monopolio de los cuatro grandes (Manchester United, Arsenal, Liverpool y Chelsea) parece imposible de romper.

No obstante, Murdoch también es visto como un innovador, un hombre con un implacable olfato para los negocios. Su imponencia y su poderío son alabados. En la página web de un centro de pensamiento del Reino Unido llamado Adam Smith, de ideología liberal —como ellos mismos lo admiten—, se publicó hace unos meses un artículo en el que Murdoch resultó, nada más y nada menos, como el hombre que ha hecho grandes esfuerzos por alentar la pluralidad de medios con sus inversiones en este país. Hay otros que lo acusan de querer monopolizar los medios con la compra total de la plataforma de televisión por satélite BSkyB, de la que ya posee el 39%.

En los últimos 30 años News International ha generado más de 30 mil empleos y The Times, otro de sus periódicos en este país, da pérdidas. “Su éxito viene de darle a la gente lo que quiere”, se lee en el artículo del think-tank. Pero es esa filosofía la que tiene a Murdoch y a su protegida editora, Rebekah Brooks, con ‘invitación’ a la Cámara de los Comunes a rendir cuentas por el escándalo de las ‘chuzadas’. Su negocio con BSkyB está en la cuerda floja y sus acciones han bajado en las bolsas. Pero su sonrisa sigue intocable.

Rebekah Brooks, la jefa

Actual consejera de News International, la rama británica de diarios de News Corporation, y directora del tabloide ‘News of The World’ entre 2000 y 2003, es una de la más criticadas por la opinión pública. A pesar de que en su momento Brooks reconoció ante el Parlamento británico que algunos de sus periodistas habían pagado a policías por sus informaciones y a que durante su mandato se iniciaron las interceptaciones de teléfonos, Brooks no sólo no ha perdido su puesto, sino que cuenta con el amplio respaldo de Rupert Murdoch.

Les Hinton, la mano derecha

El actual director del Dow Jones (brazo económico del grupo) y uno de los asesores más cercanos a Rupert Murdoch fue el último en ser salpicado por el escándalo. De acuerdo con varias fuentes cercanas a la investigación citadas por el diario británico ‘Financial Times’, las pesquisas adelantadas por la Policía buscan determinar si Hinton llegó a conocer en 2007 un informe interno de News International en el que se revelaba que las interceptaciones ilegales eran más generalizadas de lo que el propio conglomerado había aceptado públicamente.

Glenn Mulcaire

Es considerado el autor material de las interceptaciones ilegales. Fue contratado en 2002 por el ‘News of The World’ y junto al periodista Clive Goodman en 2007 fue condenado a seis meses de cárcel por el caso. Fue la persona que borró los mensajes más antiguos de buzón de mensaje de la joven de 13 años Milly Dowler, quien fue hallada muerta seis meses después de haber desaparecido. En los últimos días, la Policía descubrió en su casa notas y archivos de los famosos interceptados.

Andy Coulson

El jefe de redacción del ‘News of The World’ entre 2003-2007, fecha en la que proliferaron las escuchas ilegales, ha sido uno de los más afectados por el escándalo. En enero de este año, cuando el caso adquirió un nuevo aire, Coulson se vio forzado a dimitir como jefe de prensa del primer ministro británico, David Cameron, puesto al que llegó tras renunciar a su cargo en el periódico justo después de que se conociera que el periodista Clive Goodman y el detective privado Glenn Mulcaire habían interceptado los teléfonos de la realeza. Recientemente fue puesto en libertad condicional luego de rendir indagatoria en una comisaría de Londres.

 

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