El Papa y la caída del bloque socialista

La carga simbólica que representaba su figura contribuyó a articular el comienzo del fin de la era soviética.

El papel histórico de Juan Pablo II fue definitivo en la última parte del Siglo XX. Cuando lo eligieron Papa se convirtió en el primer eslavo en llegar al trono de Roma y esto resultó ser sumamente importante, porque Polonia era el país católico por excelencia en el mundo eslavo.

En el momento en que Juan Pablo II se hizo Papa, en Polonia había una movilización grande, el inicio de lo que después sería un partido político que empezó como el movimiento de los astilleros de Gdansk, y existía una resistencia católica que se había venido gestando. Estos factores se conjugaron. Por eso, la visita del Papa a su país natal activó los resonadores de esa resistencia y su llegada se interpretó como un espaldarazo a lo que estaba pasando.

La historia de Polonia es muy dura. Antes de que comenzara la II Guerra Mundial, Hitler y Stalin hicieron un pacto mediante el cual se repartieron la nación y, como si fuera poco, fue el lugar en donde se construyeron los campos de concentración, lo cual no sólo mancilló al pueblo polaco, sino que hizo que tuviera lo peor de la guerra.

Cuando ésta por fin terminó, los rusos instaron a los polacos a una insurrección y los aniquilaron. Varsovia fue destruida y su reconstrucción tardó cerca de 34 años. Lo cierto es que Polonia quedó en el lado soviético y como éste era un régimen ateo, combatió profundamente el catolicismo polaco.

Este pueblo es católico no sólo porque se trataba de su fe más profunda, sino debido a que la religión fue lo que lo sostuvo durante esa historia tan dura. Hubo días cuando Polonia no era un estado nacional, cuando la repartieron y despedazaron, en los que la imagen de la Virgen de Czestochowa y las sinfonías de Chopin eran lo único que tenía  este país. No había nada más, sólo una sinfonía y una imagen.

La casa donde nació Juan Pablo II era muy modesta, quedaba tan sólo a una hora del campo de concentración de Auschwitz. Una distancia muy corta para estar tan cerca de ese horror. Al Papa le tocó el nazismo y después el stalinismo, que fue muy duro para los polacos. Casi toda su familia murió antes de los 21 años. Al quedar huérfano tan joven, la Virgen de Czestochowa se convirtió en la imagen de su madre y por eso a lo largo de su vida fue tan devoto a ella.

Al llegar Juan Pablo II a Polonia convertido en Papa, toda esa historia floreció entre los habitantes, su sola presencia apoyó y activó todo lo que iba a ser la revolución. En 1981 efectivamente empezó el gran movimiento de solidaridad, que se inició en los astilleros de Gdansk. Cinco años después, al comenzar la Perestroika, Gorbachov renunció a la carrera armamentista dejando claro que no iba a reprimir las rebeliones que se gestaran en los países del bloque socialista y por eso uno por uno empezaron a transformarse en lo que se conocería como la Revolución de Terciopelo, que fue la manera como Hungría, República Checa y Polonia en tan solo un año tumbaron el comunismo y se convirtieron en regímenes democráticos. El proceso finalizó con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética.

Este dominó tan grande que terminó con la reunificación de Alemania y el fin de esa era de la historia, empezó en Polonia. Y si no se comprende con qué fuerza los polacos se manifestaron en ese momento y qué tan importante fue la figura del Papa Juan Pablo II, no es posible imaginar dónde ni cómo empezó un movimiento que transformaría el Siglo XX y terminaría el período de la Guerra Fría.

El papel de Juan Pablo II fue absolutamente definitivo en este proceso por la carga simbólica que representaba su figura. No queda duda de que la Virgen de Czestochowa y el Papa articularon el comienzo del fin de la Era Soviética y los pilares de la Polonia actual y de la Polonia de siempre, porque ellos ante todo son un país católico.

 

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