El liderazgo regional

El presidente Juan Manuel Santos continúa anotándose éxitos en política exterior luego de unir todas las piezas del mecano de la crisis en Honduras y, con el decidido apoyo de Venezuela, allanar el camino para el pronto reingreso del país centroamericano a la OEA. No en vano la revista Semana avizoró hace poco un liderazgo de Santos, que se sigue fortaleciéndo en el contexto regional.

El tema de Honduras pasó a ser una “papa caliente”, pues tras el golpe que sacó del poder a Manuel Zelaya, hace cerca de dos años, la situación se volvió confusa. La OEA aplicó entonces la Carta Democrática y excluyó al gobierno golpista iniciando así un tortuoso camino para lograr el retorno de Zelaya al poder, pero, contra todas las previsiones, los golpistas de Micheletti sobrellevaron el aislamiento internacional al que fueron sometidos. Al final se convocó a elecciones generales, de las que resultó electo Porfirio Lobo, y se esperaba el reingreso de Honduras a la OEA. Sin embargo, los países pertenecientes al bloque ALBA, junto a Brasil y Argentina, consideraron al nuevo mandatario como espurio y se opusieron a dicha solución.

En este entorno, la llegada de Juan Manuel Santos a la presidencia, y el giro que tomaron las relaciones internacionales del país, en especial con Venezuela y Ecuador, condujeron a que en una hábil maniobra el presidente Santos fungiera como armonizador de las posiciones encontradas y lograra reunir a los presidentes Lobo y Chávez un par de semanas atrás. En este punto hay que resaltar el excelente nivel de interlocución y confianza alcanzado entre Bogotá y Caracas, merced al diálogo franco y permanente que mantiene la canciller María Ángela Holguín con su homólogo Nicolás Maduro. No de otra forma se explica cómo de una posición contraria al regreso de Honduras a la OEA. hoy Venezuela haya sumado esfuerzos con Colombia para resolver esta situación.

Fue así como el domingo pasado, con un fuerte apretón de manos en Cartagena, los presidentes Lobo y Zelaya cerraron este capítulo; y la semana entrante habrá una Asamblea General Extraordinaria de la OEA, en Washington,  en la cual la canciller dará el parte de misión cumplida ante al máximo foro regional. Sin embargo, lo más importante de este hecho es que se constituye en un nuevo paso en la consolidación de nuestra política exterior, que atraviesa por un momento privilegiado. Del aislamiento durante el gobierno anterior, el país experimenta ahora una presencia activa en el plano internacional. La llegada al Consejo de Seguridad de la ONU y el liderazgo asumido con el tema de Haití, la Secretaría General de Unasur, el nuevo relacionamiento con Washington, basado en el respeto por los consensos y disensos que se presenten en el camino, la VI Cumbre de las Américas en abril de 2012, amén del intenso y exitoso trabajo para recomponer las maltrechas relaciones regionales, y el acercamiento a otras áreas geográficas de especial interés para el país dan una dimensión de hasta dónde la administración Santos está posicionando a Colombia en el lugar que le corresponde en el concierto internacional.

Precisamente en estos días la canciller Holguín, con el lenguaje franco y directo que la caracteriza, ha definido los alcances de la nueva política exterior defendiendo los intereses del país. Con respecto al dilatado TLC con Estados Unidos dijo que Colombia ya había hecho todo lo que le correspondía y que su aprobación quedaba en el campo contrario, tras los reiterados obstáculos que surgen en Washington. De igual manera sorteó con buen tino la publicación el serio informe hecho en Gran Bretaña sobre el contenido del computador de ‘Raúl Reyes’, hace un par de semanas, al considerar que ese era un capítulo pasado. En conclusión, no hay duda de que habemus política exterior y que se están solidificando las bases de un promisorio devenir externo para el país en un mundo donde los conceptos de interdependencia y respeto entre los Estados deben ser la constante.

 

 

últimas noticias

El testamento de un testigo ignorado

Tú me financias, yo te contrato

Patear la mesa