El microtripulante del Endeavour

Los tardígrados —animales microscópicos que habitan en el agua— empezaron a ser reconocidos como los seres vivos más resistentes del planeta en 2007.

El lunes 17 de septiembre de ese año despegó la nave rusa Foton-M3 a una misión espacial, y en ella viajaba un grupo de tardígrados que pasarían a la historia como los primeros animales en sobrevivir a la exposición al espacio: temperaturas bajo cero, furiosos vientos solares y ausencia de oxígeno. Sobrevivieron y, además, mantuvieron su capacidad reproductiva.

Esta semana los también llamados osos de agua (que miden entre 0,1 a 1,2 mm, y tienen ocho patas), volvieron a ser noticia. Un grupo de ellos viaja a bordo del último vuelo del Endeavour, que despegó el lunes pasado del Centro Espacial Kennedy para una misión de 16 días, con seis astronautas a bordo. Esta vez los tardígrados hacen parte de un estudio sobre la supervivencia extrema, llamado “Proyecto Biokis”, que está a cargo de la Agencia Espacial Italiana. El equipo utilizará la biología molecular para evaluar los cambios en la información genética de estos microorganismos. También buscan explicar cómo sus células se adaptan físicamente para soportar la deshidratación extrema que causa el vacío espacial y los daños provocados por la radiación cósmica.

“Esta capacidad para resistir la desecación implica una serie compleja de factores que actúan a nivel molecular, fisiológico y estructural”, le dijo a la BBC el profesor Roberto Guidetti de la Universidad Reggio Emilia de Modena, Italia. Y su explicación fue más a fondo: cuando los tardígrados se encuentran en los ambientes terrestres requieren por lo menos una película de agua que rodee su cuerpo para sobrevivir. Cuando estas condiciones cambian, los tardígrados son capaces de entrar en una forma extrema de descanso llamada criptobiosis, y en este estado son capaces de soportar la congelación —un proceso llamado criobiosis— y la desecación —anhidrobiosis—.