El meollo de la Copa América

Después del periplo jujeño que incluyó una cena con medallón de llama, un animal tan simpático en el zoológico como en la cacerola, y con el cielo despejado de cenizas volcánicas, pudimos embarcarnos rumbo a Santa Fe.

El litoral argentino nos recibió con el mismo frío que habíamos dejado en Jujuy. Y la troupe de periodistas colombianos que invadió esta provincia no dejaba de quejarse. Envueltos en camperas, bufandas, gorras, guantes y todo el ropaje de lana habido y por haber, desafió el clima bajo cero y se acercó al campo de Unión, el equipo que le prestó la cancha a esta Copa América.

Pero no fue la temperatura glacial la única bronca que se desparramó entre los enviados especiales. Los precios exorbitantes están al tope del ránking de los reclamos. Si bien un dólar equivale a cuatro pesos argentinos, aquí todo cuesta hasta cuatro o cinco veces más.

“Un banquete con una buena sopa y requesón te salen a $7.000 allá y acá con ese dinero no te podés comprar ni tres… ¿cómo le dicen ustedes? ¿Empanadas? ¡Qué vaina!”, se quejaba un colega, herido en su orgullo y su bolsillo, enojado, además, porque los taxistas se aprovechaban de la ingenuidad del extranjero.

Con la viveza a flor de piel, aquí hasta le han llegado a cobrar 80 pesos (US$20) a un grupo de periodistas paraguayos que estacionó el auto… ¡en la calle! Los famosos “trapitos”, como se les llaman a los cuidacoches que agitan su franela al borde de la acera, seguramente tendrán un buen julio.

Por si no les alcanzó el aguinaldo, tienen unos cuantos billetes asegurados a lo largo de esta Copa.

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