El malestar de un general

La salida del general Matamoros muestra que la división en el Ejército subsiste, pero el gobierno quiere unidad con mando naval.

De labios para afuera se insiste en que la unidad de las Fuerzas Militares está intacta, pero es claro que desde finales de 2008, cuando estalló la crisis de los falsos positivos, la división es manifiesta. Y desde entonces el nombre del general Gustavo Matamoros fue motivo de controversia. En ese momento hubo cambios en la cúpula y se habló de su salida, pero también trascendió que el entonces ministro Juan Manuel Santos se opuso. El pasado miércoles fue llamado a calificar servicios cuando ocupaba la jefatura del Estado Mayor Conjunto.

¿Qué pudo suceder para este cambio súbito? La crisis de los falsos positivos de 2008 provocó la salida del entonces comandante del Ejército Mario Montoya, de quien se dice logró que lo reemplazara uno de sus principales aliados: el general Óscar González. Pero del otro lado quedó el general Carlos Arturo Suárez, quien en calidad de Inspector de las Fuerzas Militares, había sido el promotor de las investigaciones y de la barrida de varios generales. Y uno de los que más lo apoyó fue precisamente el general Gustavo Matamoros.

Así lo negaran, la división fue evidente. Recientes cables de wikileaks probaron cómo entre los generales Óscar González y Carlos Arturo Suárez, las relaciones fueron críticas. Incluso, el segundo aseguró que el primero había obstaculizado las investigaciones de los falsos positivos. Y para agravar el mal ambiente, en agosto de 2009 asumió como ministro de Defensa Gabriel Silva y aunque siempre se dijo que no era cierto, sus relaciones con el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla, tampoco fueron buenas.

Una vez electo, no la tenía fácil el presidente Juan Manuel Santos para conformar su cúpula. No sólo conocía la división interna desde 2008, sino en particular la resistencia de un sector con el general Carlos Arturo Suárez. Aún así, lo mantuvo algunos meses. Pero también empezó a salir a flote otro asunto inadvertido mas no menor. El malestar de parte de la oficialidad de las armas de caballería, artillería e infantería por la prevalencia de generales del arma de ingeniería, la misma de los ya generales (r) Fredy Padilla y Óscar González.

De manera salomónica y también porque esa fue su divisa cuando hizo parte de las Fuerzas Armadas, el presidente Santos  escogió como comandante de las Fuerzas Militares al almirante Édgar Cely. La designación cayó como un balde de agua fría al generalato del Ejército, pero en compensación fue designado como Jefe del Estado Mayor Conjunto el general Gustavo Matamoros, respetado por la tropa, hijo de un exministro de Defensa del mismo nombre, cercano a varios sectores políticos y amigo de no quedarse callado.

Era cuestión de tiempo que asomara la crisis. Un anónimo sobre presunta desmoralización en el Ejército por grados y negociaciones, empezó a circular en los pasillos. Después vinieron los escándalos del asesinato de unos menores en Arauca y los desmanes en la reclusión militar de Tolemaida. El agua sucia sobre el Ejército siguió calentando el ambiente. Fuentes comentaron a El Espectador que fueron públicos los comentarios del general Matamoros reclamando la necesidad de recuperar la dignidad y el prestigio del Ejército.

El asunto se fue volviendo un espontáneo movimiento por la presencia de un general del Ejército en el mando. Incomodó también el palo político que recibió el comandante del Ejército, general  Alejandro Navas, a raíz de los debates por la cárcel de Tolemaida. Los comentarios del presidente del Senado, Armando Benedetti, contra la gestión del ministro de Defensa Rodrigo Rivera, también sumaron. Se atribuyen a Matamoros críticas contra el almirante Cely, el ministro Rivera y el general Navas por temas de importancia estratégica.

“Pero se le fue la mano”, observó una fuente. “Siempre echan a los del Ejército cuando lo que debió hacer el almirante Cely fue llamarlo al orden y conservar a un excelente oficial”, agregó otro oficial consultado. “No somos deliberantes pero podemos tener opiniones”, agregó un tercero. Lo cierto es que por la vía de una decisión “autónoma y discrecional”, el comandante de las Fuerzas Armadas, el presidente de la República, llamó a calificar servicios al general Matamoros. Ahora se anuncia debate de control político en el Congreso.

Pero la crisis parcialmente está saldada. El miércoles, se le sugirió al general Matamoros que renunciara y un día después se anunció que el nuevo Jefe del Estado Mayor Conjunto es el mayor general Luis Felipe Paredes, ingeniero con 35 años de servicio y, hasta esta semana, director de la Escuela Superior de Guerra. Seguramente el general Matamoros seguirá opinando. Por eso sostiene óptimas relaciones militares y políticas. Se dice que últimamente era bien cercano al ministro del Interior Germán Vargas. Y también al expresidente Uribe.