El motor de la venganza

El valor de esta película danesa, dirigida por Susanne Bier, va más allá de las estatuillas. Es una historia donde las personas muestran sus heridas más profundas.

Todas las emociones humanas en 110 minutos. La rabia, la compasión, el amor, el odio, la venganza, el perdón, la violencia... recorren la expresión en zoom de todos los protagonistas, niños y adultos. Nadie es inmune. Cada quien lleva el fardo de su destino interior y su influencia implacable en los demás porque, al final, todos los actos traen sus consecuencias.

La historia cuenta la vida de dos familias danesas que se cruzan en sus caminos, una con un niño de 12 años, Elías, que es víctima del maltrato de sus compañeros de colegio y, Christian, de la misma edad, que lleva reprimida la pena de la reciente muerte de su madre. Los dos entablan una gran amistad, pero un trágico evento perturbará sus vidas. La violencia y la sed de justicia se apoderará de sus actos. El mediador será  el padre de Elías, Anton, un médico con una visión del mundo idealizada que  debate su vida entre su trabajo en un campo de refugiados en África y su vida familiar a punto de quebrarse.

En sociedades como la danesa, donde la vida puede parecer perfecta, armoniosa, tranquila o, en su peor defecto, un calvario de algodón, los efectos de la tragedia que pueden quebrar ese retrato idílico no son comunes, o por lo menos son poco visibles. Las imágenes de Un mundo mejor ponen en cuestión esta situación, escarban la aparente calma y sacuden por su fuerza dramática.

Después de los exitosos momentos del cine Dogma danés en los 90 no se había oído hablar mucho sobre la cinematografía de este país, que ahora llega con bombos y platillos de la mano de su recorrida y reputada directora, Susanne Bier, quien cuenta en su carrera con una docena de películas. Ya había estado nominada al Oscar por la película Después  de la boda (2006) y dirigió en Hollywood  Things We Lost in The Fire (2007), protagonizada por Halle Berry y Benicio Del Toro.

Este es un drama  que afortunadamente no cae en el melodrama lastimero gracias al equilibrio moral, al manejo de la cámara, a las convincentes actuaciones, pero, sobre todo, a la honestidad de la historia. Ese es el gran trabajo de Bier: traer a la superficie los pequeños secretos de vida y afrontarlos en la pantalla con la verdad.

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