"El Mundo" de las noticias basura

EL ESCÁNDALO DESATADO EN GRAN Bretaña por el cierre del periódico de habla inglesa de mayor circulación mundial, el sensacionalista News of The World, luego de conocerse las chuzadas telefónicas, o hacking saga, ha desatado una tormenta sobre los límites éticos y legales de esta deleznable práctica de algunos medios con tal de obtener la "chiva" de historias privadas para convertirlas en noticias amarillistas destinadas a sus lectores.

El escándalo no sólo afecta al conglomerado de medios de comunicación más grande del mundo News Corp., del magnate Rupert Murdoch, sino que desnuda una práctica que ha sido consentida por demasiado tiempo. Con tal de tener acceso a la vida íntima de ciertas personas, o a truculentas historias donde prima el dolor ajeno, millones de lectores de la llamada clase trabajadora devoran los tabloides sensacionalistas que pululan en las estaciones del metro. De otro lado, se inicia un necesario debate sobre la convivencia por conveniencia que dichos periódicos amarillistas han tenido con el poder político, pues como lo menciona uno de ellos, The Sun —también propiedad de Murdoch— se enorgullecen al decir que no ha habido un solo primer ministro británico que haya resultado electo sin su apoyo directo. Esta es la complejidad que existe para encontrar una real solución al problema: la explotación del morbo popular para aumentar la circulación y las ventas, y al mismo tiempo la necesidad que tienen los políticos en general, y los gobernantes en particular, de congraciarse con dichos medios, haciéndose los de la vista gorda con tal de contar con el favor de sus editores.

El periodista John Carlin afirmó en un reciente artículo que el problema real viene de tiempo atrás cuando se pagó para conseguir la primicia sensacionalista. Era el inicio de la década de los 70 y en la competencia entre los distintos periódicos, los de Murdoch, con News of The World a la cabeza, impusieron la modalidad del todo vale, y de ahí a las chuzadas no había sino un paso que se dio pronto. Según Carlin, el llamado periodismo de chequera enfrentó a los “lobos de la información que operan en un entorno en el que la única ley que rige es la de la selva”.

En su sabiduría, Gabo dijo que dentro de ésta, que él mismo denomina como la profesión más hermosa del mundo, la “ética debe ser al periodismo, como el zumbido al moscardón”. Bajo dicha premisa todo indica que, al menos en los estándares en Gran Bretaña ese zumbido, que debió ser insoportable para los periodistas inescrupulosos y los políticos y gobernantes condescendientes, fue amortiguado por los millones de libras esterlinas en juego. De hecho, Murdoch y su filial inglesa News International buscan afanosamente hacerse con el paquete mayoritario de la cadena BSkyB, el principal proveedor de televisión por cable del Reino Unido, en la que ya posee casi el 40%. Dado que en este negocio hay miles de millones de libras esterlinas sobre la mesa, el magnate se vio forzado a ordenar el cierre inmediato del cuestionado tabloide, que ayer publicó su ultima edición, para tratar de paliar la crisis mientras el gobierno toma la decisión final sobre BSkyB. De igual manera, en este contexto no deja de ser paradójico que uno de los dos detenidos por el escándalo, Andy Coulson, hubiera pasado de ser editor de News of The World a ser el asesor de prensa del actual primer ministro, David Cameron. Coulson renunció a este último cargo a comienzos del presente año cuando empezó a destaparse el escándalo, pero su caso demuestra hasta dónde este “maridaje” entre política y periodismo basura está íntimamente ligado.

Por ahora el debate sobre lo ético y lo legal recién comienza, pero no son muchas las esperanzas de que se haya aprendido la lección. Los lectores quieren escándalos, los políticos apoyo, y siempre habrá inescrupulosos dispuestos a satisfacer a unos y otros con tan altas sumas de dinero de por medio.

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