El mayo español

BAJO EL LEMA DE "¡DEMOCRACIA real ya!" cerca de 130 mil españoles, la mayoría de ellos jóvenes sin empleo que padecen las consecuencias del duro ajuste económico, se han tomado las plazas de las principales ciudades del país ante la ineficacia de los partidos políticos y la corrupción reinante, ambientados por los comicios regionales que ayer condujeron a la previsible derrota de los socialistas del PSOE, el partido de gobierno, frente a los conservadores del PP.

Las referencias a las protestas del otro lado del Mediterráneo y el recuerdo del mayo francés del 68 son inevitables.

Las medidas de choque aplicadas por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero han golpeado de manera directa a la población, en especial a los jóvenes, que no encuentran opciones de empleo. La respuesta de los partidos, con miras a las elecciones presidenciales de 2012, ha sido frustrante: mientras los socialistas se empeñan en negar la adopción de medidas que impactan a sus bases, los conservadores de Mariano Rajoy han mantenido un calculado silencio dejando que sus opositores caven su propia tumba política. Como telón de fondo, acusaciones de corrupción van y vienen frente a un electorado que ya se siente hastiado de tanta hipocresía, mentiras y medias verdades. De ese descontento surgió el movimiento 15-M , 15 de mayo, cuyos participantes, en un manifiesto, expresaron estar “preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie". De inmediato, y con el apoyo de las redes sociales, la protesta se expandió a todo el país.

De los 35 millones de personas convocadas ayer a los comicios, cerca de un millón son jóvenes que votarán por primera vez, muchos de los cuales se encuentran entre los cinco millones de desempleados que hay en el momento. Sus críticos los han acusado de ser antisistema, de promover el abstencionismo y de no proponer soluciones concretas sino quedarse con la mera protesta callejera. Estos, por su parte, han dado muestras de una gran capacidad de organización y movilización que va más allá de las toldas partidistas, además, como lo expresara un analista : "La manifestación en Sol no está cuestionando la existencia de la democracia sino la gestión de la misma”, a lo cual se puede agregar la observación hecha por otro analista: “las inquietudes pueden ser inconexas, pero hay un sentimiento común de hastío y de avanzar en la democracia”.

Lo cierto es que la juventud española está mandando un claro y fuerte mensaje, al cual se han sumado otros actores sociales, que señala una serie de falencias entre el Estado y la sociedad, por lo cual, más allá de la continuidad del movimiento en la plaza -que permanecerá en principio hasta el próximo domingo, según acordaron democráticamente sus participantes- los dos partidos principales deben darse por aludidos. A los “indignados”, como también se les llama, se les ha dicho con razón que la mejor forma de enfrentar y cambiar el estado actual de cosas es participar activamente en las elecciones, pues la actitud abstencionista no soluciona los problemas per se. Precisamente, conscientes de dicho señalamiento, insisten en que no son apolíticos sino “apartidistas”, y ya comenzaron a esbozar un programa político con reivindicaciones que deben ser atendidas por el gobierno, sin importar su sesgo ideológico.

Con un Norte de África y Medio Oriente en ebullición, con las protestas que ya dieron al traste con los gobiernos dictatoriales en Túnez y Egipto y que tienen en entredicho a los de Libia, Yemen y Siria, Europa ha vivido manifestaciones aisladas, especialmente en Grecia, en las que, con distintas variables, la constante son los jóvenes, quienes reivindican la sanidad en las costumbres políticas, las mejoras sociales, la lucha contra la corrupción. España vive así un momento histórico y las presidenciales del año entrante serán su mejor prueba.

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